POLíTICA | 08-12-2019 10:49

José Alperovich: la caída del señor feudal

Construyó poder durante sus 12 años de gobierno en Tucumán. Pero lo hizo con aprietes, denuncias de acoso, nepotismo y manejo de la caja. El símbolo de un sistema de impunidad.

Supo ser el hombre más fuerte de Tucumán. Tan respetado como temido, José Alperovich gobernó la provincia como si fuera de su propiedad y, luego de tres mandatos consecutivos, continuó su liderazgo desde el Senado de la Nación. No había nada que se le escapara. Con el respaldo nacional, que le permitió ejercer el mando a su antojo, transformó a la provincia en una especie de Macondo: en cada institución, en cada municipio y en cada organismo influyente, se las ingenió para ubicar a una persona de su extrema confianza. En casi veinte años, se convirtió en el verdadero amo de su tierra. Pero el poder nunca es infinito y el señor feudal cayó en desgracia. La derrota en las últimas elecciones lo había dejado en el piso, pero el golpe final vino desde donde menos lo imaginaba: su propia familia. La denuncia por abuso sexual en su contra que presentó en la Justicia una de sus sobrinas, lo derrumbó. 

En su demanda, la joven de 29 años no solo señaló a Alperovich como un violador. En una carta que difundió a los medios, aseguró que los abusos habrían ocurrido durante más de un año y que más de uno lo sabía: “No podía salir sola del encierro porque sabía que tras la primera puerta había caseros, y policías y custodios armados. Todos sabiendo lo que estaba pasando adentro y cuidando las fronteras de él”, escribió. NOTICIAS consultó a 10 personas que conocen los entretelones del poder tucumano y al propio ex gobernador. Todos coinciden en que el relato es, de entrada, verosímil. Ninguno dice haberse sorprendido al conocer el caso. 

En Tucumán, y también en los lugares que frecuentaba Alperovich en Buenos Aires, su trato hacia las mujeres era tema de conversación. Cada vez que aparecía una chica en una reunión de Gabinete, en un evento social o en recorridas territoriales, Alperovich siempre daba la nota: que si era linda, que si la pollera le quedaba bien, que si el escote resaltaba. El tono, siempre, como si fuera un chiste. Y, alrededor, un séquito de aplaudidores lo festejaba. 

Quienes lo conocen, cuentan que Alperovich dispuso de todo como si fuera propio: desde las cajas públicas o los cargos estatales hasta las mujeres. En la provincia, las avanzadas y los comentarios fuera de lugar de Alperovich son vox pópuli. Las historias de infidelidades se mezclan con los tejes políticos y el temor a hablar es una constante. “¿Quién garantiza que se investigue algo si tiene personas que trabajan para él en los tres poderes? Acá no habla nadie”, confiesa un periodista tucumano que prefiere reservar su identidad.  

José Alperovich

De hecho, hasta ahora, ninguna denuncia lo había golpeado. Las sospechas por corrupción tienen larga data y acumulan expedientes en la Justicia, donde jamás se presentó a declarar. También salió ileso -al menos por ahora- en la investigación por la muerte de Paulina Lebbos, la joven que murió en una fiesta organizada por “los hijos del poder” y que salpicó a Daniel, uno de sus hijos (ver recuadro). Sus detractores más fuertes dicen que no sólo gozó de impunidad y protección durante el kirchnerismo sino también en los años de Cambiemos. En el Senado duermen cuatro pedidos de desafuero en su contra que jamás avanzaron. 

El caso de su sobrina se difundió mientras el ex gobernador vacacionaba en Miami, desde donde ensayó una primera respuesta. En sus redes sociales desmintió la acusación y reveló el nombre de la joven, que se mantenía en reserva. En un intento por mostrarse fuerte, afirmó que no iba a dejar su cargo en el Senado y que, a pesar de todo, planeaba asistir a la asunción de Alberto Fernández. Días después terminó por oficializar un pedido de licencia por seis meses y, en el peronismo, ya le empezaron a soltar la mano.

José Alperovich

La explosión. El viernes 22 de noviembre el caso tomó estado público a través de una carta abierta escrita por la joven denunciante. “Durante un año y medio, mi tío violentó mi integridad física, psicológica y sexual”, aseguró. Los hechos habrían sucedido entre diciembre del 2017 y mayo de este año. El vínculo que unía a la denunciante y a Alperovich era personal (el padre de la mujer es primo hermano del ex gobernador) y laboral (ella trabajó bajo su mando desde diciembre del 2017 hasta mayo de este año). La denuncia no fue solamente pública sino que ese mismo viernes fue presentada en la Justicia de Tucumán y en la de Capital Federal, los dos lugares donde habrían sucedido los hechos. 

“No queríamos que saliera a la luz y que el lunes todo el mundo se hubiera olvidado”, explicó a NOTICIAS la vocera de la denunciante, Milagro Marione. La presentación judicial de la mujer no fue un arrebato ni estuvo improvisada. Se pensó durante meses el cómo y el cuándo. El relato es crudo: “No quería que me besara. Lo hacía igual. No quería que me manoseara. Lo hacía igual. No quería que me penetrara. Lo hacía igual. Inmovilizada y paralizada, mirando las habitaciones, esperando que todo termine, que el tiempo corra”.

Clan Alperovich

 

Marione contó que la joven tardó en poder renunciar a su trabajo y que, cuando finalmente tomó el coraje, su cuerpo ya le estaba pasando facturas: “Había bajado más de 10 kilos, había perdido las uñas, el pelo. Estaba muy estresada”. Y, lo primero que hizo fue buscar ayuda. Habló con su familia íntima y comenzó a asistir a grupos de mujeres víctimas de violencia. “Quería escucharlas pero iba sin decir nada. Sabía que si decía el nombre, exponía a otras personas”, agregó la vocera. 
Defensa complicada. Alperovich intentó despegarse del asunto con una serie de tuits y contrató un abogado de forma inmediata. Mariano Cúneo Libarona, que se hizo cargo de su defensa, dialogó con NOTICIAS y aseguró: “Él va a demostrar su inocencia, estamos estudiando el tema. Tiene testigos, tiene mensajes de texto, cámaras. Está a disposición de la Justicia y estamos estudiando el tema”. 

Más allá de la palabra del abogado, no hubo en esta semana voces fuertes que respaldaran al senador. Tres de sus cuatro hijos lo apoyaron. El mayor, Gabriel, le dedicó un posteo en Instagram y dijo que “todo esto es una gran mentira”. Sarita Alperovich (que acaba de asumir como legisladora), replicó los tuits de su padre. Mariana, la más desconocida del clan, escribió en Facebook: “Como mujer me solidarizo con las víctimas y sobrevivientes de violencia de género. Pero en este caso, en esta denuncia falsa, plagada de mentiras y manipulaciones, yo creo en mi papá”, publicó y agregó: “Además, conozco a la denunciante y también sé lo que vivió y con quién lo vivió”.

El silencio de la esposa del senador, Beatriz Rojkes, llama poderosamente la atención. Defensora acérrima de su marido en todos los embates de los últimos años, ahora nadie sabe qué piensa.

José Alperovich

Vox populi. El impacto que generó la denuncia podría entenderse por el movimiento de mujeres en Argentina y por cómo cambió el tratamiento a estas denuncias luego del caso de Thelma Fardin. Sin embargo, no es suficiente. Que la historia haya resultado tan verosímil, incluso para personas que conocen a Alperovich, tiene que ver con su fama. Uno de los ejemplos más claros se vio en la entrevista televisiva que le hicieron los periodistas Indalecio Sánchez y Carolina Servetto meses atrás. El senador no tuvo reparo en hacerle chistes desubicados a la mujer. Todo quedó registrado. Según pudo saber NOTICIAS, la incomodidad ya había empezado fuera de cámara, ni bien Alperovich llegó al estudio y la empezó a “avanzar”. 

En la prensa tucumana todos cuentan que esto es así. De hecho, entre colegas siempre se advertían evitar entrevistas a solas con el ex gobernador. “Es un desaforado, nadie lo puede frenar”, reconoce alguien que lo conoce. Una anécdota puede sintetizar esta idea: “Hace un tiempo, en la casa de su ex secretario privado, hizo una reunión para agasajar a todas las periodistas mujeres, las únicas invitadas. Una no quiso ir porque conocía cómo era. La llamaron hasta la madrugada para intentar convencerla. Le mandaban mensajes”.

Las historias se repiten de boca en boca: “Una amiga hizo la facultad con una de las hijas de él y siempre contó lo mismo. Ir a estudiar a su casa era incómodo, cada vez que las veía llegar las acosaba, era desagradable. Después de ir un par de veces, no volvieron más”, cuenta un tucumano. Otro, que ocupa un cierto lugar de privilegio y conoce el funcionamiento del poder local, aporta lo suyo: “Si estaba en una reunión de Gabinete y entraba la secretaria, le pasaba la mano por la pierna. Los que estaban ahí se reían”. 

Mismos modos. La impunidad con las mujeres, dicen sus detractores, es la misma con la que gobernó. Hombre que sabe jugar a las traiciones de la política, empezó su carrera en el radicalismo, saltó al peronismo, traicionó a su antecesor en la Gobernación, Julio Miranda, y empezó a construir su propio poder en 2003. Hoy las cosas se le volvieron en contra: quien fuera su vicegobernador, Juan Manzur, cortó con él y lo derrotó en las últimas elecciones. 
Alberto Lebbos, el padre de la joven asesinada en 2006, vivió en carne propia el rigor de la impunidad: “Una vez fui a la Legislatura y me dijeron ‘callate hijo de puta, te vamos a matar’ en plena sesión. En estos años recibí amenazas telefónicas y en la calle”, contó.  

El ex fiscal anticorrupción de Tucumán, Esteban Jerez, aseguró que tuvo que dejar su cargo debido a las presiones. Desde su rol, cuestionó una de las políticas más emblemáticas de Alperovich: la creación del Pacto Social y Económico, que le quitó la autonomía económica a los municipios y creó una única caja que el gobernador administró como quiso. Jerez inició investigaciones por ese tema, por el manejo discrecional del avión sanitario -que Alperovich y su familia usaba para irse de vacaciones- y por un plan de viviendas. Ninguna avanzó. 

Jose Alperovich Tucumán

El clan partido. Los Alperovich-Rojkes acaban de sufrir un embate que nunca esperaron. En Tucumán, siempre tuvieron la imagen de ser una familia unida que jamás se iba a romper. Tanto es así que tíos, primos, y cuñados, conseguían los beneficios de un cargo estatal. Sin embargo, la paz familiar culminó. 

En el entorno de la joven sabían que las consecuencias iban a ser fuertes. Esta semana se difundieron fotos suyas en las que se la acusa de ser “sugerente”, se habla de un intento de extorsión a Alperovich, que se prostituía o que era su amante. Incluso, en las redes circulan videos íntimos dudosos. Una defensa de manual. Ahora será la Justicia la que decida la suerte 
de este señor feudal caído en des-
gracia.

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Giselle Leclercq

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