Domingo 25 de febrero, 2024

OPINIóN | 24-07-2023 06:11

Menos estigma, más medicina

La depresión no es “estar triste”. Porque la tristeza puede ir y venir, mientras que la depresión se instala y trastoca todos los aspectos de la vida de una persona.

Personajes del mundo del espectáculo y del arte salieron a decir, en la Argentina, que están sufriendo, que la depresión y la ansiedad también los toca a ellos https://noticias.perfil.com/noticias/informacion-general/depresion-y-ansiedad-los-famosos-rompen-el-tabu.phtml. Como a muchas personas. A cada vez más. Y a partir de ahí hay algunas cuestiones para ver al menos a vuelo, en estas pocas líneas.

No, la depresión no es “estar triste”. Porque la tristeza puede ir y venir, mientras que la depresión se instala y trastoca todos los aspectos de la vida de una persona: el trabajo, las relaciones sociales, la sexualidad, las ganas mismas de vivir, parecen esfumarse en medio de una bruma de cansancio, desesperanza y falta de horizontes. Para alguien con depresión levantarse cada día es un esfuerzo inmenso, y el problema más nimio una montaña imposible que causa un subidón de ansiedad capaz de convertirse, a fuerza de la activación de sustancias cerebrales, en un ataque de pánico.

Así las cosas, a la depresión no se la maneja “poniendo voluntad”, no hay racionalidad en esto. Nadie “elige” sentir depresión, salir de ese pozo sin metas ni paraqués en el que se convierte la cotidianeidad requiere de mucho más que buenos deseos: es preciso un tratamiento médico, una terapia, contención profesional, muletas que permitan levantarse primero de aquella cama que consume, para volver a caminar después.

La depresión es un desorden mental que afecta a al menos el 5 % de la población mundial. Alrededor de 280 millones de personas en el planeta tienen depresión, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS). Algo muy “democrático” de la depresión es que puede tenerla cualquier persona a cualquier edad, aunque estadísticas muestran que los jóvenes de entre 18 y 25 años y los adultos mayores son quienes más depresión están padeciendo. En la Argentina, y de acuerdo con la Confederación Farmacéutica Argentina (CoFA), a lo largo del primer semestre de 2022, se dispensaron aproximadamente 5.72 millones de antidepresivos. Y van en aumento.

La depresión implica síntomas que duran (mínimo) más de dos semanas: incapacidad para concentrarse, sentimientos de culpa y/o baja estima, problemas para dormir, cambios en el apetito, adelgazamiento o aumento de peso abruptos, desesperanza, irritabilidad, fantasías suicidas y de dañarse a uno mismo. La persona se siente drenada, casi vaciada. El “casi” es fundamental en estos casos, porque la depresión tiene grados de gravedad (al menos tres), y de eso dependerán las terapias que la persona necesite recibir. Desde las farmacológicas (que debe siempre decidir el psiquiatra, porque la variedad de opciones es amplia) hasta las vinculadas a lo psicológico y lo comportamental.

Pero lo fundamental es no estigmatizar ni banalizar. Nuestra mente es un órgano más del cuerpo, y si cuando un corazón enferma lo cuidamos, ¿cómo no vamos a ocuparnos de nada menos que el cerebro y las emociones?

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Andrea Gentil

Andrea Gentil

Editora de Ciencia, Medicina y Tecnología. Coordinadora carrera de Comunicación Digital, UNaB.

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