Monday 27 de May, 2024

POLíTICA | 10-05-2024 06:15

Cristina y Milei: trastienda de una enemistad simbiótica

Ambos se eligieron como rivales discursivos. Pero por abajo hay vasos comunicantes. La primera charla desconocida entre ellos. Malestar en el PRO. Olmos, el intermediario.

El domingo 19 de noviembre fue un día movido para Javier Milei. Aquella jornada se convirtió, ni más ni menos, que en Presidente de la Nación. Tanta adrenalina corría por el cuerpo del libertario que ni siquiera pudo pegar un ojo en la madrugada que siguió: a las siete de la mañana del lunes dio una entrevista radial donde contó que había pasado la noche contestando mensajes y siguiendo atentamente los acontecimientos.

Pero a la tarde se limpió de obligaciones. Quería tener un rato para llamar personalmente a un grupo muy reducido de personas con las que había compartido el camino de los últimos años. En especial con uno de ellos, con el que estableció un vínculo en su etapa durante Aeropuertos 2000. Con él tenía una charla importante, ya que esta persona mantiene diálogo con CFK.

-Decile que, aunque no comparto sus ideas, yo la respeto mucho. Y que mi gobierno jamás la va a perseguir judicialmente. Yo no pienso que ella sea corrupta, a diferencia de lo que pienso de su marido.
Ese diálogo, el 20 de noviembre del 2023, abrió el primer canal entre CFK y Milei. No sería la única comunicación vía interpósitas personas que tendrían en estos meses.

Pero ahora la conversación acaba de saltar al terreno público: la ex vicepresidenta le dedicó gran parte de su último discurso en Quilmes y Milei le respondió. Ella puso en duda el superávit fiscal alcanzado por el Gobierno y habló de “anarco-colonialismo” por la relación con Estados Unidos, y él contestó con dureza: “Su discurso fue de una pobreza intelectual notoria”. Esa danza, a veces silenciosa, a veces a viva voz, no es sólo una cuestión de actitud. Hay ahí algo más, un rumbo y una estrategia efectiva para ambos: se eligieron como contrincantes. Son rivales simbióticos que, aunque se critican, también se necesitan.

Enemigos íntimos

El 28 de abril del 2023 CFK hizo su primer acto luego de que Alberto Fernández anunciara que no iba a buscar la reeleción. Fue en el Teatro Argentino de La Plata, donde el público colmó las gradas esperando que la ex mandataria anunciara que competiría en las elecciones entrantes. No sólo eso no sucedió, sino que además hizo algo inesperado: por primera vez habló en público de Milei, al que en ese momento la amplísima mayoría del círculo rojo y de la política veía en un lejano tercer lugar. De hecho, le dedicó gran parte de ese discurso al libertario.

“Esos mamarrachos que andan diciendo que la casta tiene miedo. ¿De qué tiene miedo, si nunca te pasó nada, hermano? ¡Qué me venís a joder con que te tenemos miedo! ¿De dónde te tenemos miedo? Pero caraduras... ¡Caraduras!”, bramó la entonces vicepresidenta, mientras bajaban los aplausos desde todo el teatro.

Los dardos se interpretaron, en aquel entonces, de dos maneras. Una fue la directa, la crítica lineal, pero también asomó otra teoría. Esta hacía juego con las ayudas monetarias, financieras, lógisticas y jurídicas que el peronismo de todo el país estaba realizando en aquel momento hacia La Libertad Avanza: la idea de hacer crecer a Milei, con la expectativa de que este le sacara votos a Juntos por el Cambio. Esta revista sacó, en los días siguientes a ese acto, una tapa que alertaba sobre “el riesgo de inflar a Milei”. Esa aventura se sabe cómo terminó.

Pero menos se conoce lo que hizo el actual Presidente con esas palabras. Es que Milei parecería haber tomado nota de las grandes preocupaciones de CFK. Por eso es que, en la previa de la asunción, le hizo llegar el mensaje de que su gobierno no empujaría las causas que tiene en la Justicia. Y no sólo eso. Hubo también otro capítulo de cercanía.

Humor de perros

El 10 de diciembre Milei asumió la Presidencia. En el Congreso, CFK hizo algo que no es para nada habitual en su trato con opositores: le regaló una amplia sonrisa al libertario y hasta algunas carcajadas, mientras que con Alberto, al que tenía nomás a unos metros, sólo guardó una congelada formalidad. La foto entre ambos, con ella apoyándole la mano en un brazo y divirtiéndose con el bastón con los perros clonados de Milei, se viralizó rápidamente. ¿Qué había pasado en la previa?

Es que la saliente vicepresidenta llegó a la asunción satisfecha, en un sentido, con el libertario. “Es que jugó bien”, explican cerca de ella. Lo que había pasado es que, luego del 23 de noviembre del 2023, un temor creciente se había apoderado de “la jefa”: ese día Milei publicó que había designado a Patricia Bullrich como ministra de Seguridad, una persona que había hecho campaña prometiendo llamar “Cristina Fernández de Kirchner” a una nueva cárcel que ella construiría una vez llegada a la presidencia. Los miedos, alimentados además porque fue Bullrich una de las pocas políticas de primer nivel que no repudiaron el intento de asesinato de CFK, no son muy difíciles de imaginar.

El encargado de transmitir estos mensajes fue Juan Manuel Olmos. Es un dirigente del peronismo porteño de extremo perfil bajo, pero que tiene relaciones fluidas con todas las tribus de la política, y que desde el gobierno del Frente de Todos (en el que fue vicejefe de Gabinete) generó una relación más que cercana con la entonces vicepresidenta.

Y no fue con la única que estableció un vínculo fluido: en el 2023 era Olmos el enviado por parte del peronismo para ser el representante del espacio en las negociaciones en la Cámara Electoral, el organismo del Estado donde se define la letra chica de las elecciones y también asuntos como los debates presidenciales. En este lugar fue donde conoció a Karina Milei y donde se fue ganando su confianza. Tal es así que, de hecho, la hermana presidencial tres veces le ofreció ser parte del nuevo Gobierno, convite que el peronista rechazó.

Sin embargo, ese teléfono quedó abierto. Y fue el que resolvió la situación delicada de CFK. Olmos le comunicó a Karina el entuerto, y la hermana se movió rápido. En una acción silenciosa y que pasó desapercibida, trasladó a la Casa Militar (el organismo del cual dependen la seguridad de presidentes y ex presidentes) desde el ministerio de Seguridad a la órbita de la Secretaría General. Fue una jugada provechosa para todos: Karina vio crecer su influencia y se anotó un poroto con “la jefa”, y CFK se quedó más tranquila ya que su cuidado no dependería de Bullrich.

Este es el fondo de las sonrisas en la asunción presidencial: en su fuero íntimo, Cristina sospecha que sus chances de pasarla mal en la Justicia son más bajas en un gobierno de Milei que en uno, por ejemplo, del PRO o de este en una alianza con, quizá, Victoria Villarruel.
Hay, también, una última coincidencia. Involucra, curiosamente, a esta revista. Es sobre otro aspecto que une a Cristina con Milei. “No me gusta que a él le digan 'el loco', que está loco. Me hace acordar a cuando NOTICIAS publicaba esas tapas sobre mí donde decían que era bipolar”, dice. Los extremos, al final, se unen en su distancia hacia este medio.

Internas

Lo que se acaba de relatar es algo que vienen siguiendo de cerca los altos círculos del poder. En especial, es un tema urticario para los halcones del PRO, que mantienen como una de sus grandes banderas la supuesta corrupción de CFK y su pedido para que avancen las causas judiciales.

Aunque se mantiene en silencio, esa sospecha de un supuesto acuerdo entre CFK y Milei en la Justicia es algo que amenaza con explotar en público. Algo parecido a eso sucedió el 9 de enero, en Diputados, en la previa del primer tratamiento de la Ley Bases. Días antes, Mariano Cúneo Libarona, ministro de Justicia, había dicho en una entrevista en La Nación que la “Oficina Anticorrupción (OA) y la Unidad de Información Financiera (UIF) habían sido usadas como un arma de guerra”, y había declarado que le iba a sacar la potestad de ser querellante en causas de corrupción de funcionarios.

Ese día, la diputada macrista Silvia Lospenato se lo reprochó. “Escuché con gran preocupación que usted dijo que la OA y la UIF podrían haber sido utilizadas para perseguir opositores. Esa es una acusación injusta. En la UIF se sostienen causas de corrupción muy importantes de funcionarios kirchneristas. Preocupa que la eliminación de esa facultad de querellar debilite la posición del Estado en esas causas que esperamos que ojalá pronto se resuelvan”. Cúneo Libarona se ofuscó, y casi a los gritos le pidió que le nombrase “una sala causa” en la que la UIF haya colaborado a avanzar.

La escena pone de manifiesto la tensión. De hecho, entre los halcones del PRO hay una sospecha de que María Eugenia Talerico, que fue vicepresidenta de la UIF durante el macrismo e iba a estar en un puesto importante del ministerio del Interior de Milei, fue dada de baja en su lugar por un pedido explícito de CFK. Desde el kirchnerismo reconocen el malestar hacia ella pero no confirman esta versión, mientras que cerca de Milei aseguran que la sorpresiva ausencia -su nombramiento había trascendido en público- tuvo que ver con que el libertario siempre tuvo una mala relación con ella.

Son anécdotas apenas, pero ilustran la tensión que despierta la aparente sintonía entre CFK y Milei entre el resto de los autoproclamados oficialistas. En esas filas crece otra sospecha: que el Gobierno no está haciendo todo lo que debería para remover directores regionales de la Anses y del Pami que responderían a La Cámpora.

De todos modos, cerca de la ex presidenta no se entusiasman: sospechan que el libertario puede cambiar de opinión en cualquier momento en relación a ella y la Justicia y que el horizonte puede llegar a ser peor en el futuro. “Yo no vine a perseguir a nadie”, dijo el economista el día de su asunción, sintonía que viene manteniendo incluso cuando en las amables entrevistas que le hacen en LN+ lo invitan constantemente a descalificar a la ex vicepresidenta. “Es intelectualmente honesta” y “estaría divertido enfrentarla en el 2027”, han sido algunas de sus respuestas. Es verdad que, llamativamente, Milei se refiere de manera respetuosa -dentro de la vara determinada por su furiosa personalidad- a todos los ex mandatarios, incluyendo a Alberto Fernández.

Calculadora

Más allá de los hilos que se tejen por abajo, la lógica de que se seleccionen como enemigos públicos no es muy difícil de imaginar. Aunque cualquier encuesta lo demuestra, la que acaba de publicar Giacobbe & Asociados lo refleja a la perfección.  A la pregunta “¿qué político te genera el mayor sentimiento negativo?”, los dos que más aparecen son CFK y Milei. A ambos les rinde polarizar con el otro, retener al núcleo duro propio y ofrecer una expectativa al de afuera: la idea de que el otro, el enemigo, es peor.

Esta es una postura que parecería que el futuro no puede hacer más que alentar. Con una base cada vez más chica, la ex presidenta parecería no tener mucho más para ofrecer que las odas al pasado en el que gobernó, cada vez más lejano, y machacar con el miedo que pueda llegar a inspirar Milei. Del lado del libertario, la cruz que instiga sus críticas hacia CFK van a estar siempre ligadas a la economía: los oficialismos, si no tienen pan para ofrecer, necesitan circo. En los últimos tiempos empieza a asomarse dentro del vocabulario libertario la palabra “kirchnerista” como insulto o descalificación. “Nos quieren sabotear la presentación al estilo kirchnerista”, dijo cuando justificó su ausencia en la Feria del Libro.

En privado, el Presidente tiene una explicación algo más política que emocional. “Javier no piensa así, pero muchos de sus votantes son furibundos anti K. Está un poco condicionado por su base en ese sentido”, dice un hombre de diálogo fluido con el mandatario.
Así las cosas, el duelo entre Cristina y Milei seguirá activo. Son enemigos simbióticos.

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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