Saturday 13 de April, 2024

OPINIóN | 26-08-2023 08:53

La domesticación de Javier Milei

Los temores del establishment ante la irrupción del candidato antisistema y los intentos por moderarlo. La agenda 2024 en ciernes.

El círculo rojo, el poder establecido o, según los más críticos de la elite que se ha acostumbrado a gobernar el país, “la casta”, no sabe qué hacer con Javier Milei. Puede que, como dicen los asustados por su forma excéntrica de comportarse, sea un lunático, pero es innegable que cuenta con un nivel envidiable de apoyo electoral y que es por lo menos factible que en diciembre se vista de presidente de la República.

Si bien nadie ignora que las PASO fueron en buena medida una encuesta y que todo podría cambiar en los meses próximos, en muchos círculos se ha detectado un clima de resignación. Los hay que sienten que Milei ya ha ganado y que se ha desprestigiado tanto el disfuncional orden político tradicional que sería mejor dejarlo morir. Asimismo, mientras que algunos se consuelan con la esperanza de que un gobierno encabezado por el energúmeno neoliberal no duraría más que un par de semanas, después de las cuales podrán arreglárselas para restaurar lo que para ellos es la normalidad, otros creen que sería mejor sumarse al movimiento aún incipiente que está cobrando fuerza, ya con el propósito de procurar domesticarlo, ya con el de sacarle provecho.

Quienes piensan así suponen que la Argentina está entrando en una nueva fase para que, luego de largas décadas de hegemonía populista, vaya al otro extremo adoptando un Estado minimalista y aceptando sin chistar la férrea lógica capitalista. Se creen ante un proceso cíclico en que el fracaso catastrófico de una modalidad genere mecánicamente una reacción que servirá para sepultarla. No se trata de un mero juego intelectual; muchos entienden que los resultados concretos de la gestión de Cristina de Kirchner, Alberto Fernández y Sergio Massa han sido tan negativos que es difícil concebir opciones que sean más benignas que las planteadas por Milei o, de manera más coherente, por quienes rodean a Patricia Bullrich.

El más interesado en ubicar al hombre de los perros parlantes y el sexo tántrico en la tradición liberal nacional es Mauricio Macri. Luego de elogiarlo por hablar de temas que todos los biempensantes consideran tabú, intentó sumarlo a sus propias huestes, una iniciativa que indignó sobremanera a figuras del ala izquierda de Juntos por el Cambio como Horacio Rodríguez Larreta y Elisa Carrió, además de molestar a Patricia que, si bien ha sido ayudada por el deslizamiento hacia el liberalismo del centro de gravedad del mundillo político local, ha sido perjudicada por la aparición de un presidenciable cuya imagen de duro es una versión caricaturesca de la suya. Por razones comprensibles, Milei rehusó afiliarse a lo que a su juicio, y aquel de quienes lo votarían, era un reducto más de la casta, pero si el electorado le entrega las llaves de la Casa Rosada, encontrará en lo que quede de Juntos por el Cambio muchos colaboradores.

Es evidente que Macri y otros que atribuyen el triste final de su gestión al “gradualismo” y a las presiones de sus aliados “moderados”, toman a La Libertad Avanza por una socia muy importante en la gran batalla cultural que están librando contra el populismo peronista y radical que ha transformado a la Argentina en algo muy parecido a un “Estado fallido”, como son ciertos países africanos. Temen que si Milei gana en octubre o noviembre el gobierno resultante caería muy pronto o, lo que sería peor, desataría una situación caótica que brindaría a los responsables principales de la trágica situación actual una oportunidad para regresar nuevamente al poder, de suerte que sería de su interés prepararse para lo que podría venir ofreciéndole tácitamente las estructuras y votos parlamentarios que a buen seguro necesitaría.

De más está decir que, desde el punto de vista de los miembros de la coalición, tal estrategia es derrotista. Como es natural, están más interesados en retomar el poder que en contribuir al eventual triunfo de una ideología particular. Sus prioridades no son abstractas o filosóficas sino concretas. Si bien atribuyen sus ambiciones a su voluntad de ponerse al servicio de la comunidad, quieren hacerlo ocupando cargos razonablemente remunerados y ayudando a sus adherentes.

Quienes militan en Juntos por el Cambio están convencidos de que Patricia está en condiciones de superar a Milei en la interna liberal. Para lograrlo, precisaría tener a su lado a un economista capaz de cumplir el rol de Domingo Cavallo en el gobierno encabezado por Carlos Menem, ya que sus propios conocimientos en el ámbito así supuesto son, en opinión de algunos, casi tan rudimentarios como los de Cristina de Kirchner. No extrañaría que el elegido para dicho papel resultara ser Carlos Melconian; como Mingo en su momento, es el jefe de la Fundación Mediterránea que es una fábrica de planes que son a un tiempo imaginativos y realistas, y es lo bastante combativo como para enfrentar en debates públicos al libertario que, de acuerdo común, es un economista solvente.

Milei es un partidario entusiasta de la dolarización. Es su caballo de batalla principal, pero si bien la Argentina ya está dolarizada mentalmente, los expertos en tales asuntos advierten que no tiene billetes en cantidades suficientes como para que, por ahora, la propuesta sea una alternativa práctica. Con todo, es probable que las alusiones de Milei a lo bueno que sería adoptar la divisa norteamericana y permitir que la Fed cumpla el papel del Banco Central le haya aportado muchos votos al estimular la ilusión de que en tal caso la Argentina pronto tendría una economía tal opulenta como la de Estados Unidos. Sea como fuere, últimamente Milei y sus adláteres han suavizado su mensaje en tal sentido al dar a entender que el reemplazo del peso no ocurriría de la noche a la mañana sino después de un período acaso prolongado, “entre 9 y 24 meses”, cuando no de varios años. 

Huelga decir que, de instrumentarse, lo que Milei se propone incidiría mucho más en la vida del país que la convertibilidad. Si el colapso calamitoso del esquema instalado por Cavallo y Menem nos enseñó algo, eso no fue que es un error pegar la divisa nacional a otra más fuerte sino que a “la casta” le es virtualmente imposible convivir con la estabilidad monetaria. Por tal motivo la dolarización la obligaría a modificar drásticamente su conducta.

Milei dice estar dispuesto a instrumentar un ajuste que sea decididamente más severo que el exigido tímidamente por el Fondo Monetario Internacional. Así las cosas, puede entenderse la alarma - matizada con cierto alivio porque ya les es fácil culpar a una persona de carne y hueso por lo que ven acercándose -, que se ha apoderado de los llamados movimientos sociales y el sindicalismo peronista; están alistándose para una guerra callejera, con saqueos organizados como los enfrentados por los gobiernos de Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa, sin que se les haya ocurrido que, aun cuando triunfara Massa en las elecciones venideras, tendría que obrar de manera muy similar. Por mucho que Massa mismo, además de los kirchneristas que, a pesar de todo, han tenido que respaldarlo, quisieran poner en marcha un “plan platita” tras otro, no les será dado pasar por alto la realidad financiera por mucho tiempo más.

¿Está la Argentina experimentando una gran transformación cultural en que la mayoría, harta de la engañosa prédica populista, se alce en rebelión contra “la casta” al grito de “la libertad, carajo”? Algunos sospechan que, por ser tan agresivo y tan poco dispuesto a tolerar opiniones disidentes, el extravagante profeta libertario no titubearía de formar un régimen tan dictatorial como aquel del primer Juan Domingo Perón. Otros suponen que, si triunfa en las elecciones presidenciales, se vería constreñido a depender de la colaboración de personas más sobrias que coinciden con él en que, para salir del pantano que la está tragando, la Argentina tendrá que esforzarse por emular a los países prósperos y democráticos que, sin excepción, son indisimuladamente capitalistas.

Las ideas importan. Las que parecen novedosas, y en la Argentina muchos jóvenes y no tan jóvenes han reaccionado ante las expresadas con tanta contundencia por Milei como si les revelaran verdades que nunca se les habían ocurrido, pueden tener un impacto mayor que el de cualquier líder carismático que, como suele suceder, subordina todo a su propio narcisismo. Como decía en una oda célebre el poeta inglés decimonónico Arthur O’Shaughnessy: “Un hombre con un sueño puede ir y conquistar una corona, pero tres, con el acorde de una canción, pueden derribar un reino,” porque “en cada era existe un sueño que agoniza, o uno que está naciendo”.    

¿Exageran los que, como Macri, afirman creer que estamos en medio de algo que sea mucho más portentoso que la mera caída en desgracia de un régimen corrupto y fabulosamente ineficaz que está por verse reemplazado por otro que, es de esperar, resulte ser más competente aun cuando lo conformen integrantes de una casta despreciada? Es un interrogante que tiene sobre ascuas no sólo a los habitantes del país sino también a muchos en Estados Unidos, Europa y el Lejano Oriente que quieren saber si la Argentina está por sufrir una implosión económica que tendría repercusiones en el resto del planeta o si, por fin, sorprenderá a todos levantándose del piso en que yace para emprender un camino que la lleve a un lugar digno en el escenario internacional.

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James Neilson

James Neilson

Former editor of the Buenos Aires Herald (1979-1986).

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