Sociedad / 8 de noviembre de 2012

MÉTODO REVOLUCIONARIO

Cómo adelgazar sin dietas

Una nueva corriente en nutrición desecha los regímenes restrictivos que, según recientes estudios, fomentan el efecto rebote.

Por

Las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) muestran que hay cerca de 1.600 millones de personas con sobrepeso y obesidad en el planeta. Alrededor del 44% de las mujeres y del 29% de los hombres adultos hacen dieta, y un 80% de mujeres dicen estar disconformes con el tamaño y las proporciones de sus cuerpos. Solamente en los Estados Unidos las personas gastan casi 60.000 millones de dólares anuales en todo tipo de dietas para adelgazar, incluyendo el consumo de alimentos y bebidas light.

Lo paradójico es que los resultados de semejante esfuerzo no saltan a la vista, a juzgar por el hecho de que el 35% de la población estadounidense tiene serios problemas con su peso. Esa proporción, en la que alrededor de 1 de cada 3 personas está excedida, se mantiene en la Argentina y en buena parte de los países de Occidente, mientras que una enorme cantidad se convierte en dietante crónica, saltando de uno a otro programa de adelgazamiento, en un constante subibaja.

Así las cosas, es más que válido preguntarse si las dietas sirven realmente para algo más que para bajar algunos kilos (difíciles de no recuperar) en las primeras semanas. ¿Es factible depositar la confianza en dietas que prometen resultados rápidos y espectaculares pero que nunca hablan del largo plazo? Dietas que resumen su filosofía en un “cerrar la boca y los ojos a la tentación” de ciertos alimentos “prohibidos”, diabolizados, terribles. Chocolatín que me hiciste mal, ¿evitarte resuelve todos mis problemas?

Cada vez más, diferentes investigaciones científicas en el mundo dicen que no. Que las dietas que limitan y restringen no sirven. Que contar calorías solo empeora la obsesión por comer una vez que el “período de abstinencia” impuesto por la dieta se termina. Que evitar el placer de comer solo reprime las ganas hasta que un día, liberado, como un dique que acaba de romper, arrasa con todo. Un todo que no es otra cosa que los kilos que el abnegado dietante logró perder en unos meses, y que no solo se recuperan sino que se acrecientan poco más tarde.