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Opinión / 13 de noviembre de 2018

Caso Zaira: el pánico social es política

La pueblada frente a la comisaría de Villa Ballester por el homicidio de la joven es una evocación pacífica y confusa del “que se vayan todos”.

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Otro drama con nombre propio: Zaira Rodríguez. Motochorros. Jueces giratorios. Policías desbordados e ineficaces. Políticos que, una vez más, anotarán palabras rimbombantes en el lienzo macabro del fracaso.

En las calles de Ballester se abrió paso un discurso político. Un grito de terror, desesperado. Gente común brama su “ideología” en la cara de los uniformados: “tenemos que salir a guardar el auto con un palo, no damos más”; “hay que armarse”; “la democracia es un negocio para los que nunca resuelven nada”.

Gravísimo. Las sociedades sacan conclusiones. Las que pueden, en un día a día de bolsillos atacados por todas partes. Por la ley, por la carestía y por el delito. Algo huele muy mal en la Argentina. Algo se está descomponiendo en medio de un estado gaseoso de pobreza, supervivencia y balas. Algo que va mucho más allá tanto de la palabra cansadora y cínica del kirchnerismo como de la chatura discursiva y sin carisma del PRO, y de quien sea.

Peligrosísimo. Las sociedades son caldo de cultivo. Piensan. Como pueden, entre un bla, bla, bla ruidoso, barullero, confuso que sólo busca votos y rating. Se está empezando a hablar mal de la democracia, cuando la democracia está por cumplir 35 años.

Tristísimo. Por Zaira. Por todos.

 

* Jefe de redacción de NOTICIAS.