POLíTICA | 23-03-2021 14:50

La reinvención de Alberto Fernández

El presidente abandonó la moderación y se ató a Cristina Kirchner. Estrategia electoral y tres amigos "traicionados". Los jueces en la mira.

Cuando Alberto Fernández fue ungido candidato a presidente por Cristina Kirchner, se lo veía como el hombre moderado y dialoguista que necesitaba el kirchnerismo para poder entablar un punto de contacto con los empresarios, los medios y la Justicia. Con el círculo rojo.

De aquella promesa electoral hoy quedan solo los recuerdos. En las últimas semanas, y más desde el discurso de apertura de sesiones ordinarias en el Congreso, la retórica del presidente Fernández mutó hacia una posición mucho más radical, sobre todo cuando se trata de la relación con la Justicia.

La crisis del vacunatorio VIP obligó al Gobierno a desempolvar su disputa con el Poder Judicial y así lograr correr del ojo público el escándalo de las vacunas que provocó enojos en todas los sectores e incluso hacia dentro de la propia base electoral de la Casa Rosada. Ni en C5N lo defendieron. Atacando a la Justicia, el panorama se equilibró.

Pero los cambios de Fernández también se están dando en el plano personal. En las últimas semanas tomó decisiones que afectaron a sus amigos: echó al ministro de Salud Ginés González García, bajó de la comitiva del viaje a México al diputado Eduardo Valdés y su último hit fue anunciar la renuncia de su ministra de Justicia e histórica socia comercial, Marcela Losardo.

Peleas. Los que conocen íntimamente al Presidente aseguran que en su interior está sucediendo un fenómeno profundo y complejo, que excede por mucho a la política y que no es sólo achacable a las presiones de Cristina y los suyos. Es que en tan sólo quince días Alberto Fernández rompió relaciones, y con algunos quedó en pésimos términos, con tres amigos suyos de, literalmente, toda su vida: Ginés González García, Eduardo Valdés y Marcela Losardo. Es como si Alberto estuviera sobrepasado por la situación.

Los que hablan con el ex ministro de Salud aseguran que quedó “muy golpeado” por su eyección del gabinete, pero, sobre todo, por las formas. “Hay maneras y maneras”, explicaba un histórico amigo de ambos, intentando entender la decisión presidencial pero visiblemente dolido. Es que Ginés pretendía entregar su renuncia personalmente, en la Casa Rosada, pero tan sólo recibió un escueto mensaje directo del jefe de Gabinete que le notificaba la decisión de su otrora amigo. “Eso no se hace en el peronismo, no podés echar a un tipo como Ginés por la puerta de atrás”, cuenta. Este “código” no escrito dentro del movimiento es algo, razonan íntimos amigos presidenciales, que Alberto conoce. ¿Qué lo llevó a tan torpe decisión?

Fue algo similar a lo que sucedió con Valdés, de quien el mandatario es amigo desde que ambos se conocieron en la Facultad de Derecho antes de cumplir los veinte años. Es que él y el senador Jorge Taiana fueron los únicos dos que Fernández mandó a bajar del viaje a México, luego de que estallara el escándalo del “Vacunagate”. Otra vez los íntimos de Alberto -el presidente recibió incluso llamados internacionales de amigos que masticaban bronca- se revolvieron por la decisión. “Ellos se vacunaron como se vacunaron todos y resulta que ahora son los únicos que tuvieron la culpa. Es increíble”, contaban en los pasillos de la Rosada. Y de nuevo en este episodio se ve a Alberto tomando decisiones contradictorias y a las apuradas: a los pocos días de bajarlos del avión los defendió desde México. “Le agarró culpa”, cuenta un funcionario que lo acompañó. De ser cierto, es la misma culpa que lo llevó intentar recomponer relación con los afectados, intento que por ahora no prosperó.

A Losardo, de cuya hija es padrino, Alberto también la dejó expuesta. “Marcela, que no viene de la política, está agobiada”, dijo en una nota con C5N, confirmando su salida y además, para varios, ridiculizándola en público. “Marcela estaba ahí porque Alberto se lo había pedido, porque justamente, cuando asumió, quería una relación con la Justicia como la que tuvo ella: sin aprietes ni acuerdos por abajo de la mesa. Ahora, que resulta que ya no quiere eso, porque lo presiona el cristinismo, la echa y encima la quema. Es de no creer”, se lamentaba un amigo de Losardo. Un dato para nada menor: Losardo acompañó a Fernández durante todos sus pasos por el Estado, o sea que sí viene de la política.

El caso más emblemático quizá sea el de Valdés: Alberto quemó puentes con uno de los pocos de su círculo inmediato que tiene buena relación con Cristina y el cristinismo. Es la contracara de lo que sucede con el riñón diario (que no significa que sea el que tiene más poder) de Fernández, y que representan la última línea de resistencia del albertismo: Vilma Ibarra, Julio Vitobello, Juan Pablo Biondi y Gustavo Beliz, por citar algunos casos, son funcionarios que o tuvieron históricas peleas con el cristinismo o de mínima lo miran con desconfianza. Francisco Meritello, secretario de Medios y cuñado de Beliz, incluso desafió en público a la ex presidenta y le retrucó que para él no hay “funcinarios que no funcionan”. “¿Cómo va a terminar esto? Los que están todos los días con Alberto piensan todo el tiempo que Cristina y los kirchneristas los quieren cagar”, reflexiona una fuente de Olivos que ve con preocupación este fenómeno. El Presidente está entre la espada y la pared.

El futuro electoral de la coalición tampoco es un factor ajeno a este nuevo perfil de Fernández. Si se analiza con mirada empresarial, se podría decir que Cristina Kirchner es la accionista mayoritaria de la coalición de Gobierno, por lo que fidelizar la la relación con el sector K del oficialismo sería una de las jugadas más inteligentes. El núcleo duro kirchnerista ve con buenos ojos la diatriba anti Poder Judicial. En este punto, Fernández suele defenderse diciendo que él siempre pensó así: “Yo dije lo que toda mi vida dije de la Justicia, y cuando terminé de hablar los títulos de los diarios fueron ‘Alberto se kirchnerizó’. Si ‘kirchnerizarse’ es romper la voluntad de diálogo, no cuenten conmigo porque yo voy a seguir buscando el diálogo hasta el último día de mi gestión”. Resultó llamativo que el Presidente defina al kirchnerismo con valoraciones negativas.

Apuntados. No es una novedad que Carlos Stornelli está en la mira del Gobierno. Fue el fiscal de la causa cuadernos y estuvo en la cuerda floja por la investigación que involucra al falso abogado Marcelo D’Alessio por espionaje y aprietes. En los últimos días hubo un intercambio entre el Gobierno y Stornelli. “En la Argentina de hoy, hay un fiscal procesado por delitos tan severos como el espionaje ilegal de ciudadanos o el de extorsión que sigue en funciones como si nada de esto lo afectara. A él no se le aplica aquella doctrina que recomendaba la detención preventiva de personas cuando su 'poder residual' pudiera afectar la investigación. Es cierto. Su poder no es residual. Está vigente”, dijo Fernández en su discurso ante el Congreso. Días después, el fiscal le respondió por televisión: “Cuando deje de ser Presidente, algún día vamos a tener una charla de hombre a hombre”. Estas palabras fueron tomadas por Cristina Kirchner, quien se refirió a Stornelli cuando le tocó exponer frente a la Cámara de Casación por la causa dólar futuro. “Me tocó ver y escuchar a este fiscal de la Nación en la televisión. Es la metáfora perfecta. Este hombre amenazó al Presidente de la República. De hombre a hombre no: de fiscal a ex presidente. Lo va a querer ver en un sillón para tomarle indagatoria”, lanzó Cristina. En una entrevista con C5N, el presidente se refirió al tema: “No me sentí amenazado, primero me parece que Stornelli ha perdido mucha entidad, mucha credibilidad”.

Otro apuntado es el juez de Casación Gustavo Hornos, a quien denunciaron por una serie de visitas a la Casa Rosada durante la gestión de Macri. En el kirchnerismo deslizan que si se miran los registros de la Quinta de Olivos, habría más visitas. El encono con Hornos es tal que hasta desempolvaron un viejo expediente que hoy encuadraría en un caso de violencia de género. Es una denuncia de 1987 que le hizo su esposa cuando ella tenía 26 años y él 29. El documento circula en grupos de Whatsapp kirchneristas y también en el universo de Comodoro Py. Allí se describe por parte de ella una situación de golpes y está acompañado por un peritaje que confirma las lesiones. El caso no salta a la luz porque la causa fue cerrada, pero su viralización tiene otro objetivo: mellar la imagen del juez.

En la Corte Suprema de Justicia, quien recibió los golpes del nuevo Fernández fue su vieja apadrinada, Elena Highton de Nolasco, a quien el Presidente apuntó sin nombrarla: “La relación corporativa que los vincula –a los jueces de la Corte–, ha permitido que muchos de ellos permanezcan en sus cargos más allá del tope de edad que la Constitución impone”. El límite es 75 años. Highton de Nolasco tiene 78.

Del ataque a los jueces se puede percibir una particularidad: por ahora todo se reduce a una cuestión retórica. En ningún caso se avanzó con reales intenciones de correrlos de sus cargos o de hacerles juicio político. En este punto las falencias no se le pueden achacar sólo a la saliente ministra Marcela Losardo. En el equipo judicial de Cristina Kirchner están el ministro del Interior Eduardo “Wado” De Pedro, el secretario de Justicia Juan Martín Mena y el consejero de la magistratura Gerónimo Ustarroz. Los resultados de este trío no fueron mejores que los de Losardo. Tal vez tienen la ventaja de pertenecer.

El Presidente contó que Losardo “cree que el tiempo que viene es un tiempo que necesita otra actitud”. ¿Qué tiempos vienen? ¿Qué actitud se necesita?

Entre los planes más afiebrados está crear una comisión bicameral de control del Poder Judicial y también un tribunal superior a la par de la Corte Suprema. En su último discurso, Fernández aseguró que iba a reformar el Consejo de la Magistratura y recordó que era un viejo pedido de la Corte Suprema, no sea cosa que se lo declaren inconstitucional.

El mayor desafío para quien se siente en el sillón principal del Ministerio de Justicia será acomodarse a la dinámica de esa cartera, donde el segundo, Mena, no responde de manera orgánica, sino que sus jefes están fuera del ministerio. ¿Estará dispuesto el próximo ministro de Justicia a moverse en estas aguas? A esto debe agregarse que los tiempos que vienen serán más bélicos que los anteriores.

Entre los nombres que se barajaron estuvieron los diputados Ramiro Gutierrez y Martín Soria, a quienes en los últimos días también se sumó la jurista Marisa Herrera, quien participó del cuerpo de expertos que asesoró al presidente en temas judiciales, conocido como Comisión Beraldi. Otro nombre que circuló fue el de Juan Manuel Olmos, jefe de asesores del Presidente y con despliegue propio en temas judiciales. El martes 9, Olmos estuvo cuatro horas en Olivos y uno de los temas centrales de la charla fue la situación del Ministerio de Justicia.

Alberto se reinventó. Ya no hay lugar para los tibios.

 

 

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Rodis Recalt

Rodis Recalt

Periodista de política y columnista de Radio Perfil.

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