Sociedad / 17 de julio de 2018

Las mujeres falladas según el Papa Francisco

En un nuevo documento considera que la castidad es “integridad física”. Cambio clientelar y revuelo entre las vírgenes consagradas.

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Ni cuando intenta aggiornarse la Iglesia consigue habitar, de veras, el siglo XXI. Con el flamante documento Ecclesiae Sponsae Imago, el Papa argentino informó la actualización de los requisitos para ser una “virgen consagrada”. Aunque suene paradójico, las aspirantes ya no necesitarán ser vírgenes para acceder al reducido círculo, notición que le cayó bastante mal a buena parte de la vieja guardia; unas 5.000 mujeres –según contabilidad eclesiástica- que sin ser monjas decidieron regalarle a Dios su castidad de por vida. Ahora podrán calzar el vestido blanco de la ceremonia iniciática mujeres que amen a Dios, sus cuerpos y sus orgasmos, mal que les pese a las que sacrificaron sus ganas para agradarle al Supremo. Pero lo que podría ser un gesto evolutivo de la Iglesia derrapa en el texto que justifica la flexibilización: “El llamado a dar testimonio del amor virginal, conyugal y fructífero de la Iglesia por Cristo -argumenta-  no se reduce al símbolo de la integridad física”.

Hasta donde interpretan la ley y las costumbres, la integridad física se afecta al sufrir una agresión, un daño. La vulneran las lesiones, las torturas, los tratos crueles o degradantes. ¿Eso es lo que provoca en las mujeres, según la Iglesia, disfrutar de su sexualidad? Si la castidad es el símbolo de la integridad física femenina, ¿las otras vendríamos a ser una versión defectuosa del modelo original?

Etimológicamente, integridad proviene de “no tocado”. Lo malo no lo ha tocado. Lo íntegro es honesto, sano, puro y completo. Las no castas perdimos una pieza, nos devaluamos pero servimos igual.

Si así piensa el modernizador Francisco, la apertura del club de las vírgenes no parece más que una medida clientelista. Chicas, sepan que por una merma en el stock ahora también se aceptan mujeres falladas.

 

*Editora Ejecutiva de Noticias.