Opinión / 17 de mayo de 2013

Cuentos de la cripta

Maquinaria. Las denuncias sobre bóvedas, bolsos y supuesta plata negra amasada por su esposo impacta en la imagen de la Presidenta.

Ilustración: Pablo Temes.

Chris Huhne, ex ministro de Energía del gobierno de David Cameron y ex líder en potencia del Partido Liberal Demócrata, está entre rejas por “obstrucción de Justicia”: hace diez años, al tipo se le ocurrió mentir a la policía porque no quería perder el carné de conducir luego de manejar su coche a una velocidad excesiva. Por fortuna, la Justicia argentina es menos severa que la británica; caso contrario, sería necesario invertir miles de millones de dólares blue en cárceles VIP para albergar a aquellos miembros de la nutrida clase política que, en el transcurso de su vida, han violado alguna que otra ley.

Felizmente para ellos, aquí las normas son muy distintas de las imperantes en los países puritanos del norte de Europa. A diferencia de sus humildes homólogos británicos, alemanes, holandeses y escandinavos, los políticos locales no tienen por qué preocuparse por reglas que acaso sean apropiadas para la gente común pero que no lo son para quienes están cambiando la historia, luchando heroicamente contra corporaciones malignas con ramificaciones en el exterior y creando un “modelo” socioeconómico virtuoso que ya motiva la envidia del mundo entero.

En países de tradiciones populistas y caudillistas como la Argentina, la relación de los poderosos de turno con una parte sustancial de la población se basa en el respeto mutuo por el principio resumido por la alegre consigna: “Roban pero hacen”. Por razones comprensibles, lo que quiere el pueblo verdadero son resultados, es decir, dinero; lo demás es solo verso. Si un gobierno populista logra convencer a la gente de que, gracias a la generosidad de su jefe, la economía anda viento en popa y siempre habrá plata suficiente como para mantener funcionando como es debido las redes clientelares, solo los integrantes de una minoría reaccionaria de ideas anticuadas tomará en serio las denuncias acerca del enriquecimiento de los salvadores de la Patria. A la mayoría –el 54%, digamos– le parece justo que los responsables de llevar a cabo una obra tan monumental se vean premiados así por su contribución al bienestar del pueblo.

Aunque en su programa televisivo dominical Jorge Lanata está aportando muchos datos interesantes y difundiendo testimonios valiosos que sirven para confirmar las sospechas más rocambolescas planteadas por la evolución vertiginosa del patrimonio de los Kirchner y sus allegados, ha sido cuestión de temas que ya fueron aireados docenas de veces por esta misma revista, Noticias, por Perfil y por periodistas como el propio Lanata y Luis Majul. Sin embargo, mientras que en la Argentina de ayer pocos se dejaban influir por tales “anécdotas”, en la de hoy están teniendo un impacto muy fuerte.