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Política / 4 de febrero de 2014

Quién es Fábrega, el guardián de los billetes

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Fábrega fue parte del Operativo Devaluación, a través del BCRA, que preside.

Es casi un desconocido. Algunos hasta confunden su apellido con una reconocida cadena de electrodomésticos. Para él, mucho mejor: Juan Carlos Fábrega, presidente del Banco Central y uno de los estrategas de la inestable política monetaria, todavía puede sentarse al volante de su coqueto Mercedes-Benz y pasar desapercibido.

CERCA. Lázaro Báez, un amigo polémico de Fábrega, quien veló por sus negocios a instancias de los Kirchner.
CERCA. Lázaro Báez, un amigo polémico de Fábrega, quien veló por sus negocios a instancias de los Kirchner.

 

A fines del año pasado, Fábrega consiguió sin despeinarse lo que a su antecesora, Mercedes Marcó del Pont, le costó sangre, sudor y lágrimas hace tres años: 56 senadores –solo una abstención– aprobaron su designación al frente del Central con airados elogios opositores a su trayectoria y su “conocimiento del sistema financiero”.

A mediados del 2010, y tras meses de negociaciones y la intervención de la propia Cristina Fernández, Marcó del Pont había aprobado su test casi de casualidad: 35 votos a favor, 34 en contra y la abstención milagrosa del senador Carlos Menem.

Esta vez, ni siquiera hizo falta que Cristina metiera mano. El jefe del Banco Central es un completo desconocido para “Doña Rosa” pero es un hombre del sistema, leal al establishment y a los bancos, y respetado por el mundillo financiero.

Aunque su carta bajo la manga es su histórica relación con Néstor Kirchner y, por herencia, con la Presidenta, y su amistad eterna y comercial con Lázaro Báez, el denunciado zar de la obra pública K. En el invierno del 2010, Fábrega aún ocupaba el sillón de gerente general del Banco Nación.

Era mucho más desconocido que ahora, pero Kirchner todavía vivía y el diálogo entre ambos era diario. En medio de una reunión del directorio del banco, donde se analizaba documentación de los grandes préstamos a empresas, el teléfono celular de Fábrega empezó a chillar.

Él se disculpó, avisó al resto del directorio que era el ex presidente y se apartó a un costado de la sala. Cuando volvió, hizo hincapié en un préstamo en particular: el de Austral Construcciones, la empresa insignia de Báez. El crédito al supuesto testaferro de Kirchner fue aprobado en tiempo récord con amplias facilidades.

Pingüino. Nació en Mendoza y aunque quiso ser ingeniero agrónomo, no tiene título universitario. Trabajó durante más de 40 años en el Banco Nación pero tuvo la suerte de conocer al ex presidente cuando su padre, director de banda del Ejército, fue trasladado a Río Gallegos. Allí también se hizo amigo de Báez, por entonces otro ignoto empleado bancario.

En el 2003, después de algunos años sin verse, Fábrega volvió a relacionarse con Kirchner, que lo ungió como su hombre de confianza en el Nación. Entre sus objetivos, según reconstruyó NOTICIAS, siempre estuvo el de cuidar y ordenar los números de Báez cuando el patagónico comenzó a engrosar sus cuentas con la obra pública. A fines del año pasado, antes de mudarse al Central, el centro porteño amaneció empapelado con afiches anónimos que mostraban una foto del funcionario junto al supuesto testaferro K.

Fue días después de un jugoso refinanciamiento de una deuda de Báez con el Nación, el banco para el que también trabaja Patricia Raquel Gómez, esposa de Fábrega, según los registros de la ANSES. Juntos viven en una conocida torre en Salguero, a dos cuadras de Libertador, en el barrio porteño de Palermo. Según la última declaración jurada del funcionario, es dueño además de otros cuatro departamentos, dos en la ciudad de Buenos Aires y dos en Mendoza, y una casa en un country, también en la provincia cuyana.

Fábrega es el menos político de los funcionarios a cargo de la política monetaria y de la reciente devaluación del peso, y la relación con el ministro de Economía, Axel Kicillof, está lejos de ser buena. Entre sus amistades, el jefe del BCRA también tiene un pie en los tribunales federales de Comodoro Py. Es íntimo de Norberto Oyarbide, el juez emblemático de la “década ganada”.

El hermano. Tanto en la Casa Rosada como en la City porteña saben de un secreto a voces que, para algunos sectores del Gobierno, puede ser uno de los puntos débiles del funcionario. Su hermano, Rubén Cleofas Fábrega, es un conocido operador de la City que se movería como lobbista del jefe del Central y arrastra un polémico pasado en una constructora mendocina, su ciudad natal.

RECHAZADOS. Rubén Fábrega libró cheques sin fondos por 412.676 pesos.
RECHAZADOS. Rubén Fábrega libró cheques sin fondos por 412.676 pesos.

 

Pero lo más preocupante, aunque suene a eso de que “en casa de herrero, cuchillo de palo”, es la situación financiera del otro Fábrega: según los registros del Banco Central, o sea de su hermano, Rubén Cleofas integra la selecta central de deudores de la entidad con 32 cheques rechazados, sin fondos, por más de 400.000 pesos (ver recuadro).

Diez de esos cheques le pertenecen a Visalia SA, la constructora de la que el hermano del funcionario es director suplente, según el Boletín Oficial. En marzo del 2009, las autoridades de la Universidad Nacional de Cuyo, de Mendoza, rescindieron el contrato con la empresa por incumplimiento en los plazos de la construcción del Hospital Universitario, ex Ferroviario. Según explicó el propio Rubén Fábrega en ese momento, la culpa fue de las autoridades universitarias, que le hicieron perder más de 2 millones de pesos.

Nada le impide, sin embargo, moverse por los hoteles más renombrados del centro porteño como uno de los agentes financieros más importantes de la City. Lleva en la billetera la tarjeta de su hermano, uno de los estrategas de la economía K.

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