Thursday 25 de April, 2024

OPINIóN | 19-08-2023 08:38

En el reino de Javier Milei

Lo que significa para la Argentina el ascenso del candidato de La Libertad Avanza. Qué tan liberal es. El espejo de Trump y Bolsonaro.

El domingo fue un día espléndido para la población canina del país; el ganador de la gran encuesta de las PASO no titubeó en dedicar el triunfo histórico a sus “hijos de cuatro patas”. Si Javier Milei llega a ser presidente, pues, podría emular a un shogun japonés, Tsunayoshi, que en 1687 ordenó a sus súbditos tratar a los congéneres de los hijos del enemigo mortal de “la casta” con el debido respeto, llamándolos siempre “señor perro” o “señora perro”, según el caso.

¿Será igualmente espléndido lo que ocurrió para quienes sólo tienen dos patas? Veremos. El que sea perfectamente factible que, antes de terminar el año, un personaje de actitudes tan atípicas como las del líder de La Libertad Avanza, un partido que es en buena medida unipersonal, esté a cargo de un país que corre peligro de sufrir una catástrofe socioeconómica de proporciones apocalípticas, es de por sí alarmante. Es una cosa afirmarse harto del desempeño de una elite inepta que a través de los años no ha hecho más que acumular fracasos; otra muy distinta sería reemplazarla por un conjunto de improvisados encabezado por un excéntrico furibundo que se ha acostumbrado a recibir mensajes desde el más allá.  

Días antes de las PASO, hubo mucha especulación en torno a la eventual incidencia en el voto del asesinato en Lanús de la pequeña Morena Domínguez por un par de motochorros que querían robarle un celular barato para venderlo y comprar droga; se suponía que ayudaría a Milei y Patricia Bullrich que insistían en que la Argentina necesitaba cambios más drásticos que los insinuados por otros políticos. Aunque es posible que, al llamar la atención a la amenaza planteada a la sociedad por la proliferación de lúmpenes brutales, los asesinatos que se dieron en el conurbano en vísperas de las elecciones primarias hayan afectado los resultados, sería claramente un error atribuirlos a nada más que la aparición imprevista de algunos “cisnes negros”, ya que desde hace mucho episodios igualmente truculentos son rutinarios.

Sea como fuere, el  domingo pasado, la clase política nacional sufrió una derrota humillante que dejó aturdidos a casi todos sus miembros. Fue un estallido social pacífico que la tomó por sorpresa y que podría verse seguido por choques todavía mayores. Si bien algunos habían presentido que en las PASO Milei podría cosechar más votos que cualquier otro candidato, nadie creía que por sí solo superaría a todos los conseguidos por Juntos por el Cambio, cuyos líderes esperaban anotarse una victoria cómoda pero que tuvieron que conformarse con un resultado que fue decididamente mediocre.  Para ganar las elecciones de octubre o noviembre y estar en condiciones de gobernar con la firmeza necesaria un país traumatizado, la coalición no sólo tendrá que engordar sino también fortalecer sus músculos que, en un año dominado por las internas, se han debilitado mucho.

Lo entendió Patricia que, de no haber sido por la irrupción espectacular de Milei, ya tendría despejado el camino que conduce hacia la Casa Rosada y la quinta de Olivos. Parecería que no comparte por completo el optimismo de Mauricio Macri, el que agregó “lo que sacó Milei” al conseguido por Patricia para concluir que “La Argentina está entrando en un cambio de era, dejando atrás ideas muy dañinas”. Por eso, habrá querido decir que en su opinión el país está saliendo de una larga noche de populismo facilista que ha sido dominada  por el peronismo y por el ala más doctrinaria del radicalismo.

¿Es tan liberal Milei como dice? Puede que lo sea, pero es poco probable que a la mayoría de quienes lo apoyaron en las urnas le importen mucho sus tajantes preferencias ideológicas. Lo que les encanta a tales votantes es su forma desinhibida de expresar la bronca, para no decir la rabia, que sienten cuando piensan en lo hecho por una clase política que, como Milei dice, está en vías de transformar la Argentina en la villa miseria más grande del planeta.  A su manera furibunda, da voz a la sensación muy difundida de que el país ha sido víctima de una casta parasitaria y corrupta que lo ha arruinado.

¿Es “socialista” dicha casta? Desde el punto de vista de Milei, tratar de diferenciar entre aquellos profesionales de la política que se afirman de izquierda, centro o derecha carece de sentido real ya que en el fondo todos se imaginan capacitados para manejar la economía mejor que los del sector privado. Entiende que, si bien la afición de tantos políticos a abstracciones que suenen bien les permite engañar a la gente, en términos prácticos sus esfuerzos tienen consecuencias negativas porque siempre propenderán a privilegiar sus propios intereses corporativos. He aquí un motivo por el cual le ha sido sencillo incluir a virtualmente todos los dirigentes conocidos del país en la casta que se ha comprometido a aplastar.

La misma lógica puede aplicarse a la interna de Juntos por el Cambio en que Horacio Rodríguez Larreta se las ingenió para presentarse como el candidato de la casta, como el hombre que, con lo del setenta por ciento de adhesiones, se proponía reunir al grueso de sus miembros, exhortándolos a cerrar filas detrás de él para resistir tanto a los extremistas K como a los dinamiteros de Milei. Fiel a las tradiciones nacionales en la materia, Rodríguez Larreta no vaciló en aprovechar al máximo su puesto como jefe del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para gastar muchísimo dinero público en publicidad electoral, lo que, a juzgar por lo que sucedió el domingo, resultó ser contraproducente.  

Así y todo, aunque le fue bien en la interna opositora, Patricia Bullrich ya se ve frente a un dilema nada sencillo. Si procura reconciliarse con los simpatizantes del alcalde porteño, correrá el riesgo de enojar a quienes podrían sentirse atraídos por Milei, pero si trata de seducir a quienes votaron al libertario en las PASO, asegurándoles que en el fondo es tan “liberal” como el que más pero que, a diferencia de un candidato sin estructuras que está rodeado de oportunistas que sólo están buscando una salida laboral bien remunerada, sería capaz de formar un gobierno genuinamente reformista, podría asustar a “moderados” de Juntos por el Cambio que, luego de pensarlo, tomarían a Sergio Massa por el mal menor. Aun cuando la clase política permanente haya sido malherida por lo que acaba de ocurrir, está en condiciones de seguir defendiéndose contra los decididos a desmantelarla; aún cuenta con los recursos que ha acumulado un Estado omnívoro.

Tanto aquí como en el exterior, quienes están procurando comprender lo que dijeron las PASO están comparando a Milei con Donald Trump y Jair Bolsonaro. Además de ser un outsider, lo que  el libertario iracundo tiene en común con los dos malos más malos de la película progre es que ha sabido conectarse anímicamente con sectores que han sido abandonados a su suerte por la versión local de la casta y que atribuyen sus problemas a su mezquindad. Con todo, aunque Milei dice creerse afín a los dos, hay muchas diferencias. Antes de mudarse a la Casa Blanca, Trump, que hasta entonces había figurado como un demócrata neoyorquino más, se las arregló para apoderarse del Partido Republicano, de tal modo dotándose de la base de sustentación organizada que precisaría para gobernar Estados Unidos. Es como si Milei se hubiera afiliado a Juntos por el Cambio para entonces erigirse en su candidato presidencial atacando con virulencia a todos sus rivales tanto internos como externos. Por lo demás, a diferencia de Bolsonaro, Milei no parece tener vínculos con los militares o con las iglesias evangélicas, si bien los feligreses de éstas tenderán a ser más libertarios que otros.    

Sumados, la protesta silenciosa de los que boicotearon el cuarto oscuro, los votos de Milei y, con matices, los de Patricia, hacen pensar que una mayoría abrumadora de los argentinos está resuelta a romper ya con el statu quo. Para Massa, un hombre que se ha habituado a reinventarse, esto querrá decir que le convendría adaptarse cuanto antes a las circunstancias así supuestas, Mientras duró la interna, intentaba brindar la impresión de ser leal a Cristina, pero tal y como están las cosas ahora, su hipotética cercanía al kirchnerismo duro no podría sino perjudicarlo; sabrá que, hasta nuevo aviso, tendrá que concentrarse en su labor como ministro de Economía, lo que lo obligará a procurar congraciarse con los mercados y con el Fondo Monetario Internacional, ya que la alternativa sería resignarse a ser recordado como el artífice principal de un desastre equiparable con el protagonizado casi medio siglo atrás por Celestino Rodrigo.

Lo mismo que sus admiradores en el exterior, entre ellos los españoles de Vox y la primera ministra italiana Giorgia Meloni, los contrarios a Milei, comenzando con los kirchneristas, lo ubican en la derecha extrema del tablero ideológico. En otras épocas, tal lugar estaba ocupado por autoritarios y militaristas, pero hoy en día se ve reservado para los convencidos de que el liberalismo económico funciona llamativamente mejor que el estatismo. De todos modos, no obstante su retórica flamígera, no hay demasiados motivos para creer que Milei sea más autoritario que sus enemigos kirchneristas que, conforme a las pautas de otros tiempos, sí son fascistas, de suerte que el derechismo que tales personajes le atribuyen sería a lo sumo una variante desdentada de la tendencia que denuncian.

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James Neilson

James Neilson

Former editor of the Buenos Aires Herald (1979-1986).

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