Menú
Sociedad / 19 de marzo de 2018

Delta salvaje: sexo, droga y descontrol a bordo de yates

Por |

“Está zarpada de atrevida esa wacha, y en el Facebook pone fotos en bombacha. Popu popu po putona (sic)”, canta una voz gangosa de cumbia por un parlante que, a todo volumen, irrumpe en la tranquilidad del río, en pleno día, desde un lujoso yate. Una joven rubia, con los ojos desorbitados, agita frenéticamente sus nalgas al ritmo de la canción de “Los Nota Lokos”. Su diminuta bikini deja al descubierto sus atributos. Otra de las chicas que se divierten, de unos veintitantos, que sacude sus pechos también siguiendo la música, le da un lengüetazo en su cola. La rubia apenas se da cuenta.

Tampoco se entera cuando alguien le pellizca un cachete. “Está re drogada”, dice entre risas otra. Mientras, otras dos jóvenes bailan en topless alrededor de un muchacho. Las veinteañeras se besan y acarician mutuamente frente a las cámaras y a una docena de hombres que aplauden como locos. Esta escena, que bien podría formar parte de una película triple X, es una de las tantas que se repiten los fines de semana en el Delta, arriba de embarcaciones VIP, y a tan sólo veinte minutos del puerto de San Fernando. Se trata de fiestas privadas que son un descontrol y que tienen la particularidad de producirse río adentro, en una zona escondida entre islas, para resguardar la privacidad de sus participantes.

La muerte de David Peña, un joven de 19 años que se ahogó luego de arrojarse al agua desde un catamarán que funcionaba como boliche (ver recuadro) dejó al descubierto esta moda de festejar sobre el agua. Sin embargo, los catamaranes multitudinarios no son los únicos. Existe una movida más exclusiva que se produce en “Colony Park”, un fallido emprendimiento inmobiliario de islas privadas que quedó abandonado en el Río San Antonio y el Canal de Vinculación. Las lagunas que allí se forman se convirtieron en lugar de reunión para decenas de embarcaciones privadas. A estos encuentros multitudinarios, que se denominan “Delta ATR (a todo ritmo)”, sólo se puede acceder por vía acuática. Amigos, sexo, drogas y alcohol, según contaron testigos a NOTICIAS, conforman el cóctel ideal para perder el control.

Fiesta y locura en el Delta. La movida hacia el río comienza los sábados cerca del mediodía en las guarderías de San Fernando y alrededores. Desde allí parten jóvenes, de entre veinte y treinta años, cuyas familias, según pudo reconstruir NOTICIAS, son propietarias de lujosos yates y lanchas. Algunas embarcaciones pueden llegar a valer hasta un millón de dólares. No suben más de 20 personas, según el tamaño del barco. Todos forman parte de la peregrinación hacia “la isla del pecado”.

La clave es salir temprano para aprovechar el día. Para muchos, la movida empieza en el Río San Antonio, uno de los principales del Delta, y de los más transitados, incluso por familias. Después, en las primeras horas de la tarde, los jóvenes migran hacia “Colony Park”. El lugar, que pretendía ser un ambicioso proyecto de islas privadas con una escuela, sanatorio y hasta shopping, quedó abandonado en el 2011, luego de que la Justicia lo frenara y procesara por daño agravado y estrago a los desarrolladores inmobiliarios. El medio ambiente, por el dragado que se hizo en la zona, quedó destruido. Los antiguos isleños, desplazados. Hasta que de a poco, se fue convirtiendo en un escondite para eludir los controles de Prefectura.
Una veintena de yates, lanchas, motos de agua y jet ski suelen copar todos los fines de semana el “Canal 7”, un nombre que ellos inventaron para las lagunas que se forman alrededor de las pequeñas islas. Las embarcaciones se pegan unas con otras como en una especie de muralla. Algo totalmente riesgoso por la fricción que se puede producir entre los barcos. “La joda es hacer programa de boliche, alcohol y drogas, pero con la gracia de estar en un barco”, cuenta a NOTICIAS un joven a que suele frecuentar el “Delta ATR”. Todos los testimonios para esta nota fueron en estricto off the record. “Se juntan y hay un poco de todo, desde los que están tranquis tomando sol sobre la cubierta y los que ponen música al mango y arman fiesta”, agrega otro habitué.

“Acá es temporada libre de caza. Nosotros vamos con amigas. Chicas de veinte, máximo treinta, porque con minas más grandes yo no salgo”, cuenta un empresario que suele frecuentar el lugar.

Una conocida diseñadora también es habitué de “Colony Park”: “Nosotros llegamos, hacemos asado o llevamos sándwiches. Al principio es tranqui. Tomamos un poquito de champagne. La gente se va entonando cada vez más. Y se pone un ambiente más festivo”, relata. “Todo lo dirige el dueño del barco. He visto gente borracha andando en moto de agua; otra que se pasa de barco en barco, ahí hay que tener cuidado. Lo mismo durante la noche, cuando se celebra el fin del día y muchos tiran fuegos artificiales estando borrachos”, advierte la joven.

Son muchos los que van en busca de un clima desenfrenado. “El río es un lugar de escape, de trampa. Otros arman mayor descontrol los días de semana. Son las personas que tienen más guita. Se ponen en bolas en las lanchas”, relata un empresario de la zona.

Un vecino de las islas del Delta advierte: “Hay gente muy poderosa, de la política o de los negocios de la televisión. Algunos llevan mujeres pagas y corre mucho el éxtasis. ‘La 12’, la barrabrava de Boca, tiene como tres barcos y donde están ellos, siempre es donde hay más descontrol”.

Prefectura en alerta. Ante tanto consumo de sustancias, no es de extrañarse que hayan surgido negocios alrededor de la movida de “Colony Park”, como es el delivery de bebidas alcohólicas a las guarderías antes de que los barcos zarpen. Porque durante el día, y en el río, se complican las condiciones para surtirse de provisiones, y la logística para estar bien equipado debe pensarse muy bien. Así nació “Delta ATR Alcohol”. “Surgió para la gente que tal vez sale de las oficinas y no tiene tiempo de pasar por el supermercado. Además tenemos precios de mayoristas. Se vende mucho champagne, vodkas saborizados y todo lo que corte las bebidas energizantes”, explica Patricio, su creador y dueño del boliche “Fix Club”. “Hacemos descuento cuando gastan más de 10.000 pesos, algo que no es suficiente porque hay barcos que hacen noche en el río y llevan como 20 personas”, agrega sobre las cantidades de alcohol que se consumen en estos encuentros.

“La gente puede chupar lo que se le cante y drogarse con lo que quiera. Es como estar en tu casa. La Prefectura no puede hacer nada”, dice un empresario que concurre seguido a la zona. Esta misma persona explica que, aquellos que quieren excederse en el consumo de sustancias, suelen contratar a un marino que maneje el barco por 1.500 pesos.

Ante tanto desenfreno, uno de los interrogantes que surgen es, justamente, quién controla estos excesos. El Delta pertenece a los partidos de Tigre y San Fernando y su seguridad depende de la Prefectura Naval Argentina. NOTICIAS intentó comunicarse con esta fuerza pero no tuvo respuesta (ver recuadro). De todas formas, un prefecto cuenta: “El barco es una propiedad privada, no nos podemos meter. Y no se les puede hacer nada excepto que los enganches en uno de los controles que se hacen sobre el río y no tengan los papeles en regla, le dé positivo el test de alcoholemia a quien maneja, o superen la cantidad de personas que transportan por el número de chalecos que llevan. Estamos buscando la forma de controlar la situación”.

Con la muerte David Peña las autoridades dieron la orden de controlar lo que sucede en esta zona del río y que el misterio del Delta empiece a develarse.