POLíTICA | 07-01-2020 11:33

El desafío Benjamín Button de Alberto Fernández

Por Daniel Montoya*- El Presidente abordó este reto con una fórmula que combina una dosis de pasado, con una porción de sangre nueva. La foto de un gabinete repartido a su izquierda y derecha.

“Espero que vivas una vida de la que te sientas orgullosa. Y si ves que no es así, espero que tengas la fortaleza para empezar de nuevo” le escribe el rejuvenecido Benjamin Button a Daisy Fuller, en el marco de la película inspirada en un cuento de Scott Fitzgerald. Si a Cristina la iluminaron esas reflexiones cuando nominó a Alberto, solo lo sabe ella. Sin embargo, hay algo que sí está claro a esta altura, su decisión de arrancar de cero. “Un peronista nunca le entrega el poder a otro peronista”, Perón dixit. ¿Qué mejor vara para identificar el kilómetro 0 en el peronismo, que las palabras de su propio fundador? ¿Y qué método más rotundo para rejuvenecer de golpe una fuerza política con muy recientes 12 años de desgaste encima, que no vuelve al poder más que por obra y gracia del prematuro y estrepitoso fracaso de Macri?

En tal sentido, la determinación de Cristina de acompañar como vice, equivale para el peronismo,a aquellos coloridos momentos de la película donde el nacido anciano Benjamin,comienza a dejar atrás los estragos físicos de la progeria y adquiere el aspecto de un adolescente encarnado por el siempre rozagante Brad Pitt. Y al igual que en el film, Cristina también logró con Alberto hacer funcionar el reloj para atrás, evocando un esquema político que funcionó con mucho éxito hasta 2008 y, ya sin él en el mismo barco, hasta las elecciones del 54% de 2011 inclusive. Unas pocas y escogidas designaciones en el gabinete, le dieron carnadura a este gran objetivo estratégico. El reconocido Ginés González García en Salud, la vieja espada legislativa Agustín Rossi en Defensa, el zigzagueante ex gobernador Felipe Solá en Cancillería y un miembro fundador del kirchnerismo como Carlos Zannini en la Procuración del Tesoro.

Una mención aparte merece el fichaje de Gustavo Béliz en Asuntos Estratégicos. En cierta forma, el ex ministro de Justicia y Seguridad de Néstor Kirchner, no solo simboliza la capacidad del primer kirchnerismo de atraer figuras emblemáticas de la transparencia, sino también su predisposición a impulsar grandes reformas como la renovación de la Corte Suprema de Justicia de aquel momento.No obstante, este primer conjunto de señales políticas relativas al ADN K, concluyó ahí. La mayoría de las marcas restantes, estuvieron encaminadas a presentar un elenco de figuras de jóvenes provenientes de la cantera K, del peronismo, del massismo y hasta de círculos académicos, donde resalta el Jefe de Gabinete Santiago Cafiero, una figura fresca con algún rodaje en la política territorial y en la gestión pública pero, más mucho importante que eso, con un “pedigrí”representativo del primer proceso renovador del peronismo en democracia.

De tal forma, Alberto abordó el desafío Button con una fórmula que combina una pequeña dosis de pasado, complementada por una gran porción de sangre nueva que reconocelas actuales demandas de genero.La foto de un gabinete repartido a su izquierda y derecha, no deja lugar a dudas. El heredero de Cristina, monopoliza el centro de escena de una formación diferente, sin presencia de figuras estelares. Por cierto, una definición de estilo político, que lo emparenta más con Macri que con sus predecesores K. Especialmente con Néstor que convivió,al menos por dos años,con ministros de perfil alto como Lavagna.

Sin perjuicio de ello, los primeros sondeos revelan resultados contundentes a favor de este experimento renovador inédito en el peronismo. Marketing y Estadística estima que Alberto asumió con un diferencial de imagen de casi 30 puntos versus Cristina.Desafío Button superado. Por ahora, Alberto luce nuevo, diferente.

Hasta cuando, solo Dios lo sabe. Aunque un poco también el flamante ministro de economía Guzmán. Las acuciantes necesidades de caja y de negociación contra reloj con el combo del Fondo Monetario más los acreedores privados, le hicieron echar mano al flamante gobierno,a dos medidas icónicas de los gobiernos kirchneristas que, en su oportunidad, le abrieron la cancha al macrismo para constituirse como fuerza política nacional. Aumento de retenciones y profundización del cepo. Imposible encontrar una yunta más evocativa de la milonga inmortalizada por Tita Merello “Se dice de mí”.

Por si ello fuera poco, la reciente ofensiva de Trump sobre Irán, en tándem con un reciente documental de Nisman emitido por Netflix, pone presión adicional sobre los tornillos de la tapa de un arcón de los recuerdos que, para Alberto, mientras quede más cerrado, mejor. Juventud, divino tesoro.Ya la economía le impone demasiados riesgos de envejecimiento prematuro, para tener que sumarle el azar político.

(*) Daniel Montoya, Analista Político y Consultor Estratégico
@DanielMontoya_

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