Viernes 9 de diciembre, 2022

TEATRO | 19-05-2022 15:08

Otra versión de una historia parecida

“Los otros Duarte”, de Gastón Quiroga. Con C. Sbariglia, G. Flores y J. M. Espeche. Dirección: M. Velázquez. Teatro del Pueblo, Lavalle 3636

Acasi 70 años de su fallecimiento, la figura de María Eva Duarte, continúa teniendo interpretaciones artísticas, tanto en obras de teatro, novelas, libros de no ficción, musicales y películas. Personaje gigantesco, de dimensiones insospechadas, su legado mantiene el interés, tanto a nivel local como internacional. Es tanto lo que se ha escrito sobre ella que resulta difícil imaginar, a estas alturas, qué más se puede contar. Sin embargo, el dramaturgo argentino Gastón Quiroga, encontró una nueva vuelta de tuerca al referirse a ella y a los acontecimientos relacionados con el nacimiento y desarrollo del peronismo, desde la visión de sus tres hermanastros.

El comienzo de “Los otros Duarte”, es potente. Ha muerto el vasco Juan Duarte y mientras Chacha (Cecilia Sbariglia, un huracán en escena), junto a sus hermanos Cholo (José Manuel Espeche, muy expresivo en la ambigüedad moral) y Chichilo (Guillermo Flores, conmovedor en su fragilidad), atraviesan el dolor de la pérdida, reciben en la puerta de su casa de Chivilcoy, la visita de Juana Ibarguren y sus cinco vástagos, entre los que se encuentra la pequeña Eva. El momento genera gran tensión cuando surge el rechazo inmediato. La mujer y sus hijos bastardos, son fruto de una relación extramatrimonial que el difunto tenía en un campo de Los Toldos.

Lo que viene después es un extenso repaso (una buena poda no vendría nada mal), de la carrera de la actriz de radio y cine de aquella hermana no reconocida. Su lucha por los derechos, el ascenso del coronel Perón desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, las elecciones ganadas por mayoría de votos, el viaje a Europa, las fotos en las portadas de revistas con Franco y el Papa, la enfermedad, el duelo forzoso, la misteriosa muerte de su hermano Juan, el derrocamiento y muchos hechos más, aunque todos vistos desde la visión de estos parientes. Algunos, como Chacha, anclados en el rencor, sumergidos en alcohol como el codependiente Chichilo o codeándose con la oscuridad del poder como Cholo.

De alguna forma la pieza plantea la dualidad entre la bondad y su opuesto, algo que termina de hacerse patente gracias a los buenos oficios de los actores y la mano segura del director Marcelo Velázquez.

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Jorge Luis Montiel

Jorge Luis Montiel

Periodista crítico de artes y espectáculos.

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