En un acto transmitido de manera televisiva, Juan Pablo Quinteros, ministro de Seguridad de Córdoba, presentó el nuevo equipamiento de la Policía local que consta de un guante eléctrico que larga descargas de bajo voltaje.Se trata de los guantes G.L.O.V.E. CD3, un equipo pensado para la reducción de personas en situaciones especiales, diseñado para provocar una parálisis muscular momentánea sin generar consecuencias permanentes.La actividad se realizó en el hall central de la Jefatura de Policía de Córdoba, con la presencia del jefe de Policía, Marcelo Marín, los subjefes Iván Rey y Alberto Bietti, y el secretario de Seguridad, junto a otras autoridades provinciales.
Una situación insólita se vivió cuando el funcionario propuso, delante de las cámaras, que efectivos de seguridad prueben el nuevo dispositivo con su cuerpo. Rodeado de dos agentes, el ministro se preparó para someterse a las descargas del flamante artefacto. “Me parece que no hay nada mejor que lo pruebe quien tiene que decidir la compra. Como no tengo aquí al gobernador, lo voy a probar yo”, afirmó Quinteros, segundos antes, al conductor televisivo del canal provincial El Doce, que transmitía en vivo y en directo el momento inesperado.
En las imágenes difundidas se puede ver como el funcionario recibe la descarga del guante utilizado por un especialista en uno de sus brazos y en cuestión de segundos terminó de rodillas en el suelo con gesticulación de dolor. Una vez reposiciónado con ayuda de personal de seguridad, Quinteros relató la intensidad de la experiencia: “No se aguanta realmente. Lo había visto en los videos, pero uno siente una descarga como si le metieran 10.000 magiclick al mismo tiempo”, y agregó:“En este momento tengo una pequeña molestia en el brazo y creo que estoy siendo coherente en lo que digo. Es muy efectivo”.
La provincia renovó equipamiento y alcanzó la cobertura del 100% de su personal con armamento menos letal, incluyendo armas de puño y largas. El acto sirvió también para mostrar los avances en la formación del personal policial y el compromiso con la actualización tecnológica en materia de seguridad.
En esa línea, las autoridades remarcaron que el uso de tecnología de desescalamiento responde a la necesidad de ofrecer alternativas al uso de la fuerza letal, priorizando la protección de la integridad de policías y ciudadanos. “Nuestro personal, como en todo el mundo, se rige por protocolos de uso escalonado de la fuerza. Bajo la directiva de resguardar tanto la integridad de los efectivos policiales como de la ciudadanía, nuevas herramientas tecnológicas permiten a los policías más y mejores alternativas a la hora de una intervención”, concluyó Quinteros.
En los últimos meses, un dispositivo de seguridad poco convencional ha ido ganando atención en ámbitos policiales y de correcciones a nivel internacional. El término CD3 es un acrónimo de Conductive Distraction and De-escalation Device (Dispositivo Conductivo de Distracción y Desescalamiento), una tecnología basada en pulsos eléctricos de muy bajo voltaje dirigidos a la piel humana que buscan provocar una respuesta rápida de cumplimiento sin penetrar ni lesionar al individuo. Según los fabricantes, la corriente no atraviesa la ropa, el pelo, el metal ni el plástico y se limita a estimular la epidermis, provocando lo que se denomina interferencia neuro-periférica, una estimulación del sistema nervioso que induce incomodidad y una reacción de parada o caída en pocos segundos.
La empresa detrás del G.L.O.V.E., Compliant Technologies —con sede en Kentucky, Estados Unidos— presentó este dispositivo en su catálogo como un emisor de voltaje de salida generada (Generated Low Output Voltage Emitter) que funciona dentro de lo que se conoce como el “continuo de uso de la fuerza”, es decir, como una opción entre el control físico sin armas y las herramientas más agresivas. Su diseño permite que el agente lo tenga siempre a mano, con un interruptor integrado en el guante que activa la descarga en menos de un segundo.

El desarrollo de esta tecnología se remonta a iniciativas del sector de seguridad internacional dirigidas a reducir el número de lesiones tanto en agentes como en civiles, ofreciendo alternativas a las armas tradicionales y a otras de “letalidad reducida” como las pistolas Taser. Según una nota especializada, su impulsor fue Jeffrey Niklaus, veterano de operaciones especiales del Ejército de Estados Unidos, quien a partir de experiencias con versiones rudimentarias desarrolló y promovió el uso de bajas descargas controladas que no ingresan al cuerpo pero sí son efectivas para desescalar enfrentamientos.
El uso del G.L.O.V.E. CD3 se ha documentado en más de 600 agencias policiales de Estados Unidos y en al menos nueve países, con decenas de miles de aplicaciones según estimaciones de la industria, y sin registros públicos de lesiones graves o demandas judiciales relacionadas directamente con su empleo. El funcionamiento es simple, el guante permanece inactivo hasta que el oficial lo enciende y entra en contacto con la piel del sujeto a controlar. Los pulsos eléctricos desencadenan una respuesta nerviosa que puede interrumpir momentáneamente la capacidad muscular, llevando a la persona a caer o a desistir de la resistencia en cuestión de segundos, sin dejar marcas, quemaduras o secuelas visibles.
Si bien defensores de la tecnología argumentan que ofrece una alternativa más segura y humana para situaciones de alta tensión, críticos advierten que cualquier herramienta basada en descargas eléctricas debe considerarse con cautela y entrenarse adecuadamente para evitar su uso indebido o riesgos asociados en grupos vulnerables. La discusión sobre su análisis ético, legal y operativo continúa en paralelo con su expansión entre fuerzas de seguridad alrededor del mundo.















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