En una jornada tensa en la Cámara de Diputados de la Nación, la diputada Raquel “Kelly” Olmos, referente de Unión por la Patria protagonizó una de las intervenciones más intensas del debate por la reforma laboral impulsada por el gobierno libertario. La discusión, enmarcada en una huelga general, atravesó más de una decena de horas en el recinto antes de la media sanción que finalmente obtuvo el proyecto oficialista.
Olmos tomó la palabra para cuestionar enérgicamente la iniciativa y el rumbo político detrás de las modificaciones propuestas. En un pasaje de su discurso, la legisladora afirmó que las medidas “permiten hoy al Gobierno de Milei aprovechar esas oportunidades plenas de Vaca Muerta”, en una crítica directa a la orientación de la política pública hacia lo que consideró intereses empresariales, más que una defensa de los derechos de los trabajadores.
La legisladora no se limitó a dar argumentos técnicos: apeló a su memoria histórica y a la tradición militante del peronismo para reforzar su rechazo. Olmos relató que durante sus años de adolescencia, en plena proscripción del movimiento justicialista, le enseñaron un himno que recitó ante sus pares como una manera de expresar su indignación. “Me enseñaron mis compañeras y compañeros de la resistencia un himno… ‘Oligarca caballero, prototipo del negrero, que explotaste al obrero sin tenerle compasión. Ha sonado la campana, anunciando un nuevo día, para el pueblo que veía en Perón su salvación’”, recitó.
En redes sociales, varios activistas de La Libertad Avanza y trolls del mileismo se burlaron del fragmento del himno cantado por la dirigente justicialista. "No están bien", posteó el legislador libertario Alejandro Bongiovanni en su cuenta de X. Otros simpatizantes del oficialismo escribieron frases como "calmese tía Kelly", "demasiado vieja escuela" y "examen psiquíatrico urgente".
La evocación de ese cántico histórico no fue un mero pasaje. En el estrado, la referente porteña de Unión por la Patria buscó poner en tensión la noción de “modernización” que acompañaba al proyecto oficialista con un imaginario de resistencia obrera. Señaló que la disolución del Ministerio de Trabajo y la transferencia de sus funciones hacia una secretaría orientada por perfiles más vinculados al sector empresarial “deja claro cuál es el objetivo: para que muy pocas manos se beneficien sobre la base del esfuerzo y hasta el sacrificio del pueblo”.
Ese tono combativo se mezcló con momentos de la sesión que trascendieron lo estrictamente legislativo. Mientras Olmos hablaba, la bancada de la oposición seguía con atención y aplaudía algunas de sus frases más duras, en un clima de creciente tensión con el oficialismo. A su intervención seguida le sucedieron otras escenas polémicas: la diputada Agustina Propato, tras concluir su discurso, lanzó una arenga que incluyó expresiones hacia quienes apoyaban la ley, ya sin micrófono, ante el aplauso de sus compañeros de bloque.
En otros tramos del debate, el diputado Horacio Pietragalla entregó una cadena metálica sobre el estrado del presidente de la Cámara Baja en señal de protesta, al afirmar que la norma representaba “un retroceso para nuestros derechos laborales, para nuestros derechos históricos y para nuestra Constitución”. La escena fue una de varias que ilustraron el ambiente de confrontación en el hemiciclo entre los representantes del justicialismo y del mileismo.

Finalmente, la Cámara de Diputados dio media sanción a la ley de reforma laboral tras una sesión maratónica que se extendió por más de doce horas y estuvo atravesada por fuertes cruces, además de una huelga general convocada por las centrales sindicales. El proyecto fue aprobado en general, con el respaldo del bloque de La Libertad Avanza, aliados del PRO y sectores dialoguistas, mientras que Unión por la Patria y la izquierda votaron en contra. La votación se definió por 138 votos afirmativos, 109 negativos y 6 abstenciones, tras un clima de fuerte polarización en el recinto.














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