lunes, febrero 24, 2020

OPINIóN | 08-02-2020 10:51

Fabiola vs Juliana: mientras tanto, las damas lucen y deslucen

La imagen obtura cuestiones más elementales que la elección del estilo que dignificaría a una mujer para merecer el puesto de "primera dama".

Hace unos días tuve la sensación que estábamos atravesando lo que Sigmund Freud conceptualiza Lo Siniestro, 1919. Esta es una vivencia contradictoria donde lo extraño se nos presenta como conocido y lo conocido se torna extraño.

La situación que me causó esta sensación estuvo asociada a la trascendencia que han tomado en estas últimas semanas los debates acerca de los estilos de Fabiola Yañez y Juliana Aguada.

Esta puesta en escena, nueva en apariencia, no era más que una reversión, una remodelación, de algo que sucedió hace tres años atrás. Seguramente, recordaran la situación. En ese momento, escribí un ensayo, que sólo compartí con mi círculo más íntimo. Era abril del 2017. El título de este texto fue " Y mientras tanto Juliana lucía un vestido rojo". Paso a transcribírselos:

“Se dice que históricamente al color rojo se lo asocia con la pasión y la sangre, que por mucho tiempo ha simbolizado al poder y la riqueza.

Aún hoy en día, vemos en determinados eventos engalanarse los caminos por los cuales desfilan “celebridades” con alfombras interminables de color rojo.

Es el color de la vida animal, porque se asocia al color de la sangre. El rojo también significa atracción fuerza, valentía y vigor.

No me dedico a la asesoría de imagen ni diseño de modas, pero infiero que muchas han sido las razones que han llevado a la elegante primera dama de la Argentina, Juliana Awada, a decidir a la hora de acompañar a su marido, el presidente de la Argentina Mauricio Macri al encuentro tan esperado con el mandatario de los Estados Unidos Donald Trump, lucir un llamativo vestido rojo.

Y efectivamente tan llamativo ha resultado el atuendo de la destacada “Lady in Red” como la polémica misma que desató su elección: Que si era el mismo que usó la Reina Letizia, que si la marca “Ginebra” lo plagió, que si la diseñadora, Micaela Tinelli alegando que es un modelo clásico de los años 20, dijo no haber copiado a nadie, en fin… podría seguir deshilachando controversias y justificaciones.

Pero lo realmente llamativo, desconcertante y desolador es que estas noticias de temas tan femeninos, banales o no, no importa eso, de mujeres, vivas, al mismo tiempo, compartían el escenario en medios de comunicación y redes sociales con otras de color mucho más oscuro.

Color oscuro que no se relaciona ni con la pasión, ni con el deseo, ni con la vida, sino con todo lo opuesto, con tánatos, siguiendo a S. Freud, con la pulsión de muerte.

Mientras se hablaba del vestido rojo de Juliana, otra vez buscaban a una mujer desaparecida, Arceli, una más de las tantas que son víctimas y protagonistas del “delito de moda” en la Argentina. Delito que no tiene que ver con el deseo, ni con la seducción, ni con la vida, pero si con el color rojo de la sangre y con la muerte. A una mujer que nunca más podrá lucir un vestido.

Entonces yo me pregunto: ¿no será momento de dejar caer la imagen que obtura, que tapa algo mucho más elemental que es la vida misma? ¿no será momento que en vez de malgastar tanta energía en disertar sobre el vestido de una dama comencemos a preocuparnos por preservar a esos cuerpos de esas mujeres que van por la vida sin atuendos distinguidos ni guardaespaldas?

Creo que es necesario que dejemos de fascinarnos por lo llamativo y cautivante del poder del color rojo y de darnos cuenta que si no hacemos algo al respecto, el color negro tapará todos los demás”

Lo que quisiera a través de esta reedición es transmitir que a casi tres años de lo que llamaré un episodio encubridor, siguen sucediendo otros hechos similares con la misma intención, con los mismos elementos, con los mismos roles, aunque los nombres se sustituyan. Otra vez la moda, la imagen, obtura cuestiones más elementales que la elección del estilo que dignificaría a una mujer para merecer el puesto de " primera dama", otra vez la rivalización, más descarnada aún, de dos mujeres que, a través de un entorno dividido, enardecido y enceguecido las confronta y compara implacablemente, asignándoles un lugar de objeto decorativo y acompañante.

Lamentablemente, igual que hace casi tres años, el color rojo, aunque ambas coincidan en elegir colores más neutros, sigue subyacente. Pero, sin embargo, quisiera poner en este relato extraño y conocido a la vez, un elemento nuevo, porque creo que se está comenzando a marcar una diferencia que es que, mientras estas damas, primeras, segundas, no importa, no dejan de ser cosificadas, devaluadas y enaltecidas y comparadas, muchas otras luchan y reclaman, también enardecidas, por ser reconocidas como Sujetos y se amalgaman y se revelan y se protegen para que un vestido rojo no vuelva a distraer la mirada de donde debe estar.

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Paula Martino

Paula Martino

Psicoanalista.

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