Wednesday 14 de January, 2026

POLíTICA | Hoy 10:07

El rebote que estusiama a Jorge Macri

Seguridad, limpieza y control del espacio público explican un giro en encuestas. Se otrdena el frente interno y aparece un camino al 2027.

La Ciudad es un laboratorio político implacable: cuando la gestión funciona, se nota rápido; cuando se traba, también. Por eso el dato político más interesante del inicio de 2026 no es una obra puntual ni un anuncio rimbombante, sino algo más trabajoso: Jorge Macri empieza a mejorar en percepción pública después de un arranque complicado bajo el escrutinio de los porteños. El PRO leyó esa curva como señal de despegue y, según trascendió, el jefe de Gobierno ya avisó puertas adentro que irá por la reelección en 2027.

La encuesta de Aresco que circuló en Uspallata funcionó como termómetro de ese giro: el Gobierno porteño destaca que la imagen de gestión “viene creciendo desde junio” (tras la derrota en las elecciones) y que habría subido 13 puntos desde entonces. Más todavía: mejoran las expectativas para 2026 y se mueve el indicador político de fondo —continuidad o cambio—, con un corrimiento hacia la idea de que “siga el PRO”.

Detrás del número hay una decisión táctica: orden como bandera. No es nuevo en el ADN PRO, pero sí es un regreso a la centralidad después de meses en los que la administración parecía discutir más su identidad que su ejecución. En esa grilla, no sorprende que las áreas que más crecen sean seguridad (más de 15 puntos en positiva, según la lectura oficial) y orden público en calles y veredas (casi 10 puntos). Es decir: lo que se ve.

Desalojos en CABA

Ahí entran tres políticas que, te gusten o no, producen percepción inmediata: desalojos y combate a tomas, limpieza urbana y control del espacio público. La ecuación es lineal: menos ocupaciones y menos “zonas liberadas” simbólicas; más capacidad del Estado de decir “hasta acá”. En paralelo, la limpieza no se limita a la estética: cuando baja la incidencia de gente en situación de calle —o cuando se ordena su presencia— se reduce ese “revoltijo” cotidiano en torno a los tachos de basura, los colchones, las bolsas abiertas y el circuito de residuos. No es una discusión moral: es gestión en su versión más pedestre. El votante porteño puede perdonar un debate ideológico; perdona menos el olor, la mugre y la sensación de descontrol.

El capítulo “calle” se completa con dos decisiones que reordenan el mapa: la persistencia en la eliminación de piquetes y el avance contra los manteros. Son medidas que tienen costo —siempre lo tienen—, pero también un beneficio político nítido: restablecen una jerarquía de autoridad. En una Ciudad que se acostumbró a convivir con la excepcionalidad como norma, el mérito político de Jorge Macri no está en prometer orden, sino en sostenerlo sin que el sistema se vaya de las manos.

Ese giro, además, tiene un efecto colateral clave dentro del PRO: Mauricio Macri empieza a mirar a su primo con mejores ojos. No es un dato menor. El expresidente no escatimó críticas, intervino reuniones de gabinete y dejó correr, durante el impasse, versiones sobre alternativas para 2027. Hoy, en cambio, el clima cambió: hablan de una “reconciliación” que se terminó de sellar con movimientos internos y con un actor que vuelve a pesar en el armado porteño: Daniel Angelici. La paz familiar no es sentimental; es funcional. Si Mauricio deja de “serruchar”, Jorge puede gobernar con menos ruido y planificar.

Mauricio Macri

En el medio aparece otro dato del sondeo que explica por qué el PRO busca desdramatizar su relación con la Casa Rosada: el 60,2% califica como positivo el vínculo entre Jorge Macri y Javier Milei, y el 61,2% cree que la Ciudad tiene buena relación con la Nación “pero mantiene independencia”. Es una fórmula perfecta para el porteño medio: cooperación sin sumisión. Después del golpe político del desdoblamiento electoral —una jugada que terminó favoreciendo a La Libertad Avanza y dejando al PRO tercero—, ese “equilibrio” se vuelve imprescindible.

La contracara es que, mientras Jorge respira, Horacio Rodríguez Larreta se desinfla. El “volvimos, volví” con el que buscó sellar su retorno como legislador tuvo impacto mediático, pero su performance electoral quedó en el rango de daño táctico más que de proyecto estratégico: alrededor de 8 puntos, suficiente para complicar a sus exsocios, insuficiente para construir una alternativa competitiva de poder. El larretismo, por ahora, suena más a nostalgia de gestión que a futuro.

Por eso el contendiente real para 2027 no parece venir del pasado PRO, sino del presente libertario. Y ahí aparece un nombre que, hasta hace poco, se discutía como posibilidad y hoy se menciona como preferencia explícita: Manuel Adorni. Karina Milei lo pondera como candidato para la Ciudad y que esa definición le marca límites a Patricia Bullrich. El dato no es solo quién corre: es quién decide. Si Karina bendice, Adorni no es un dirigente suelto; es un instrumento de conducción nacional sobre el distrito más simbólico del país.

Manuel Adorni

La conclusión, entonces, es política y no cosmética: Jorge Macri mejora cuando la Ciudad se siente gobernada. Cuando la calle está más controlada, cuando el espacio público vuelve a tener reglas, cuando la limpieza y el orden se vuelven visibles, el PRO recupera su “marca de origen”. Y ese regreso le acomoda la interna (Mauricio deja de tirar piedras), le encoge el flanco Larreta (pierde impulso) y lo obliga a mirar de frente al rival más peligroso: el libertarismo al que le faltan pruebas de su pericia en la gestión micro.

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Maximiliano Sardi

Maximiliano Sardi

Editor de Noticias

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