lunes, febrero 24, 2020

OPINIóN | 14-02-2020 12:22

Internas en el Gobierno: ¿y dónde está el piloto?

El peronismo enfrenta un desafío similar al clásico fílmico de los 80. Los cruces Berni/Frederic y el rumbo de la economía.

¿Y dónde está el piloto? (*)

“Volé cazas monomotores en la Fuerza Aérea, pero este avión tiene cuatro motores, es un tipo de vuelo completamente diferente” asevera el ex piloto de combate Ted Striker, en el inolvidable clásico de principios de los años 80, ¿Y dónde está el piloto?. En cierta forma, el peronismo enfrenta una experiencia similar en esta nueva etapa. Argentina no tiene un sistema de poder compartido sino, por el contrario, un esquema político donde las decisiones las concentra quien tiene la lapicera, se sienta en el sillón de Rivadavia y duerme en la Quinta de Olivos. Más aún, la fuerza política fundada por Perón, no tiene en su banco de datos, ninguna experiencia de gobierno de coalición al estilo de la concertación chilena sino, casi en las antípodas, una larga historia de organización de sus diferentes tribus, en base a una férrea disciplina impuesta a través de una combinación de látigo y billetera. Néstor Kirchner, in memoriam.

En tal sentido, la foto inicial del gabinete repartido a la izquierda y derecha de Alberto, no dejó dudas de que se trataba de una megafusión inédita en el peronismo que mezclaba, en primer término, una dosis del pasado que evocaba al primer kirchnerismo. En especial, a través de figuras emblemáticas como Ginés González García, Gustavo Béliz, Felipe Solá, Agustín Rossi y Carlos Zannini. Por otra parte, la nueva aglutinación política con indudable epicentro político, inicial al menos, en Cristina, exhibía también una cantidad de caras nuevas como el jefe de gabinete Santiago Cafiero, al igual que la presencia masiva de mujeres como Sabina Frederic, Vilma Ibarra y Marcela Losardo. No obstante, la jugada más audaz, fue la designación de un ministro ignoto como Martín Guzmán, en un área que concentra un 60% de las principales preocupaciones del país, según reciente encuesta de Zuban-Córdoba-Focus Market.    

Precisamente, dentro de esa zona tan caliente que determinará la suerte política de Alberto, surgieron rápido los primeros ruidos en los motores del avión. En particular, es más factible que se sepa con certeza el origen del coronavirus, que los detalles de la concertación que hubo entre Guzmán y Kicillof, respecto al pago del bono en dólares de la provincia de Buenos Aires BP21 y la evaluación de su impacto dentro de la estrategia nacional para la renegociación de la deuda, sea la contraída con organismos multilaterales como el FMI o los bonistas privados como Templeton o, el hoy villano de turno Fidelity. Por ahora, mejor cerrar las especulaciones con esa vieja imagen del café compartido por ambos junto al premio Nobel Stiglitz, en tiempos que el actual gobernador, ocupaba la silla eléctrica que hoy ostenta el ministro importado de la Universidad de Columbia.

Sin embargo, cualquier eventual desinteligencia entre las conducciones económicas de los dos principales estados argentinos, la Nación y la provincia de Buenos Aires, empalidece versus el sainete vivido en estos días entre el ministro de seguridad bonaerense Sergio Berni y la actual conducción nacional del área, encabezada por la ministra Frederic. Primero fue la polémica por las pistolas Taser, después el pedido de retiro de las fuerzas federales estacionadas en la provincia de Buenos Aires, luego el reclamo por los presos políticos y, a este paso, en pocos días sobrevendrá algún reproche por el color de los uniformes, el estilo de los patrulleros o el camuflado de las fuerzas policiales de la provincia en comparación a las nacionales. Obviamente, está claro que el stand-up político de Berni, esconde alguna interna, que está exponiendo al ridículo político a toda la coalición de gobierno en flamante rodaje.

En definitiva, a esta altura resulta inevitable plantearse la duda existencial de aquella inolvidable comedia. ¿Y dónde está el piloto?. O, más bien, será necesario adaptarse, desde este momento, a este nuevo peronismo vegano, de coalición para ser más precisos, donde predomine un curioso sistema de resolución de diferencias políticas como el escenificado esta semana por los distintos actores que involucró este conflicto. Desde el propio Alberto, pasando por Kicillof y los ministros temáticos del área, montando un show comunicacional donde no escasearon abrazos, así como miradas que mezclan rispidez y complicidad. ¿Y Cristina? Habiendo impuesto directamente la figura del polémico Berni, no hay duda que las cartas se irán destapando, hasta que emerja su verdadera incomodidad política en la materia.

¿Será una remake de la pelea por el control de la seguridad en la provincia, como aquella de los tiempos de Kirchner presidente, Scioli gobernador? ¿Se tratará de una interna seguridad democrática versus gatillo fácil? ¿Será una pulseada por el control de la seguridad que también involucrará a los mini-gobernadores? ¿Será esta disputa, la punta del iceberg de una interna política de fondo, donde la seguridad es apenas una coartada? ¿Se sostendrá Berni solamente como un tapón que evite el desembarco de otro tiburones políticos con interés en un área caliente con capacidad de encaramar alguna nueva figura política de primer nivel con vistas a 2023? El tiempo develará todos estos interrogantes. Más temprano que tarde. Las peleas de fondo en el peronismo, si hay algo que no tienen, son sutilezas.

(*) Daniel Montoya, Analista Político y Consultor Estratégico

@DanielMontoya_

por Daniel Montoya

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