TEATRO | 04-12-2019 00:30

Danza macabra: feroz retrato de la vida conyugal

Personajes en extremo difíciles de asumir, dignos predecesores de los protagonistas de la icónica “¿Quién le teme a Virginia Woolf?” de Edward Albee, los tres destacados intérpretes se inmolan a dentelladas en una ceremonia que expone miserias y acusaciones mutuas.

Como la mayoría de las piezas del escritor y dramaturgo sueco August Strindberg (1849-1912), “Danza macabra”, es feroz y despiadada. Refleja de manera descarnada la visión de las relaciones conyugales que anidaban en su mente. Padeció una infancia difícil, dominada por el autoritarismo del padre y la exacerbada religiosidad de la madre, más una posterior seguidilla de fracasos matrimoniales y desastrosas experiencias íntimas. De personalidad esquizofrénica, durante gran parte de su vida se sintió atormentado y perseguido lo que, sumado a penurias económicas, contribuyó a la búsqueda de refugio en el alcohol y las drogas. Sin embargo, con suma sensibilidad y formidable talento, exorcizó sus fantasmas en una amplia producción literaria cuya cumbre se encuentra en títulos notables como “La señorita Julia” o “Sonata de espectros”.

En este texto, también llamado “La danza de la muerte”, realizó la autopsia de una pareja que celebra sus bodas de plata. La trama es un retrato al vitriolo de la existencia humana y un ejemplo de cómo dos seres normales son capaces de convertir sus vidas en un infierno. La legendaria actriz Alicia (Leonor Manso), atrapada en recuerdos y su esposo, el capitán Edgardo (Antonio Grimau), no pueden vivir sin odiarse uno al otro; pero, a su vez, se necesitan para seguir existiendo. Al borde constante del abismo, reciben la visita de Kurt (Gustavo Pardi), un primo de ella. Alentados por la presencia, desplegarán sus armas de seducción para lograr la atención del pariente y saldrá entonces a relucir una batalla despiadada.

Personajes en extremo difíciles de asumir, dignos predecesores de los protagonistas de la icónica “¿Quién le teme a Virginia Woolf?” de Edward Albee, los tres destacados intérpretes se inmolan a dentelladas en una ceremonia que expone miserias y acusaciones mutuas.

La dirección intensa de Analía Fedra García, bien acompañada por la iluminación sugerente de Marco Pastorino y la escenografía sombría, de tonos apagados de Rodrigo González Garillo, contribuyen a subrayar el aspecto lúgubre de los protagonistas. Un reparo importante: la inclusión del músico en escena; no aporta nada y quita el clima intimista que se requiere.

Calificación: *** ​

“Danza macabra” de A. Strindberg. Con L. Manso, A. Grimau y G. Pardi. Dirección: A. F. García. Regio, Av. Córdoba 6056.

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Jorge Luis Montiel

Jorge Luis Montiel

Periodista crítico de artes y espectáculos.

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