Opinión / 15 de febrero de 2013

Ratzinger versus Benedicto XVI

El Papa renunció tras una gestión signada por las polémicas.

Como los partidos políticos, los credos religiosos tienen que adaptarse a las circunstancias que, en el mundo actual, suelen cambiar con tanta rapidez que a menudo ni siquiera los pensadores más lúcidos comprenden muy bien lo que está sucediendo. Si no logran hacerlo, morirán. Para una Iglesia que se consolidó en la tardía antigüedad y cuyos líderes se ven constreñidos a reivindicar o, cuando menos, a excusar la conducta de centenares de personajes históricos que se encontraron en situaciones radicalmente distintas de las de nuestros días, esta antipática realidad darwiniana plantea un desafío que intimidaría a cualquiera, sobre todo a un erudito más acostumbrado a lidiar con problemas intelectuales que la mayoría cree esotéricos que desempeñar las tareas múltiples y muy onerosas del encargado de turno de “gobernar la barca de San Pedro”.

No sorprende, pues, que muchos ya hayan decidido que la gestión de ocho años del Papa Benedicto XVI fue un fracaso rotundo; los progresistas lo condenan porque, lejos de prestar la debida atención a sus consejos amables, el alemán siguió oponiéndose al aborto, a la homosexualidad, a la ordenación de las mujeres y otras cosas buenas; los conservadores, porque con frecuencia brindó la impresión de ser extrañamente flexible ante las desviaciones doctrinarias. Para colmo, celebró “sin reserva” los aspectos positivos de la modernidad nacida de la Ilustración, aquella revolución intelectual del siglo XVIII contra la cual ciertos nostálgicos continúan luchando.

Ya antes de convertirse en papa, Joseph Ratzinger era consciente de lo terriblemente difícil que le sería combinar la defensa acérrima de verdades supuestamente eternas con la necesidad de cambiar lo suficiente como para no perder contacto con el mundo que efectivamente existe. El dilema que enfrentó se vio resumido cuando, como Benedicto XVI, anunció que le faltaban las fuerzas necesarias para continuar en su cargo y que por lo tanto lo abandonaría. En aquel momento, muy pocos entendían lo que decía, en parte porque desde hacía casi seis siglos ningún otro pontífice había tomado una decisión tan drástica, pero también porque hablaba en latín, un idioma antes imprescindible para toda persona con pretensiones intelectuales pero que en la actualidad interesa solo a los escasos clasicistas que aún quedan, algunos literatos de gustos anticuados y clérigos por lo común ancianos. Podría decirse lo mismo de la tradición cultural de la que el hombre que en el 2005 se erigió en papa sigue siendo un representante destacado. Luego de siglos de virtual hegemonía en Europa, es rechazado por muchos que la consideran propia de un estilo de vida que les parece exótico y nada atractivo. Mal que le pesara a Ratzinger, un pensador que se ha familiarizado con los debates filosóficos de otros tiempos, le tocó vivir en una época de ruptura, una signada por el desprecio, que le parecía suicida, de las elites dominantes por el pasado occidental y también por el futuro, ya que quienes no sienten ni interés ni respeto por lo hecho por sus propios antepasados supondrán que sus descendientes serán igualmente propensos a consignar al olvido a los suyos. He aquí un motivo por el que la generación que está comenzando a jubilarse no titubeó en acumular deudas monstruosas que sus sucesores tendrán el privilegio de saldar. La voluntad del pontífice que, para desconcierto de los fieles también pasará a retiro dentro de un par de semanas, de reintroducir el empleo del latín en la misa reflejaba el deseo de restaurar los vínculos con los europeos de generaciones ya idas, de respetarlas en lugar de tratarlas como brutos imperialistas reaccionarios, culpables de todos los males del mundo actual.

 

8 comentarios de “Ratzinger versus Benedicto XVI”

  1. El comentario de James es de un alto contenido intelectual, obviamente, para opinar de Ratzinger se necesita un alto nivel de razonamiento para analizar como él hizo el verdadero contenido de las palabras que el papa dijo en su discurso en la Universidad de Ratisbona, .ante lo cual la mayoría de los periodistas, en su momento despotricaron en su contra. Yo creo que la caricatura no la hubiera aprobado el señor Nelson. Aunque no todas sus opiniones son de mi agrado, avalo esta.

  2. Es increible como la gente se puede burlar y dibujar un papa con una jarra en la cabeza pero si decis algo de un homosexual terminas en cana.

  3. El autor de la nota desconoce la vida del papa y la historia de la iglesia Comparto con ustedes las palabras de Julián Carrón ante el anuncio de la renuncia del Papa.

    Carrón (CL): «La increíble libertad de un hombre aferrado por Cristo»
    11/02/2013
    En relación con el anuncio en que Benedicto XVI renuncia al ministerio petrino, don Julián Carrón, presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación, ha declarado:

    «Con este gesto, tan imponente como imprevisto, el Papa da testimonio de una plenitud tal en la relación con Cristo que nos sorprende, pues supone un acto de libertad sin precedentes, que privilegia ante todo el bien de la Iglesia. Así muestra ante todos que está totalmente confiado al designio misterioso de Otro.
    ¿Quién no desea una libertad como la suya?
    El gesto del Papa es un reclamo poderoso para que renunciemos a cualquier seguridad humana, confiando exclusivamente en la fuerza del Espíritu Santo, como si Benedicto XVI nos dijese con las palabras de san Pablo: “Estoy persuadido de que el que ha inaugurado en vosotros esta obra buena, la llevará adelante hasta el Día de Cristo Jesús” (Flp 1,6).
    A través del anuncio del Papa, el Señor nos pide que traspasemos toda apariencia, atravesando el entusiasmo humano con el que habíamos saludado la elección de Benedicto XVI y con el que lo hemos seguido en estos ocho años, agradecidos por cada palabra suya.
    Con el deseo de vivir la misma experiencia de identificación con Cristo que ha inspirado al Papa este acto histórico para la vida de la Iglesia y del mundo, acogemos también nosotros con libertad y llenos de asombro este gesto extremo de paternidad, realizado por amor a sus hijos. Confiamos su persona a la Virgen para que siga siendo padre, para que siga dando la vida por la obra de Otro, es decir, por la edificación de la Iglesia de Dios.
    Unidos a todos los hermanos, junto con Benedicto XVI, pidamos al Espíritu de Cristo que asista a la Iglesia en la elección de un padre que pueda guiarla en un momento histórico tan delicado y decisivo».

  4. son tiempos de desici ones rápidas y en el momento, la fé es de cada persona hacia Dios , y debe tenerse en cuenta las luchas de poder y falta de humildad de cada uno de los involucrados
    en está confrontación terrenal.-

    1. me parece perfecto, que mi comentario esté pendiente de moderación, y el mismo diario Perfil de
      hoy habla de fisuras, o resquebrajamientos en la interna que conocemos muy por encima , pero los hombres tenemos algo en común el :Deseo de poder.-.gracias por poder opinar y debatir.-

  5. Siempre felicito y recomiendo los análisis de James Neilson. En muchos sentido, éste también lo merece… pero me hago unas preguntas: ¿Fracasó Jesucristo luego de su sermón de la Montaña, cuando muchos se fueron diciendo que su propuesta era demasiado dura y preguntó a los apóstoles si también querían irse? ¿Fracasó al ser crucificado? ¿Fracasaron Pedro, Pablo y todos los mártires? ¿Fracasaron santo Domingo, Francisco, Ignacio, Tomás, Santa Teresa? ¿Fracasaron Pablo Vi y Juan Pablo II? Si es así, la Iglesia sería la institución que más ha fracasado en la historia… O será que aunque no se acepte su prédica (lo que no significa dice el autor que esté equivocada) la Iglesia cumple en enseñar lo que sabe, lo que ha recibido de su tradición y de las Escrituras, porque está llamada para eso… Porque, como dice Jesús en el Evangelio “mi reino no es de este mundo”

  6. James Neilson, con NOTICIAS, nos entregan una síntesis conmovedora en muchos aspectos, sobre la realidad por la que navega en éste este ciclo la sociología que abarca una ponderable extensión del mapa del mundo, donde coinciden credos que dominan conductas y tendencias, propias de la grey humana en la particularidad vivencial de su crisis. Benedicto XVI al “timón” de la Iglesia Católica, se estrella contra una realidad inconmovible, aunque particularmente cambiante en su acelerado desgaste, una vieja realidad, reitero, mucho más inconmovible que las antiguas estructuras, cuya marcha inexorable no podrá modificar, ni siquiera contener. -El resultado: la honestidad de admitir y renunciar-. No será que DIOS no reside en las poderosas administraciones, sino en la estricta observancia de los X MANDAMIENTOS que debe vivir en la humildad cada uno de sus miembros? – Muchas gracias

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