Costumbres / 10 de marzo de 2017

Las cinco trampas económicas del machismo

Hay más mujeres pobres que hombres pobres. Mercedes D’Alessandro, especialista en economía con perspectiva de género, traza un mapa de las desigualdades.

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Sueldos. Históricamente las mujeres han luchado por la igualdad de salarios. En la Argentina, la brecha salarial es del 27% y llega al 40% en trabajadoras precarizadas.

Hace poco más de un año, la actriz Robin Wright, protagonista de la serie “House of Cards”, mantuvo una tensa negociación con Netflix al firmar su nuevo contrato. ¿El motivo de la disputa? Quería que le pagaran lo mismo que a Kevin Spacey, el actor que encabeza con ella el elenco del programa. Su pretensión estaba basada en números concretos. Las estadísticas mostraban que su personaje tenía la misma popularidad que el de Frank Underwood, su marido en la ficción. “Así que reclamé lo mismo que él”, explicó Robin.

Con más o menos glamour, la cuestión de la igualdad del salario atraviesa clases sociales y diversidad de empleos para llegar a una conclusión contundente: las mujeres ganan menos que los hombres, son más pobres y, además, la sociedad las hace responsables de una cantidad de tareas no rentadas que las alejan de la posibilidad de crecer profesionalmente.

Las cuestiones no son nuevas. Todos hemos escuchado alguna vez hablar de los pormenores de esta desigualdad. Pero el tiempo pasa y las diferencias siguen intactas.

“Todos los mercados de trabajo en el mundo están sostenidos en el hecho de que la mujer se ocupa de ciertas tareas a muy bajo costo” -explica la periodista Katrine Marçal en su libro “¿Quién le hacía la cena a Adam Smith?”. La economía en su totalidad descansa sobre esta desigualdad. Y es tan evidente y “normal” que nadie realmente la ve.

Una nueva camada de economistas en el mundo, están investigando y aportando conocimientos para corregir este tremendo error de percepción.

Mercedes D’Alessandro es una de ellos. Economista, editora de la página Economía Femini(s)ta y autora del libro “Economía Feminista. Cómo construir una sociedad igualitaria sin perder el glamour” (Sudamericana) demuestra en sus investigaciones cómo la cuestión del dinero atraviesa todos los aspectos de la vida de una mujer: la maternidad, la pareja, la profesión, el deseo. Ella nos ayudó a definir los cinco problemas que las mujeres no logran resolver dentro del actual sistema económico.

Porque en tiempos de “NiUnaMenos” vale la pena recordar que la plena igualdad económica es el primer paso para detener la violencia contra las mujeres.

1- Las mujeres ganamos menos que los varones. “Esta afirmación es un hecho en todo el planeta”-explica Mercedes D’Alessandro. En los Estados Unidos, por ejemplo, una mujer gana 79 centavos por cada dólar que gana un varón. En la Argentina, la brecha salarial es del 27% y llega al 40% cuando hablamos de trabajadoras precarizadas. En muchos países están empezando a exigirle a las empresas que muestren los datos salariales, dado que existen leyes de “pago igualitario”, que o bien no se cumplen, o se esquivan con artilugios.

2- El techo de cristal existe. Se llama “techo de cristal” al tope virtual que existe para el ascenso de las mujeres a las primeras posiciones.
“Las mujeres no sólo ganamos menos que los varones, sino que además nos cuesta escalar en las jerarquías laborales, científicas, políticas. ¡En todas!”-explica D’Alessandro-. “Si tomamos el ranking de las 500 empresas más grandes del mundo, solo el 4% tiene a una CEO mujer. Uno podría pensar que es una cuestión de méritos, pero lo cierto es que las mujeres son la mitad de las trabajadoras en estas mismas empresas, pero empiezan a desaparecer cuando miramos la cima de la pirámide. ¿No están suficientemente formadas? Los datos muestran, por el contrario, que las mujeres tenemos en promedio más años de educación y muchas veces encontramos chicas con más diplomas que su jefe. Hace poco salió una nota que hablaba de las conversaciones en el vestuario post partido de futbol ‘la rosada versus ministerios’. En esos partidos no participan mujeres, por tanto tampoco están para esos ambientes de discusión ‘distendida’ y socialización. Muchas no llegan al brindis en el ‘after office’, donde quizás se cocinó una promoción o un viaje, porque tienen que ir a buscar a los pibes a la escuela. Y ni hablar del problema que representa para las mujeres que ellas tengan 3 meses de licencia de maternidad y los papás de sus chicos solo 2 días. No solo las encarece como trabajadoras sino que además no les asigna ningún rol a los papás en el cuidado, reforzando estereotipos de género”.

3- Las mujeres hacemos mucho trabajo impago. La economía se basa en este trabajo gratuito. “Si yo te pregunto si hoy trabajaste, seguramente vas a pensar en tu oficina pero no en que lavaste los platos o fuiste al super. Esas tareas las asumimos como un no trabajo. La cuestión es que para muchas personas, la suma de todas esas actividades (cocinar, limpiar, atender a los niños y adultos del hogar) lleva muchas horas y compiten con las que le pueden dedicar a trabajos pagos -dice D’Alessandro-. En la Argentina, según una encuesta nacional del INDEC, las mujeres realizan el 76% de estas tareas domésticas no remuneradas. Esto, por supuesto, impacta sobre la calidad de vida que llevan y sobre el tiempo que disponen para hacer otras tareas como estudiar o trabajar fuera del hogar. Muchas aceptan trabajos precarios para poder conciliar el trabajo no pago con el trabajo pago. Esta asimetría es un poco anacrónica. En los años ’60, solo 2 de cada 10 mujeres trabajaba fuera (el resto era ama de casa ‘full time’). Hoy son 6 de cada 10 las que trabajan en el mercado”.

4- Hay más mujeres que hombres pobres. Así lo explica Mercedes D’Alessandro: “En los años ’70, la ONU empezó a advertir un proceso de feminización de la pobreza. Incluso el año pasado, artistas como Meryl Streep o Bono, presentaron un documento que se llama ‘la pobreza es sexista’. Esto está relacionado con lo anterior: muchas niñas y adolescentes dejan la escuela para hacer tareas del hogar o cuidar a sus hermanos mientras las madres trabajan (en general de empleadas domésticas o en empleos precarios). En la Argentina se llama ‘ni ni’ a los jóvenes que ni trabajan ni estudian, sin embargo en ese universo la mayoría son mujeres que sí están haciendo trabajos en sus hogares. Por eso es tan importante considerar estos conceptos, para poder entender que no se trata de un cuestionamiento existencial o un desgano/desinterés por el mundo, sino que no tienen la posibilidad de estudiar o trabajar”.

5- Ser madre no es rentable. La maternidad afecta el destino de las mujeres de las más diversas maneras. No sólo recae sobre ellas, por lo general, la mayor parte de la responsabilidad de cuidar y criar a sus hijos, sino que además, para trabajar deben delegar en otras mujeres esa tarea. Estas últimas están ocupadas en forma precaria, sin seguridad social y ganando salarios muy bajos. Las sociedades modernas no han podido, todavía, resolver la mejor forma de acompañar a las mujeres en esta etapa. “Hay que transformar la actitud que felicita a los hombres por cambiar un pañal, estigmatiza a los papás ‘full time’ y penaliza a las madres que trabajan”, escribió Barack Obama. D’Alessandro reproduce una cita de Mabel Burin que define bien la situación: “las mujeres deben pagar un precio elevado si quieren sostener simultáneamente deseos que en apariencia son contradictorios: deseos de prestigio, de reconocimiento social y de ocupar posiciones de liderazgo en el ámbito público, a la vez que desos maternales y de crianza de sus hijos e hijas en la intimidad familiar”.

Liberar a las mujeres de los discursos que las estigmatizan en el modo de ejercer su rol maternal es uno de los pasos para detener la violencia.

 

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