POLíTICA | 20-03-2021 11:02

Alberto Fernández y Rodríguez Larreta: trastienda de una relación rota

Los políticos ya no son “amigos”. Detalles del desconocido último encuentro. Chicanas cruzadas y futuro tormentoso.

La pulseada estaba en un punto muerto. El Presidente de la Nación, entrenado en la materia, intentaba una y otra vez gambetear la defensa del rival ensayando promesas en voz alta. “Horacio, si vos bajás la demanda te juro que voy a buscar la manera de que la Ciudad quede compensada”, decía. A Rodríguez Larreta no se le asomaba un diente y menos se le escapaba una sonrisa. Estaban los dos solos en el despacho de Alberto Fernández en la Quinta de Olivos, sentados con una mesa de por medio, sin una sola alma que los interrumpiera. La charla promediaba los 45 minutos y se encontraba tan empantanada como antes de arrancar. Además, a duras penas podía el jefe de Gobierno porteño guardarse lo que realmente pensaba de su interlocutor: durante diez meses habían empezado a entablar una relación que, aunque no era de amistad, parecía de un respeto y una cordialidad que suele verse poco en estas latitudes, en especial entre vecinos de distintos barrios de la grieta. Por eso Larreta masticaba bronca al escuchar a quien ahora sentía que era, lisa y llanamente, alguien con pocos códigos. Y cuando volvió a abrir la boca fue tajante: “Alberto, la demanda no se va a bajar”. La despedida fue tan tensa como el resto de la conversación, y desde entonces -aunque los intentaron acercar importantes funcionarios de ambas orillas- jamás volvieron a tener ni un solo diálogo directo.

Esta fue la última vez que Fernández y Larreta charlaron mano a mano, a finales de septiembre del 2020. Aunque la excusa fue el avance de la pandemia que requería un encuentro entre ellos y Axel Kicillof -eventos que después no volverían a repetirse-, cuando terminó la reunión protocolar el Presidente le pidió al bonaerense que se retirase para poder hablar a solas. Hasta esta nota lo que había trascendido era que ese último diálogo había sido de apenas unos minutos y al pasar, pero eso no es preciso: Fernández se encerró con Larreta e intentó, sin éxito, convencerlo durante un largo rato de que seguía siendo el mismo que hasta hace poco lo llamaba “amigo” en los actos y con quien intercambiaba mensajes directos, a cualquier hora, de Whatsapp.

Habían pasado apenas unos días de ese momento bisagra en el termómetro de la política nacional que ocurrió cuando el Presidente decidió avanzar sin previo aviso sobre la quita de un punto de la Coparticipación de la Ciudad, gentileza que le fue devuelta con el inicio de una demanda en la Corte Suprema y un raid mediático para quejarse de lo que las autoridades porteñas entendían que era una arbitrariedad. Ya nada volvería a ser igual entre Fernández y Larreta, ni entre el Frente de Todos y la oposición.

Estudiantes. El que logró lo que parecía imposible fue Alberto Barbieri. El rector de la UBA trabajó con paciencia durante meses para convencer a Fernández y a Larreta, ambos graduados de esa casa de estudios, de asistir al evento por los 200 años de la universidad en la Manzana de las Luces. Fue el viernes 12 de marzo, ocho días antes de que se cumpliera un año desde que llegó la pandemia a Argentina, ese virus que durante un tiempo provocó un acercamiento inaudito entre los dos líderes.

Esas son cosas del pasado: desde el oficialismo, con maldad estudiada, juran que el día del evento Larreta se escondió hasta último momento en su auto, intentando evitar una foto en conjunto con Fernández o con Kicillof, de la misma manera que unos días antes el jefe de Gobierno porteño había escapado a un encuentro en la Rosada, por el día de la Mujer, para no prestarse a un retrato con Gildo Insfrán (es decir, para desmarcarse políticamente). Desde la sede de Uspallata niegan que el jefe de Gobierno se haya resguardado en su automóvil, pero lo cierto es que la única imagen que circuló fue la que envío Presidencia, que ilustra esta nota.

De cualquier manera, las relaciones están en su peor momento y, en un año electoral, se puede prever que eso solo irá agudizándose. De hecho, tanto Larreta como Fernández, que un año atrás sumaban puntos en las encuestas gracias a su perfil de moderados, ahora casi ni resisten los embates de los duros de su espacio y, por convicción o para sobrevivir a sus respectivas internas, le dan rienda suelta a la grieta. El último ejemplo fue evidente: cuando Luana Volnovich, titular del PAMI, le avisó al Presidente que la Ciudad había cerrado inesperadamente -y en plena pandemia- el Hospital Español (que depende del organismo que dirige la camporista), desde la Rosada se activó un operativo nacional para machacar en las redes y en los medios con el tema. Incluso el propio Presidente se subió a la ola de confrontación con el Gobierno porteño.

Está claro que la época de sintonía fina quedó bien lejos. Lo único que podrían compartir ahora Fernández y Larreta son las estrofas del tango de Agustín Magaldi: “Por eso, compañero, por tantos desengaños es que ya no me convence nadie con frases de amistad”.

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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