Política / 28 de diciembre de 2017

Anuario político: un 2017 no apto para cardíacos

Un repaso de los sucesos que marcaron el año: elecciones, Maldonado, submarino, presos K, guerra por los jubilados, y sigue la lista.

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Me piden los responsables de este sitio web que escriba una suerte de anuario sobre lo que nos dejó la política en el 2017. Encarar semejante tarea en un país en el que prácticamente todas las semanas estalla una bomba noticiosa que va tapando la anterior, en una secuencia sin principio ni fin, requiere de un esfuerzo de memoria prodigioso. Un año, en la Argentina, equivale a diez.
Veamos si no.

Enero y febrero arrancaron calientes con un in crescendo que empezó con la acusación al jefe de Inteligencia del Gobierno, Gustavo Arribas, señalado por la supuesta triangulación de coimas de la obra pública, siguió con una frase estruendosa de otro gran amigo y funcionario de Macri, “Juanjo” Gómez Centurión, que negó que la última dictadura tuviera un “plan sistemático” para desaparecer gente, y terminó con el escándalo del Estado intentando condonarle una deuda multimillonaria a una empresa de la familia del Presidente, Correo Argentino. Hasta diez puntos en esas pocas semanas perdió Macri antes de dar marcha atrás con todo.

Marzo le echó más nafta al fuego con la pulseada del oficialismo contra la llamada “mafia” docente de Baradel que pretendía salarios más dignos, subió la temperatura con los cortes y las movilizaciones callejeras y culminó con el clímax de una Plaza anti PRO el día 24 de marzo, aniversario del golpe de 1976, y una exaltada Hebe de Bonafini vociferando: “Macri es un reverendo hijo de re mil putas”.

Abril, cual Pascuas, significó la resurrección del Gobierno con la masiva marcha del 1A que envalentonó al staff oficial y mostró lo exitosa que puede ser una convocatoria impulsada a través de las redes sociales, la gran trinchera macrista.

Mayo y junio tampoco dieron respiro con la saga ascendente de las coimas de Odebrecht que presuntamente involucraban a funcionarios K y a un primo de Macri como Angelo Calcaterra, y con la consiguiente reacción política de CFK candidata, en busca de revancha, fueros o lo que cada cual interpretara a un lado y otro de la grieta.

Calcaterra, el polémico primo de Macri.

Julio mostró a los contendientes de las legislativas en acción: una Cristina inusualmente apaciguada y bondadosa contra un Esteban Bullrich que derrapaba cada vez que decía algo (como cuando se felicitó por los logros del PRO, “un metro más de asfalto, una sala más, un pibe más que está preso”), hasta que al final ya no dijo nada y le cedió el protagonismo a su madrina, la gobernadora “Mariú” Vidal.
Agosto sorprendió con el resultado de las PASO que reflejó una paridad extrema entre Cristina y el Gobierno, a pesar de las encuestas previas que habían anunciado una hecatombe para Macri. La frutilla del postre fue el insólito recuento de votos que se suspendió ya entrada la madrugada y dejó al oficialismo por encima de CFK, al menos durante unos días.

En septiembre se cumplió el primer mes de la desaparición de Santiago Maldonado y una multitud en las calles le reclamó respuestas al Gobierno en general y la Gendarmería en particular, mientras Macri y la ministra Patricia Bullrich se obstinaban en minimizar el asunto en plena campaña.

Octubre significó el veredicto final de las urnas, con un macrismo que consiguió derrotar a Cristina Kirchner por un margen de cuatro puntos y así borrar para siempre el fantasma del “volveremos, volveremos”. Para el Presidente fue la necesaria confirmación de su poder y agenda de gobierno. Días antes de los comicios, los restos de Maldonado fueron hallados en el río Chubut para sumar más dramatismo.

Noviembre y diciembre marcaron un fin de año demencial con escándalos que se sucedieron sin pausa: una nueva desaparición, pero de un submarino en lugar de un mochilero, la muerte de un militante mapuche a manos de los gendarmes, la fulminante embestida de la Justicia contra medio gobierno K, con detenciones como las de Boudou, De Vido, D’Elía, Timerman, Zannini y Cristóbal López, junto con el pedido del juez Bonadio de sacarle los fueros parlamentarios a Cristina para también encarcelarla, y por último el antipático ajuste a los jubilados que se transformó en un infierno de piedrazos, balas de goma y enfrentamientos en las calles, con una nueva caída del Presidente en las encuestas.

Y eso es todo, amigos, sin contar otros temas que también decoraron este año agitado como el informe de los peritos de Gendarmería que, algo flojo de papeles, sostiene que a Nisman lo mataron entre dos sicarios en el baño apretujado de su departamento, o el deceso en plena calle de Aldo Ducler, el hombre que manejó los millones K de Santa Cruz en el exterior, o el adiós a Ernestina Herrera de Noble, la influyente dueña del Grupo Clarín, el principal conglomerado de medios del país.

Un 2017 para todos los gustos.

Y que, así como viene, bien podría dejarnos alguna sorpresita más antes de que suenen las doce campanadas del 31.

 

(*) Editor de la sección Política de NOTICIAS

 

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