OPINIóN | 04-12-2020 03:12

Por qué a Alberto Fernández no le importa que Boudou vuelva a la cárcel

Las razones por las que el Presidente desprecia al ex funcionario. Cuando “Aimé” se ufanaba de su confianza con Cristina.

El flamante fallo de la Corte Suprema de Justicia que confirma la condena de Amado Boudou por el caso Ciccone tal vez –y solo tal vez– no le haya arrancado una sonrisa a Alberto Fernández. Lo que es seguro es que no lo inquietó. Al contrario: Boudou desde hace rato es mala palabra para el Presidente, quien nunca tuvo una buena convivencia con el ex preferido de Cristina Kirchner, señalado por intentar apropiarse del negocio de imprimir billetes con la empresa The Old Fund, regenteada por un allegado al círculo íntimo del ex vicepresidente de CFK, Alejandro Vandenbroele. Después del fallo de la Corte, es más que probable que el ex funcionario, que goza de prisión domiciliaria, vuelva a la cárcel.

Boudou y Alberto, viejos vecinos de Puerto Madero, no se quieren. En los tiempos de la campaña, el candidato del Frente de Todos dijo que su adversario era un “preso común”, no político. Y a diferencia de lo que hizo con otros de los detenidos del antiguo elenco K, incluso con Julio De Vido, enemigo suyo pero aún medianamente cercano a Máximo Kirchner, jamás movió un dedo para mejorar la situación de “Aimé”.

La pelea entre ambos se inició justamente en la época del escándalo de Ciccone. Arrinconado por la Justicia, el entonces vicepresidente logró escabullirse de la encerrona con un sorprendente movimiento de pinzas. Por un lado, desbarató la investigación del juez federal Daniel Rafecas, a cargo del caso, con la difusión de unos mensajes de texto privados del magistrado que no lo dejaban bien parado y revelaban sus conversaciones confianzudas con personajes ligados al expediente. Por el otro, fue por la cabeza de Esteban "El Bebe" Righi, el enonces procurador general del gobierno K, es decir, el jefe de los fiscales. Rafecas fue apartado de la causa y Righi, por imposición de Boudou y su protectora Cristina, tuvo que renunciar.

Hoy, el primero, Rafecas, es el candidato de su amigo Alberto para asumir la procuración general. Y el segundo, Righi,  fallecido en 2019 y ex funcionario de Perón en los setenta, sigue intacto en la memoria del Presidente, su ayudante de la cátedra de Derecho Penal en la UBA cuando era solo un joven veinteañero. Righi y Rafecas perdieron en aquel momento de Ciccone, pero ahora disfrutan su tardía revancha.

Hay una razón adicional por la que Fernández permanece indiferente a los problemas de Boudou. Sabe que Cristina ya no lo apoya, sino todo lo contrario. Los chispazos entre la ex presidenta y su vice empezaron por la época de Ciccone y se acentuaron cuando ella se enteró de que “Aimé” la llamaba “la mami” en las jocosas charlas con sus amigos y se vanagloriaba de la decisiva influencia que tenía sobre ella. “A partir de ahora, considérenme el nuevo Kirchner”, dicen que les soltó a otros miembros de aquel gobierno.

Antes de que CFK lo ungiera como su candidato en las elecciones pasadas, Alberto consiguió que ella y el ex procurador Righi volvieran a verse las caras después de muchos años, tras el viejo desencuentro ocasionado por Boudou. Fue una especie de reivindicación para Fernández y su antiguo padrino de la juventud. Alberto declaró: “Fue uno de los mayores logros personales en mi vida”.

De “Aimé” no dijo ni una palabra. Y no le importa que pueda volver a la cárcel.

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Franco Lindner

Franco Lindner

Editor de Política, columnista de Radio Perfil y autor de "Fernández & Fernández" (Planeta).

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