Opinión / 17 de febrero de 2012

El vice y sus negocios

A Boudou lo compromete el escándalo de la ex Ciccone, en manos de un supuesto testaferro suyo. El “modelo” premia a los amigos.

Ilustración: Pablo Temes.

El “modelo” socioeconómico vigente, el del “capitalismo en serio” o, en opinión de sus detractores,   del “capitalismo de los amigos”, que según la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, sus seguidores más entusiastas y los intelectuales orgánicos del movimiento que se ha improvisado en torno a su figura, nos protege contra los horrores del neoliberalismo que tantos estragos está provocando en otras latitudes, se basa en el reparto de favores –y de castigos–por los dueños del poder político, es decir, por Cristina y sus cortesanos. A la Presidenta y quienes la rodean les es dado enriquecer a algunos suplicantes y arruinar a otros sin tener que ofrecerles explicaciones. Tampoco suelen tomar en cuenta la eventual viabilidad de los proyectos de quienes les piden una colaboración.  Son arbitrarios por principio, ya que entienden muy bien que es mejor mantener en ascuas a los empresarios de lo que sería permitirles sentir demasiada confianza.

En el sistema así supuesto, contar con el apoyo del Gobierno es una garantía de negocios espléndidos, como dicen que dijo a sus empleados en diversas ocasiones el titular de la empresa hasta hace poco llamada Ciccione Calcográfica, Alejandro Vandenbroele, un abogado de origen belga. En efecto, desde hace aproximadamente medio año atrás la ex Ciccione, una empresa privada que es capaz de confeccionar una gama impresionante de documentos oficiales como pasaportes, está trabajando a full imprimiendo cosas como boletas electorales para el Frente para la Victoria y está por inundarnos de billetes de cien pesos que, merced a la inflación, tendrán que fabricarse en cantidades cada vez mayores. Según se informa, el contrato en tal sentido que ha firmado con la Casa de la Moneda le reportará 50 millones de dólares.

El éxito fulminante de Vandenbroele no llamaría la atención si no fuera por el hecho de que todos coincidan en que se debe menos a sus dotes para los negocios que a su amistad con Amado Boudou. En vista de las características del “modelo”, es lógico que sea así, ya que se trata de subordinar lo económico a lo político, mejor dicho, a ciertos políticos determinados; los empresarios que no cuentan con aliados bien ubicados están en vías de extinción.

En esta nota: