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Opinión, Sociedad / 19 de febrero de 2018

Aborto: ni chupacirios ni traidora de género

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Las leyes, se sabe, acompañan los consensos y estilos de vida de cada época. La despenalización del aborto evitará que una práctica  habitual sea un delito. Pero no me pidan que lo grite como un gol.

No me llamen conservadora, chupacirios ni traidora de género porque no acuerde en que la única opción sea cortar por lo sano. Será una solución sanitaria a los embarazos no deseados, la más radical, pero no la única. Acompañar a las mujeres para que lleguen a parir y dar a su hijo en adopción a tantas otras que lo buscan sin éxito por obra de una burocracia infernal, sería un plan B más trabajoso, solidario y amoroso.

Se argumenta que las mujeres más pobres son las víctimas propiciatorias de los abortos clandestinos, pero es en el sector socio económico más vulnerable donde se encuentra la mayor disposición a seguir adelante embarazos destinados a la adopción. En cambio es entre los sectores medios -que tanto esgrimen a las otras como estandarte- que la disposición a entregar a ese bebé, que no se está en capacidad o voluntad de aceptar, es una hipótesis inadmisible. ¿Cuántas  mujeres educadas, autónomas, con medicina prepaga y acaso vegetarianas por piedad a los animales, somos capaces de afrontar la responsabilidad de dejar ser a esa persona que arrancó su existencia azarosamente dentro nuestro? ¿Cuántas somos capaces de resignarnos a que se proyecte y crezca lejos de nuestro destino? Yo no sé si hubiera tenido el valor, pero eso no me conduce a negar que en un montoncito de células y un latido incipiente empieza la vida de alguien, que no le pertenece a nadie.

*Editora ejecutiva de NOTICIAS.

Twitter: @alejandradaiha