Martes 21 de septiembre, 2021

TEATRO | 24-12-2020 14:23

Balance del año teatral

2020, como consecuencia de la pandemia de Covid-19, será recordado como un año terrible. En apretada síntesis, destacamos sólo algunos hechos significativos.

Si elaborar nuestro balance anual resultaba una tarea inabarcable, en 2020, la pandemia de Covid-19, inesperadamente la sintetizó en un hecho: por primera vez en la historia, los telones del mundo bajaron para evitar la propagación del virus. Algo que ni siquiera había ocurrido durante las grandes guerras. El 20 de marzo pasado, en Argentina, se dispuso el aislamiento social obligatorio y la oscuridad se apoderó de los escenarios.

Nada reemplaza a la experiencia intransferible de disfrutar un espectáculo en vivo ni la comunión que se genera entre espectadores y actores. Cada función es diferente de otra, aunque se trate de la misma obra, puesta e intérpretes. Pero había que seguir adelante y se recurrió al streaming, una de las palabras que definieron la cuarentena. Los espacios oficiales, las salas alternativas, y algunas comerciales, como La Plaza, compartieron gratuitamente y de forma online, registros con espectáculos de años anteriores.

Pero emergió otro problema: la ausencia de archivos audiovisuales dignos. Se alternaron impecables grabaciones, realizadas a varias cámaras, como las de nuestro magnifico Teatro Colón, con otras paupérrimas del Complejo Teatral de Buenos Aires y el Nacional Cervantes, filmadas a plano fijo y distante.

Es una enseñanza que deja el confinamiento: recuperar nuestra memoria escénica. Más con canales oficiales, en Nación y CABA, provistos de equipamiento para realizarla y, a su vez, emitirla en sus pantallas.

A nivel global, nos deleitamos con el acceso libre a impecables producciones del National Theatre británico (que obtuvo millones de visualizaciones en cada transmisión) y de plataformas como la española Teatroteca, la chilena Escenix y la argentina Teatrix.

Afortunadamente, en septiembre, surgió un paliativo inédito; protocolo sanitario mediante, se vio “Mañana, el show”, de Nito Artaza y Cecilia Milone, en el primer auto-teatro de Escobar.

Los teatros oficiales porteños, en septiembre y octubre, comenzaron a ensayar obras que luego fueron grabadas sin público. La despareja iniciativa del San Martín se llamó “Teatro híbrido” y debutó con “El barco” de Mariano Tenconi Blanco. El Cervantes, concurso mediante, ofreció “Nuestro teatro” que se inició con “Al hueso”, de Santiago Dejesus.

El 13 de noviembre, tras más de 240 días, y arduas gestiones ante el entonces intransigente gobierno nacional, pudieron estrenarse en Avenida Corrientes, “El acompañamiento” de Gorostiza, con Luis Brandoni; y “Un estreno o un velorio” de y con Flavio Mendoza, líder en demandar la actividad presencial. También se repuso “Happyland” de Demaría, por pocas funciones.

Después de un 2019 con importante merma de espectadores, sobrevino este año “horribilis”, con tremendas pérdidas económicas para todos los sectores, en especial el circuito independiente.

Finalmente, se lamentaron las partidas de Agustín Alezzo, gran maestro de actores y director; el entrañable actor Hugo Arana y el carismático intérprete Carlos Andrés Calvo, entre otros artistas que vamos a extrañar.

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Jorge Luis Montiel

Jorge Luis Montiel

Periodista crítico de artes y espectáculos.

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