Ciencia, Salud / 14 de febrero de 2018

La nueva técnica que permite identificar tumores a partir de un análisis de sangre

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En la Argentina, el cáncer es la segunda causa de muerte, con el de mamas a la cabeza y provocando más de 19 mil decesos cada año. Sin embargo, y de acuerdo con datos del Instituto Nacional del Cáncer (INC), la mortalidad viene disminuyendo desde el año 2000, más o menos a razón de un 1% anual entre los hombres y un 0,14% en las mujeres. Un fenómeno, el del aumento de la supervivencia, que se está dando a nivel global, aunque con diferencia según regiones y países. En ese amplio panorama, la posibilidad de dar con un diagnóstico lo más temprano posible es uno de los frentes a los que se dedican los científicos para luchar contra los tumores. “El tiempo transcurrido desde que las células cancerígenas comenzaron a proliferar es fundamental”, resume el oncólogo Marcelo Cruz, de la universidad Northwestern de Chicago, Estados Unidos.

En ese sentido, el del diagnóstico precoz, hay novedades. Hace apenas unos días, investigadores de la Universidad Johns Hopkins (Estados Unidos) anunciaron haber desarrollado una técnica capaz de detectar tumores malignos un año antes que los métodos convencionales, consistentes en exámenes de imagen.

Aún en fase experimental, pero con muy buenos resultados, el nuevo test funciona como un análisis común de sangre que permite identificar minúsculos fragmentos de ADN de un tumor, que circulan por la corriente sanguínea. Los resultados del estudio, publicado en la revista científica Science, fueron recibidos con entusiasmo por la comunidad científica dedicada a la investigación del cáncer.
“El trabajo podría un día brindar una herramienta para hacer escaneos de rutina y encontrar tumores antes de que lleguen a provocar síntomas, etapa durante la cual las chances de cura son las mejores. Ya hay otros grupos, entre ellos algunas start ups que cuentan con más de mil millones de dólares en fondos, están tras proyectos como éste. Pero el nuevo resultado coloca al equipo de Johns Hopking University como los que dan el primer paso importante para llegar al resultado esperado”, comenta un análisis de la revista Science al publicar el paper científico.

Actualmente, los exámenes de imágenes, como la mamografía, la resonancia magnética y la tomografía, rastrean tumores de un centímetro o más, que ya contienen millones de células cancerígenas. CancerSEEK (buscador de cáncer, en español), también llamado biopsia líquida, identificó diversos tipos de cáncer con medidas microscópicas y de manera muy precisa.

El examen sanguíneo fue puesto a prueba en 1.005 pacientes y para ocho tipos de tumor de incidencia elevada: ovario, hígado, estómago, páncreas, esófago, intestino, pulmón y mama. “Elegimos estos ocho tipos de cáncer porque contabilizan más del 60% de las muertes por tumores y porque cinco de ellos (ovario, hígado, estómago, páncreas y esófago) no cuentan hoy en día con un examen para detectarlos”, explica Nickolas Papadopoulos, profesor de oncología y patología y autor principal de la investigación.

Con pequeñas muestras de sangre, el test llegó a tener una precisión del 70% promedio. Es decir que de cada diez casos de cáncer, el examen identificó siete y con una rapidez hasta ahora nunca alcanzada con los métodos ya conocidos. El éxito diagnóstico en el caso del cáncer de ovarios llegó al 98% y el más bajo obtenido fue para el caso de cáncer de mamas, con un 33% de precisión.

El examen muy raramente indicó que hubiera cáncer allí donde no existía. Solo en 7 de 812 pacientes sanos (es decir, menos del 1%), el test arrojó falsos positivos. Además, el test permitió reducir las hipótesis acerca de dónde se había originado el cáncer a sólo dos lugares posibles en alrededor del 80% de los pacientes.

Método

El trabajo de CancerSEEK consistió en localizar fragmentos ínfimos de ADN alterado en la sangre de los pacientes. El cáncer es una enfermedad compleja y multifactorial, causada por alteraciones genéticas que controlan la forma en que las células funcionan, especialmente cómo crecen y se dividen. Cuando se multiplican de manera anormal y desordenada, las células tumorales liberan en la circulación sanguínea pequeños pedazos de ADN mutados por la enfermedad. Esos trozos de material genético fueron localizados gracias a marcadores creados por los científicos estadounidenses: dieciséis tipos de genes alterados y ocho proteínas asociados a los tumores.

El impacto en los tratamientos oncológicos, de seguir obteniendo estos buenos resultados, será enorme. No solo por la precocidad que este análisis permite obtener en el diagnóstico de la enfermedad, sino también por la simplicidad del examen. Uno de los grandes obstáculos en la detección de los tumores malignos en la fase inicial es, muchas veces, el sufrimiento del propio paciente, que se ve sometido a exámenes invasivos, casi siempre demorados.

Un caso de esto es lo que ocurre con el cáncer de ovario, uno de los más comunes entre las mujeres. Su alta letalidad se debe, sobre todo, al diagnóstico tardío, ya que la mayoría de las pacientes solo se acerca al médico cuando ya tiene síntomas tales como dolor pélvico y problemas gastrointestinales, lo que se da cuando el tumor ya se expandió hacia otros órganos.

Diagnosticado precozmente, en su estadio inicial, la tasa de cura de este tipo de tumor alcanza al 94 por ciento de los casos. En la práctica eso significa que nueve de cada diez pacientes estarán vivas cinco años después de haber sido diagnosticadas. Pero actualmente apenas cerca del 20% de este tipo de cáncer es descubierto en su fase inicial.

Los resultados de la técnica son prometedores pero, así y todo, aún queda mucho por hacer y problemas que solucionar. Uno de ellos es que las proteínas que se utilizan para detectar los tumores muestran la presencia de tejido dañado, y entonces pueden aparecer también en personas que padezcan enfermedades inflamatorias, como la artritis por ejemplo.

Esto implica que ese 1% de falsos positivos podría ser mayor entre las poblaciones sanas si el test llegara ahora al mercado (cosa que no sucederá porque aún faltan etapas de exámenes y mejoras). Además, los 1005 pacientes ya tenían algunos síntomas de tener cáncer, con lo cual el análisis de sangre no funcionaría tan bien en pacientes totalmente asintomáticos cuyos tumores desprenden menos cantidad de material genético. De hecho, el examen identificó solamente un 43% de los cánceres en estadios muy tempranos de grado uno. “Aún queda mucho por mejorar”, advierte el investigador Alberto Bardelli, de la Universidad de Turin (Italia).

Historia

La estrategia de diagnosticar cánceres a partir de la sangre no es inédita. Desde inicios de los años 2000, el método de la biopsia líquida es investigado por universidades, médicos y por la industria farmacéutica de los Estados Unidos y de Europa. En consultorios, hospitales y laboratorios de análisis clínicos, el examen de sangre es utilizado para identificar si un cáncer volvió en un paciente ya previamente tratado, y también para comprender en detalle las características de un determinado tumor ya identificado y, así, indicar el tratamiento adecuado según el caso.

Lo que se buscan en esa situación son mustaciones específicas para prescribir medicamentos que vayan directamente al blanco. La novedad, ahora, es que un examen de sangre puede detectar un cáncer antes indetectable.

El cáncer de próstata, por ejemplo, puede ser rastreado con un examen de sangre, pero el método es totalmente diferente. La PSA identificada a partir del análisis sanguíneo para ese tipo de enfermedades no es un tumor, es una proteína liberada por las células de la próstata. Es decir que la PSA puede esar asociada tanto a la enfermedad como a las células saludables. ¿Cómo saber, entonces, si hay malignidad?

Las células cancerosas producen una cantidad de PSA mayor a la normal. Por eso, la sensibilidad del método está siendo muy cuestionada: arroja muchos falsos positivos, y también cantidad de falsos negativos.

Hasta fines del 2023, el método CancerSEEK deberá haber pasado a una segunda fase de estudios, la etapa de investigación clínica que avala la eficacia en un número grande de personas. A lo largo de cinco años, diez mil voluntarios serán acompañados. De acuerdo con las estimaciones de los científicos, no será un examen particularmente caro. Actualmente no costaría más de 500 dólares, pero en diez años, cuando creen que estaría siendo lanzado, el precio será muy inferior.