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Opinión / 3 de septiembre de 2018

El día en que el ministro Finocchiaro organizó una capacitación sobre “mística cuántica”

En marzo del 2017 la Dirección de Educación bonaerense, liderada por Alejandro Finocchiaro, organizó un encuentro para docentes con el gurú indio Amit Goswami. Esto motivó una carta abierta de la Asociación Física Argentina, expresando su preocupación y alertando sobre el peligro de las pseudociencias.

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Que el Ministerio de Ciencia y Tecnología e Innovación haya perdido su estatus para convertirse ahora en una Secretaría dependiente del Ministerio de Educación es, para científicos, investigadores, técnicos y docentes universitarios de todo el país, una pésima noticia. Pero que el ministro del cual va a depender el área sea Alejandro Finocchiaro se ha convertido en una auténtica paradoja.

Cuando Finocchiaro estaba a la cabeza de la Dirección de Cultura y Educación bonaerense, se organizó en la ciudad de La Plata una capacitación para docentes. La misma estuvo a cargo de un tal Amit Goswami, un físico indio que profesa lo que denomina “mística cuántica”. En un comunicado, el área a cargo de Finocchiaro explicaba que con dicho encuentro se buscaba que “los educadores reciban nuevas herramientas creativas e innovadoras para formar docentes”. La responsable de la Dirección de Formación Continua, Liliana Ochoa, aseguraba en un video que luego del evento se subió a YouTube, que el indio ayudó a construir “estrategias de transformación y de crecimiento personal para el fortalecimiento de los equipos de trabajo”.

Cuando el video se hizo público, la Asociación Física Argentina (AFA) le escribió una carta abierta a Finocchiaro para expresarle su preocupación. En el documento, los científicos decían: “El supuesto experto en ‘mística cuántica’ es el Dr Amit Goswami, quien tras una regular carrera como físico nuclear en la Universidad de Oregon (EEUU), se convirtió en predicador de un culto pseudocientífico que pretende develarnos el poder de la mente sobre la materia”. Y aclaraban: “Describiremos brevemente de qué se trata esta farsa, pero antes de hacerlo dejamos constancia de que estas líneas nunca habrían sido escritas, de no ser por el hecho de que este “místico cuántico” ha asesorado a las autoridades encargadas de mejorar la calidad en nuestras escuelas”.

En la extensa carta, los miembros de la Asociación detallaban el principal problema con Goswami: “El culto de la “mística cuántica” distorsiona la física cuántica transformándola en la base de un manual de autoayuda. Razonando falazmente, afirma que, dado que la observación afecta al objeto observado, podemos como observadores, elegir el mundo en el que queremos vivir. Para hacerlo, según Goswami, deberíamos enfocar la energía de nuestra mente para hacer la observación adecuada. De ese modo, nuestra mente podría controlar el mundo material en el que vivimos. Para transformar el mundo, sólo debemos “observarlo” de la manera adecuada. Esto no es más que un conjunto de afirmaciones desprovistas de todo rigor científico y que nada tienen que ver con la física cuántica. Son un auténtico despropósito que no resiste el menor análisis científico”.

La carta cerraba con un llamado al Ministerio: recurrir a los científicos argentinos y no a cultos pseudocientíficos. “La mística cuántica, es sin duda una impostura intelectual. Lamentamos el incidente protagonizado por las autoridades de la Provincia de Buenos Aires, que le dieron a este personaje una trascendencia incomprensible. La comunidad física argentina interactúa continuamente con el sistema educativo y cuenta con muchos expertos en física cuántica. Sin dudas, las autoridades encontrarían en el ámbito de nuestras universidades, de los institutos del CONICET o de la Comisión Nacional de Energía Atómica, por ejemplo, un gran número de colegas dispuestos a colaborar con ellos. Pero para eso, sería necesario un ámbito de trabajo serio, que deje de lado creencias pseudocientíficas, que como la “mística cuántica” trata de creencias irracionales que deberían estar alejadas de nuestras escuelas”.

Que ahora aquél mismo funcionario, que nunca respondió a la Carta Abierta de AFA, sea quien tiene en sus manos los destinos de la Ciencia y la Tecnología argentina es, mínimamente, una enorme ironía.