En las últimas semanas, una denuncia vecinal encendió la alarma social tras conocerse un caso aberrante de maltrato animal en el barrio de Villa Lugano, en la Ciudad de Buenos Aires, cuando un perrito bautizado como “Fénix” fue rescatado por una organización animalista luego de que vecinos registraran en video presuntos abusos sexuales cometidos por su propio tutor en el patio de su casa. El hombre identificado como Pablo Segovia sometía al animal a agresiones durante horas y luego lo limpiaba con una manguera, en un contexto de violencia que motivó la inmediata intervención comunal y policial ante la gravedad de la situación.
La organización Hogar de Patis recibió evidencia del maltrato y decidió acudir con otros integrantes al lugar para rescatar a la mascota, quien tenía apenas cinco meses de edad. La respuesta de las autoridades no fue inmediata, por lo que los vecinos y proteccionistas colaboraron en el procedimiento para extraer al perrito de la propiedad dañada con herramientas, tras lo cual la policía detuvo al supuesto agresor para definir su responsabilidad en un caso que, por la naturaleza de los hechos, ha reavivado el debate sobre la legislación vigente en materia de protección animal.

“Gracias a todos los que ayudaron a que esto sea posible… este bebé de tan solo 5 meses fue rescatado a tiempo. Hoy está contenido, cuidado y lejos de su abusador”, publicó posteriormente una joven activista en redes sociales, destacando no solo el rescate sino la importancia de visibilizar actos de crueldad que muchas veces quedan silenciados ante la falta de acciones oficiales. La contundencia de las imágenes difundidas y la movilización ciudadana circundante también generó un fuerte reclamo para endurecer las penas por maltrato y crueldad animal, que propone aumentar las sanciones e incorporar tipificaciones más claras contra actos de zoofilia y violencia hacia animales domésticos.
Organizaciones proteccionistas vienen alertando desde hace años sobre la necesidad de endurecer las figuras penales que amparen a los animales como “seres sintientes” y no simples objetos, y de articular mecanismos que permitan una respuesta eficaz ante situaciones de maltrato físico o sexual. El testimonio de los activistas que rescataron al perro subraya que “cuando alguien es capaz de ejercer este nivel de violencia sobre un animal indefenso, no es un hecho aislado”; por ello, el caso de Fénix se ha convertido en bandera de una causa más amplia.

La diputada nacional Karen Reichardt, conocida por su carrera mediática y por conducir programas televisivos vinculados al cuidado de mascotas como Amores Perros, se involucró en el caso de Fenix al postear un encuentro con el abogado litigante que defiende los derechos de los animales Marcelo Chumbita. "Me reuní con Marcelo Chumbita, abogado especialista en derecho animal. El está muy involucrado en el siniestro caso del perrito Fénix. Este año los animales tendrán voz en el congreso", posteó la legisladora libertaria. La ex vedette ha utilizado su plataforma para difundir mensajes de adopción responsable y bienestar animal, y recientemente celebró medidas como la habilitación oficial para que mascotas puedan viajar en micros y trenes de larga distancia, subrayando el lazo afectivo entre humanos y animales.
Otra legisladora de la Libertad Avanza también manifestó su compromiso con los animales recientemente. Virginia Gallardo, también electa diputada nacional por Corrientes, ha ganado visibilidad pública por su salto de los medios al ámbito legislativo. La ex novia de Ricardo Fort tras asumir en el Congreso en 2026, reutilizó los carteles de su campaña electoral para construir refugios (cuchas) para perros en situación de calle. Esta iniciativa, que busca proteger a los animales del clima adverso y promover el reciclaje, generó tanto apoyo solidario como críticas en redes sociales por la durabilidad de los materiales.
















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