Martes 4 de octubre, 2022

TEATRO | 21-08-2022 00:24

La historia del soldado

Se trata de una obra de cámara escrita para tres actores y siete instrumentistas sobre un cuento popular ruso. Teatro Colón, Libertad 621.

Compuesta por el musico ruso Ígor Stravinski (1882-1971) en 1918, la “L’Histoire du soldat”, fue creada durante su exilio en Suiza, en medio de la desolación producida por la Primera Guerra Mundial. Se trata de una obra de cámara escrita para tres actores y siete instrumentistas sobre un cuento popular ruso. Cuenta el infortunio de un joven soldado que vende su violín al diablo a cambio de un libro con el poder de predecir el futuro. Era un proyecto pequeño, pensado para un teatro ambulante, con el que Stravinski, buscaba señalar nuevos caminos sonoros tras los éxitos cosechados con sus composiciones estrenadas por los Ballets Rusos de su compatriota Sergei Diaghilev. Y vaya si lo logró. Esta pieza terminó por convertirse en un certero alegato contra la codicia y la guerra.

Por su decisión, el autor del libreto, Charles Ferdinand Ramuz (1878-1947), escritor suizo de lengua francesa, trazó una historia moralizante en una obra para ser “leída, tocada y bailada”, en palabras del compositor. El escritor logró un texto a la altura de la brillantez de la partitura. Retomó la leyenda de Fausto y sintetizó una trama que reflexiona sobre la amargura de algunas decisiones personales y la importancia de mantener la integridad a pesar de las circunstancias.

Dentro del espléndido Festival Argerich, nuestro teatro Colón ofreció una versión semimontada con dirección musical de Charles Dutoit, escénica de Rubén Szuchmacher, narración de Annie Dutoit Argerich y actuaciones de Joaquín Furriel (diablo), Peter Lanzani (soldado) y Cumelén Sanz (princesa). El resultado fue brillante, aunque, en una decisión quizás discutible, el puestista hizo convivir de forma paralela, a la pequeña agrupación orquestal con el retablo donde se desarrollaba la acción dramática y se amplificaron las voces.

En primer lugar, por el lujo de contar con Dutoit en la batuta, seguido por las excelentes actuaciones: Furriel, en una camaleónica interpretación que hizo recordar a Willem Dafoe en las puestas de Robert Wilson vistas en Buenos Aires; Lanzani con el tono exacto para el atribulado combatiente, la distinguida presencia y entonación de Dutoit-Argerich, y la aparición etérea de Sanz. A los que se añaden las imaginativas coreografías de Marina Svartzman. Ojalá lo repitan.

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Jorge Luis Montiel

Jorge Luis Montiel

Periodista crítico de artes y espectáculos.

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