Política / 17 de septiembre de 2018

La nueva vida de Oscar Centeno, el ex chofer de Roberto Baratta

Por

Un viaje en avión y otro en auto por un camino de tierra separan a Oscar Centeno de los tribunales de Comodoro Py, donde confirmó ser el autor de los cuadernos de la corrupción. Lleva un mes escondido en un domicilio al que sólo llega su custodia y la psicóloga que lo escucha cuando está mal. No puede recibir visitas pero espera la llegada de su defensor oficial. Si quisiera visitarlo, el abogado tendría que disponer de entre 24 y 48 horas entre ida y vuelta. Y estar dispuesto a aceptar medidas extremas, como el vendado de ojos. Como en una película.

El punto exacto del país donde vive el ex chofer de Roberto Baratta es reservado. Pero según pudo reconstruir NOTICIAS, Centeno pasa sus días en una casa con patio y un televisor, desde el que sigue atento las noticias. Tiene prohibidas las redes sociales porque podrían revelar su ubicación. Pero puede hablar por teléfono con una limitada lista de personas de su entorno más cercano.

Por el contenido de su declaración, las personas a las que involucró y el alcance de los damnificados a lo largo del país, el Programa de Protección a Testigos del Ministerio de Justicia determinó que Centeno corre un riesgo de vida alto. Por miedo, el chofer aceptó abandonar su vida en Olivos y vivir escondido por un tiempo, custodiado día y noche por el equipo de élite del Servicio

Penitenciario Federal “Los Lobos”. Libre, pero encerrado.
Ansioso. El martes 11 de septiembre, Centeno levantó el teléfono del escondite para hablar con su defensor oficial. El Programa de Protección a Testigos encendió las alertas habituales para que la llamada no fuera interceptada, puso a trabajar sus sistemas de inhibición de rastreo de comunicaciones y habilitó una línea segura.

“¿Hay novedades?”, le preguntó el chofer a Gustavo Kollmann. El abogado lo escuchó, quiso saber cómo se sentía y al final le pidió paciencia. Al menos hasta que el juez federal Claudio Bonadio resuelva su situación procesal.

Noticias: ¿Cómo está Centeno?
Gustavo Kollmann: Está bien. Se lo nota una persona tranquila, muy reservada. Me pregunta si tengo alguna novedad o me hace comentarios sobre alguna situación puntual de la causa. Hablamos para saber cómo está, si necesita algo, son llamadas de contención mutua. Centeno siempre manifestó estar bien. Obviamente tiene ansiedad, pero está informado en detalle del proceso, que no sabemos cuánto va a durar.

Noticias: ¿Sufrió algún tipo de amenaza o riesgo concreto?
Kollmann: No, pero al declarar saca los pies del plato. El miedo lo tenía y por eso escribía, era una protección. Por eso cuando se entera que los cuadernos los estaba manipulando otra persona, le da miedo y decide deshacerse de ellos.

Centeno siente miedo por su vida y por la de su familia, aunque ninguno de sus trece hijos ni sus ex parejas ingresaron al programa de protección. El ex sargento del Ejército que pasó gran parte de su vida arriba de un auto anotando direcciones, nombres y sumas millonarias, ahora está solo.

Las únicas personas con las que interactúa son “Los Lobos”, los penitenciarios a cargo de su integridad. “Se turnan para custodiarlo, rotan para no acostumbrarse a la rutina y se reparten en distintos anillos de seguridad”, explica a NOTICIAS Juan José Benítez, subsecretario de Justicia y Política Criminal.

El programa de protección, que Benítez coordina, brinda asistencia económica a los testigos durante seis meses. Cumplido ese tiempo, Centeno tendrá que salir a conseguir un empleo. Pero por ahora, la búsqueda laboral queda bastante lejos. La concentración está puesta en adaptarse a que su vida cambió para siempre.

Espectador. Centeno está imputado por su presunta participación en una asociación ilícita que involucra a Baratta, Julio De Vido, Cristina Kirchner y una larga lista de ex funcionarios y poderosos empresarios de la construcción. Sus propios registros minuciosos en los ocho cuadernos que completó entre 2005 y 2015 lo comprometen.

Pero él sostiene que fue un mero espectador. “Nunca se quedó con un peso de lo recaudado, ni tenía contacto con el dinero. Centeno escribió en los cuadernos lo que veía y eso lo ratificó ante el fiscal y el juez”, asegura su defensor.

Noticias: ¿Siente culpa o se arrepiente de haber formado parte del circuito?
Kollmann: Él era chofer de estas personas. Y empieza a escribir porque le empieza a llamar la atención todo eso y por otra parte, no quería perder el trabajo. Lo mandaban a comprar medialunas a las 5 de la mañana, a comprar helado para De Vido, no estaba llevando bolsos todo el día. Él quería ser remisero y estaba contento con eso, era un laburante. Estaba en la crema, rodeado de gente poderosa y eso para él era importante por su trabajo.

Noticias: ¿Cómo le llega el ofrecimiento para trabajar con Baratta?
Kollmann: Él trabajaba en una remisería que contrataba el Ministerio. Ahí establece relación y Baratta decide contratarlo de manera permanente. Lo tenía como “che pibe”. No eran amigos.

Noticias: ¿Qué siente en relación al impacto de sus cuadernos?
Kollmann: No lo sé, pero lo que él siente
es miedo. Temor por estar envuelto en esta situación. Es una situación rara, de incertidumbre, de sorpresa, porque no esperaba terminar así.