Política / 12 de enero de 2012

Reposo turbulento

Detrás del falso positivo

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Mal momento. El diagnóstico de CFK llegó un mes después de la muerte de su esposa, que padecía cáncer. Al cierre de esta edición existían fuertes versiones de despido.

Haber llegado puntualmente al Hospital Austral a la hora fijada para operarse, el 4 de enero, fue otra muestra de que “es una paciente ejemplar”, de acuerdo a como la describe en off the record a NOTICIAS uno de los médicos que la atendió. Fue siempre respetuosa de la voz médica, cuidadosa de su salud como jefa de Estado, “expresó sus dudas como lo hace cualquier paciente”. El mayor problema fue, tal y como surge de diversos testimonios recogidos por esta revista, la manera en que se comunicó la situación de Cristina Fernández a los medios, y qué decisiones tomó el médico encargado de la Unidad Médica Presidencial, Luis Buonomo.

El 22 de diciembre a la noche, el vocero Alfredo Scoccimarro anunció que, durante la realización de estudios de rutina, “se detectó la existencia de un carcinoma papilar en el lóbulo derecho de la glándula tiroides”. Lo que quedó fuera de ese comunicado fue una palabra, una sola palabra, fundamental a la hora de comprender lo que sucedió 18 días después: el cáncer que devino súbitamente en un no-cáncer.

“Compatible” es la palabra olvidada que desató luego el escándalo. “Citología compatible con carcinoma papilar de celulares foliculares”, rezaba textualmente el informe del estudio que habían hecho los especialistas del centro de estudios Diagnóstico Maipú. Un solo término que encerraba, aunque los voceros del Gobierno lo obviaron, algo que para cualquier enfermo es fundamental: la posibilidad de que la lesión hallada a partir de la realización de la biopsia aspirativa con aguja fina no fuera el tan temido cáncer.

¿Por qué no haber hecho una conferencia de prensa con los especialistas involucrados en el caso hasta ese momento? O, al menos, una en la que uno de ellos pudiera explicar qué involucraba el diagnóstico. De hecho, ni siquiera el mismo Buonomo se supo poner frente a los micrófonos para hablar en términos precisos, tal y como se esperaría de un médico de cabecera.

Con una rapidez que podía ser vista como síntoma de agilidad decisoria (o como indicador de una gravedad ocultada), ese mismo 22 de diciembre se anunciaba que la Presidenta sería operada el 4 de enero, con fiestas y feriados de Año Nuevo en medio de la cuenta regresiva. ¿Era necesario tanto apuro? ¿Se justificaba? Si alguien apela a la palabra cáncer, seguramente sí. Si alguien informa, correcta y específicamente, que el diagnóstico sugiere la existencia de un cáncer pero no lo confirma con un 100% de exactitud, las corridas no tenían sentido. Menos, cuando ese cáncer es de muy lento crecimiento y desarrollo, tal y como lo aclaran los más respetados especialistas locales y mundiales.