Tuesday 13 de January, 2026

POLíTICA | Hoy 17:04

Milei y su extraña manía de abrigarse en verano

Las imágenes de Olivos mostraron al Presidente y a su entorno abrigados en pleno calor, una costumbre que se repite y genera comentarios dentro y fuera del Gobierno.

La imagen del Presidente y su gabinete abrigados durante reuniones realizadas en pleno verano volvió a instalar interrogantes sobre hábitos personales trasladados a la gestión, el uso intensivo del aire acondicionado y sus efectos colaterales en consumo energético y dinámica interna del poder.

Durante una reunión de gabinete realizada en diciembre en la Quinta de Olivos, cuando Buenos Aires atravesaba jornadas de calor intenso propias del verano, una imagen volvió a llamar la atención incluso dentro del propio oficialismo. Javier Milei apareció vestido con su característico mameluco de YPF, una prenda pesada y asociada históricamente al trabajo industrial, mientras varios de los funcionarios que lo rodeaban lucían camperas y pulóveres. Entre ellos se pudo ver a Luis “Toto” Caputo y a Diego Santilli con abrigo, y a otro integrante del equipo con un pulóver apoyado sobre los hombros. La escena contrastaba de manera evidente con el contexto climático y quedó registrada durante un encuentro clave de cierre de año y definición de la agenda política para 2026.

No se trató de un hecho aislado ni circunstancial. Desde el inicio de su gestión, Milei mantiene la costumbre de utilizar ropa de abrigo incluso durante días de altas temperaturas, una práctica que se repite tanto en actividades públicas como en reuniones de trabajo. A esto se suma el uso frecuente del aire acondicionado a temperaturas muy bajas en despachos oficiales y espacios cerrados, lo que genera un clima artificial que obliga a colaboradores, funcionarios y visitantes a vestirse en capas para soportar el frío interior, aun cuando el calor exterior es extremo.

El mameluco de YPF se consolidó como una marca personal del Presidente. Milei lo define como una prenda funcional y lo presenta como símbolo de una lógica de trabajo permanente, al punto de adoptarlo como vestimenta casi cotidiana, más allá del contexto, el lugar o la estación del año. La insistencia en esta estética refuerza una imagen reconocible, pero también despierta interrogantes sobre la rigidez de ciertos hábitos personales trasladados al ejercicio del poder.

Más allá de la cuestión estética, la dinámica tiene efectos concretos. El uso intensivo del aire acondicionado implica un mayor consumo energético en meses de alta demanda del sistema eléctrico, mientras que los cambios bruscos de temperatura generan incomodidad física, sudoración y malestar recurrente entre quienes participan de la agenda oficial. Las postales de funcionarios abrigados en pleno verano y de ambientes refrigerados al máximo se repiten y empiezan a consolidarse como parte del paisaje habitual del poder bajo la administración Milei.

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