En los off the record que cada tanto tiene con algunos periodistas, Máximo Kirchner llama de una manera insólita a su rival Axel Kicillof. “Yaten”, le dice. Y cuando el interlocutor pregunta por el significado, el hijo de la ex presidenta explica didáctico: “Yaten es piedra en lengua tehuelche... Y Axel es eso, es piedra”.
Si le siguen tirando de la lengua, el admirador de los nativos que en otros tiempos habitaron suelo santacruceño también cuenta por qué cree que Kicillof es “yaten” y atrae la mala suerte. No para sí mismo, como demuestra su meteórica carrera en política, pero sí para quienes confiaron en él: desde que el gobernador bonaerense es parte del planeta K, explica Máximo, a Cristina no le pasaron demasiadas cosas buenas. Con él como ministro estrella, la economía del gobierno cristinista no pudo repuntar y terminó con Mauricio Macri arrebatándole el gobierno a CFK y su candidato Scioli. Con él de gobernador, tampoco la fortuna le sonrió a su madrina, que hoy está presa y que en 2019, cuando Axel ganó la provincia, se tuvo que conformar con acompañar como vice a un candidato como Alberto Fernández, ya que a ella no la daban las encuestas, y ya se sabe en qué terminó aquel experimento de laboratorio. En resumen, desde que a Axel le va bien o muy bien, a los K la suerte les es esquiva.
“Yaten”, piedra, mufa.
La noticia de estos momentos es que Máximo y Cristina ahora decidieron cederle a Axel la presidencia del PJ bonaerense, que hoy aún ocupa el líder de La Cámpora. Lo hicieron casi sin poner condiciones, más allá del lógico poroteo por los cargos debajo del gobernador. ¿Por qué este repliegue táctico de los Kirchner, que antes del gesto venían resistiendo que Kicillof se transforme en el lógico candidato presidencial del espacio en 2027? En realidad, se trata de dar un paso atrás para dejarlo venir y luego contraatacar. Así como Cristina celebró la derrota de Jorge Taiana contra Diego Santilli bailando en su balcón de presidiaria -porque ese resultado implicaba, en última instancia, una mala noticia para Axel, y eso era una buena para ella-, ahora le cede todo el protagonismo y todo el peso del aparato para que se desgaste y para que no tenga excusas en caso de perder contra Milei en 2027. Y si pierde, la ex presidenta tal vez no baile, pero seguramente estará satisfecha con la estrategia adoptada.
Por trazar un paralelismo: ¿qué fue de Scioli, el peronista que la desafiaba desde adentro del espacio y al que terminó ungiendo como candidato hasta convertirlo en nada tras su derrota contra Macri? ¿O qué pasó con Alberto, que pretendió ser un presidente independiente, como si no lo hubiera puesto ella?
Claro que Kicillof tal vez esté hecho de otra madera. Por algo sus rivales K lo llaman “yaten”.














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