Sociedad / 11 de enero de 2018

Las emblemáticas casas de los Yabrán, de remate

Venden y alquilan sus propiedades pero el apellido baja cotizaciones. Qué busca la heredera.

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El inmobiliario está contento. Sólo en la última semana recibió a nueve interesados, y el cronista de este medio simula ser el décimo. “No existe una casa así en venta en Pinamar, estamos en la zona más cool de acá, y a un gran precio. Desde que la pusimos en el mercado tuvimos cinco contraofertas pero los dueños las rechazaron todas, era menos de lo que pedían: el argentino es así, siempre quiere ganar un poco más. Igual te lo voy a aclarar de entrada. Esta casa es de los Yabrán”. Hábil comerciante, el hombre sabe que el apellido pesa. Asusta. Pero él, y la familia del oscuro empresario que ordenó asesinar a José Luis Cabezas, están determinados: quieren desprenderse de una de las propiedades históricas del capo mafia. Y a un precio irrisorio. Yabrán se vende: ¿quién compra?

La calle Ballenas es, tal como aseguró el vendedor, uno de los mejores lugares de la ciudad costera. Aunque está a cien metros del centro, sólo hay cinco casas en la cuadra de los Yabrán y tiene la tranquilidad y el bajo perfil del cual el empresario nutría su poder hasta que fue expuesto en la tristemente célebre tapa de NOTICIAS de 1996. Todas las viviendas son de lujo, enormes, elegantes, millonarias, y, salvo dos, todas pertenecían al empresario: la que se vende, donde vivían los caseros de la familia, la histórica, “Narbay” –palíndromo del apellido-, donde dormía el empresario y sus íntimos, y una tercera, “Mirabosque”, que se alquila por la temporada y donde suele ir en febrero la cuñada del fallecido, Blanca Pérez.

El éxodo

Melina Yabrán, de 40 años, es la hija de Alfredo –de quien heredó más de 500 millones de dólares- y quien comanda, junto a su marido, la venta de la casa que era de su padre. Para eso fijo un precio bajo: hace dos meses la puso en el mercado, y la remata a 200 mil dólares, aunque estaría dispuesta a desprenderse de la propiedad por cinco o diez mil dólares menos. Como en las películas de gángsters, sólo aceptan efectivo. “Son muy exigentes con la parte legal, les ha ido tan mal y han tenido tan malas experiencias que ahora quieren hacer las cosas bien”, dice un conocido de la familia.

La casa tiene 45 años, cinco dormitorios, tres baños, gas natural, garaje para un auto, living amplio y living comedor, más un cuarto de servicio totalmente equipado –con baño y cocina propias-. A pesar de que es imponente –el terreno es de 700 metros cuadrados-, le hacen falta algunas reformas. “Está en la avenida Alvear de Pinamar”, defiende el inmobiliario. Encima, a fines del año pasado el Consejo local aprobó el cambio de tipo del área, que pasó de figurar como “zona residencial” a un “lote multifamiliar de baja densidad”, lo que en principio imposibilita que en el futuro se construyan grandes edificios en la calle. No sólo eso: el 19 de diciembre del año anterior la municipalidad estrenó la calle nueva, totalmente asfaltada. Según cuentan en la intendencia de Martín Yeza, la pavimentación de esa calle y sus aledañas era una necesidad –al ser de tierra y con pendiente, las zonas cercanas se inundaban cuando llovía- y aseguran: “Nadie habló ni les pidió permiso a los Yabrán”.

Además de la casa en venta, la familia del empresario tiene una en alquiler por la temporada. “Mirabosque” es una gigantesca propiedad enfrente de Narbay, ubicada en Ballenas 165. Tiene 4 ambientes, 3 baños, cochera propia, parrilla, y viene equipada con Wifi, heladera, televisores y microondas. Está preparada para que duerman ahí entre 7 u 8 personas, y se puede rentar sólo en enero: $86 mil la primera quincena, y $66 mil la segunda. Al parecer, en febrero llega Pérez, la cuñada, junto a su esposo Oscar Alonso, que en los 90 figuraban –y cobraban- como directivos de las empresas del asesino de Cabezas.

El fantasma de Pinamar

Yabrán se suicidó en 1999, acorralado por la tonelada de pruebas y testimonios que lo sindicaban como el autor intelectual del crimen del reportero de este medio. Hasta el año en que su cara vio la luz por primera vez, gracias a la lente de Cabezas y a la destreza de Gabriel Michi, en ese momento cronista de esta revista, el empresario que creció gracias a los negociados con el menemismo se paseaba en Pinamar como si fuera su propia casa. Casi que lo era: Yabrán era dueño de un gigantesco hotel, Arapacis, del enorme complejo de Terrazas al Golf, junto a la propiedad de al menos tres mansiones más, y había invertido en la ciudad casi 30 millones de dólares.

Sin embargo, su lugar en Pinamar era Narbay, en Ballenas 124. Literalmente, no existe una sola persona adulta en toda la ciudad que al día de hoy no sepa que a quien pertenecía ese lugar. Ahí lo intentó encontrar Cabezas junto a Michi en varias ocasiones, pero siempre eran ahuyentados por los custodios de Yabrán, que descansaban en un Fiat Duna blanco y un Volkswagen Gol del mismo color. Eduardo Lerke, fotógrafo que en el trágico 1997 trabajaba para la revista Caras –y que fue el último que vio a Cabezas con vida, en la fiesta de Oscar Andreani desde donde secuestraron al reportero-, y que es el autor de las fotos que acompañan esta nota, tiene las imágenes grabadas: “Pasábamos por al lado de la casa y siempre estaban los autos, vigilándonos, con las ventanas bien negras y con caras de pocos amigos. No te dejaban frenar, te apretaban”. Rodolfo de Gall Melo, abogado y antiguo vecino de esa cuadra –vivía en Ballenas 131-, declaró en la causa por el asesinato de Cabezas que los custodios de Yabrán le habían dicho a él que ya “tenían marcados” a los periodistas de este medio y que “los vigilaban”. A días de que se cumplan 21 años del crimen, los Yabrán quieren ir borrando, sigilosos como víboras, sus huellas de Pinamar. No les va a ser para nada fácil.