Política / 3 de febrero de 2012

Carlos Zannini (57)

La re-re ya está en remojo

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Juego de la silla. Zannini, virtual jefe de Gabinete, en el balneario Cocodrilo de Pinamar. Un descanso en medio de su ofensiva reeleccionista.

Pasaron apenas dos meses desde que Cristina Fernández asumió su segundo mandato, pero Carlos “El Chino” Zannini ya se muestra preocupado ante su entorno por el futuro del experimento pingüino. Es el principal promotor  de una reforma kirchnerista de la Constitución. El secretario de Legal y Técnica está pensando en el 2015 y sostiene que hoy no existe un sucesor que garantice la continuidad de un proyecto que desde el inicio se restringió a dos figuras.

Por eso, dedica sus horas a imaginar alternativas que habiliten la posibilidad de un tercer mandato de la jefa. Su desconfianza histórica hacia Daniel Scioli lo lleva a descartar cualquier posibilidad de sobrevida del kirchnerismo con el ex motonauta en la Casa Rosada. Discrepa en eso con su ex socio, el operador santacruceño Rudy Ulloa, que respalda las aspiraciones del gobernador bonaerense. Amado Boudou tampoco cumple con los requisitos del círculo de confianza de Cristina. El vicepresidente demostró en poco tiempo que no quiere ser Julio Cobos ni puede ser el “pura sangre” que buscan en Olivos.

El jueves 26, Boudou fue el encargado de admitir el debate que comenzó a darse entre los altos mandos del oficialismo. En una reunión con intendentes y legisladores en Mar del Plata, reconoció que no hay que esperar tres años para empezar a discutir “los temas constitucionales”.

No deja de ser paradójico: en el momento que se supone de mayor fortaleza y con una oposición fragmentada e impotente, el kirchnerismo se muestra débil y temeroso por el futuro. Busca instalar un horizonte de más kirchnerismo. De todas maneras, una reforma a medida no será fácil de aprobar. Hoy los números no dan. Ni en el Congreso, donde hacen falta dos tercios, ni en la calle, según las encuestas que encargó el Gobierno.

Cerebro reeleccionista.

En torno al silencio de Zannini se construyó un mito que lo complace. Se dice que es el ideólogo del oficialismo, que sabe de historia, política, economía y hasta filosofía. Algo es indudable: es el funcionario que desde hace un cuarto de siglo le da forma legal a los deseos del matrimonio Kirchner. La reelección indefinida que se aprobó en Santa Cruz en los años ’90 fue obra suya. Ahora busca argumentos para la nueva iniciativa.

Este año, Zannini tomó apenas un fin de semana para descansar. Como todos los veranos, viajó a Pinamar el viernes 20, el mismo día en el que Cristina se recluyó en la residencia de Chapadmalal, antes de reaparecer públicamente. “El Chino” llevó la lluvia a la costa: después de días de sol, el cielo se nubló y la tarde se cubrió de chaparrones. Ocupó la primera carpa del balneario Cocodrilo y almorzó con su familia en el restaurante del parador, bajo las sombrillas. Se lo vio distendido, acompañado de su mujer, Patricia Alzúa, y sus hijas.

Alzúa renunció a mediados de enero a su cargo como directora de la Casa de Santa Cruz: duró apenas dos semanas. Su partida coincidió con el enfrentamiento entre La Cámpora y el gobernador Daniel Peralta por el ajuste en la provincia. Los Zannini alquilaron una casa llamada “Imperial”, en la esquina de Libertador y Tres Carabelas, a dos cuadras de Cocodrilo.
Acotado durante años al rol de estratega jurídico, el hombre que le cuida la firma a la Presidenta oficia hoy como virtual jefe de Gabinete. Traslada órdenes y se permite incluso ejercitar algún nivel de decisión propia. Incluso tiende puentes para el postmoyanismo con Armando Cavalieri: suele visitarlo en la sede del sindicato de Comercio, sobre la calle Moreno.

Pros y contras.

Allanar el camino a la reelección no es tan sencillo como en las provincias, donde una reforma puede ser autorizada a partir de una enmienda o de un plebiscito. El artículo 30 de la Constitución Nacional establece que la Carta Magna puede reformarse en todo o en cualquiera de sus partes solo después de que los dos tercios del Congreso declaren la necesidad de la reforma. Después, hay que llamar a elecciones para la Convención Constituyente.

El oficialismo hoy no cuenta con los dos tercios y precisa del acompañamiento de parte de la oposición. Hermes Binner ya anticipó que no va a respaldar ningún intento reeleccionista. Y el radicalismo, por su parte, todavía no se recuperó del golpe que significó el Pacto de Olivos -pergeñado por Carlos Menem y Raúl Alfonsín- que dio origen a la reforma del ’94. A priori, solo el macrismo podría colaborar, aunque en el Gobierno confían en sumar más adhesiones.

La cercanía en el tiempo de la reforma que habilitó a Menem para su segundo mandato es un mal precedente. En aquella oportunidad, Zannini fue incluso convencional constituyente junto a Néstor y Cristina. Además, las encuestas reservadas que encargó el Poder Ejecutivo no habrían dado bien: el rechazo social a una reforma que habilite la reelección es alto. “La perpetuidad no está bien vista. Los que hablan de reelección solo quieren quedar bien con la doctora”, dice a NOTICIAS un ministro que se declara contrario a la iniciativa.

Lo cierto es que son pocos en el Gobierno los que conocen la opinión de Cristina. Los funcionarios consultados se limitan a evocar la frase que pronunció hace casi un año, en la apertura de sesiones ordinarias en el Congreso: “No se hagan los rulos”. En ese momento, la Presidenta puso en duda hasta que fuera a presentarse a la reelección, pero no se manifestó en contra de una reforma. Lo que se sabe es que la propuesta de Eugenio Zaffaroni, que recomienda adoptar un sistema parlamentario, no contaría con su respaldo. La viuda de Kirchner al parecer considera que sería un “obsequio a las corporaciones” poner en un lugar de fragilidad al presidente.

Pero aún los críticos admiten que existen elementos que harían necesaria una reforma de la Constitución. “La del ’94 sigue el esquema liberal de derechos y garantías de 1853 y es una mala copia del sistema institucional europeo, que promueve organismos ineficaces como el Consejo de la Magistratura”, dice un incondicional. A eso se suma la necesidad de un nuevo régimen de coparticipación y de un tribunal que regule los amparos. Entre algunos hombres del Ejecutivo se menciona con nostalgia a la Constitución peronista de 1949: “Es la mejor pieza del constitucionalismo social”, dicen.

Falta muchísimo para el 2015, pero en el kirchnerismo lo admiten: ya están revisando la mitad de la biblioteca que le da la razón a los que quieren quedarse por lo menos otro turno más. Zannini tiene trabajo extra.

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