La reforma laboral que impulsa el presidente Javier Milei atraviesa su tramo decisivo en la Cámara de Diputados. Aunque el oficialismo confía en reunir los votos necesarios para su aprobación en general, un artículo en particular —el que modifica el régimen de licencias por enfermedad y accidente no laboral— abrió una fisura inesperada dentro de los bloques aliados y amenaza con alterar el tablero.
La controversia se desató a partir de la redacción que establece que, en casos de enfermedad o accidente no vinculados al trabajo, el trabajador podría percibir un porcentaje reducido de su salario. La polémica escaló incluso dentro de sectores que acompañaron al Gobierno en otras votaciones clave. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, admitió públicamente que hubo un “error” en ese punto y anticipó que podrían introducirse cambios para evitar un traspié parlamentario.
En ese escenario, varios diputados oficialistas y dialoguistas quedaron en el centro de la escena. No se trata de un rechazo cerrado, sino de votos condicionados que podrían inclinar la balanza si el texto no se modifica.
Uno de los primeros en marcar reparos fue Eduardo Falcone, del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), que advirtió que no acompañaría el artículo tal como está redactado si no existe un compromiso claro de corrección. Desde su entorno dejaron trascender que no alcanzan explicaciones informales y que el respaldo dependerá de una señal concreta del Ejecutivo.

En el PRO también surgieron reparos. Dentro del bloque que conduce Cristian Ritondo reconocen incomodidad con el artículo de licencias. Legisladores como Florencia De Sensi expresaron en privado y en público su preocupación por el impacto del cambio en casos graves de enfermedad. La postura no implica un rechazo total a la reforma, pero sí abre la puerta a votar en contra en la discusión en particular.
A ese frente se suman diputados alineados con gobernadores, que en conversaciones reservadas transmitieron que el artículo podría generar ruido en sus provincias. En ese grupo conviven referentes del PRO, del radicalismo y bloques provinciales que suelen acompañar al oficialismo, pero que esta vez reclaman cambios antes de levantar la mano.
El problema para el Gobierno no es la oposición dura, que ya anticipó su rechazo, sino la fragilidad del bloque ampliado que le permitió aprobar otras iniciativas. Con números ajustados, uno o dos votos pueden alterar el resultado en artículos sensibles.
Por eso, la Casa Rosada analiza introducir modificaciones antes de la sesión o aceptar cambios durante el debate en particular. La estrategia apunta a preservar la aprobación general del proyecto y evitar que el capítulo de licencias se convierta en un símbolo de conflicto interno.
En definitiva, los diputados que “pueden complicar” la votación no son necesariamente rebeldes declarados, sino aliados con nombre y apellido que condicionan su respaldo. En un Congreso fragmentado, esa diferencia puede ser decisiva.
También te puede interesar

Sturzenegger en el ojo de la tormenta por los recortes a licencias por enfermedad

Políticos en modo therians: el León Milei, el Gato Macri, Pato Bullrich y el Lagarto Larreta

Alberto Fernández se burló de Jonatan Viale: "Día del periodista lechoso"















Comentarios