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Mundo / 21 de enero de 2019

Cumbre en Brasilia: Bolsonaro marcó el rumbo

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Cuando en marzo de 1991 los presidentes Carlos Menem y Fernando Collor de Mello ( Brasil), Andrés Rodríguez (Paraguay) y Luis Alberto Lacalle (Uruguay), firmaron el Tratado de Asunción, imaginaron que era hora de crear un bloque económico que permitiese el crecimiento del comercio entre los países del Cono Sur, y que aumentase las exportaciones de la región. En el Preámbulo de dicho tratado colocaron que ese objetivo debía ser alcanzado mediante el aprovechamiento de los recursos disponibles, la preservación del medio ambiente, el mejoramiento de las interconexiones físicas, la coordinación de las políticas macroeconómicas y la complementación de los diferentes sectores de la economía, con base en los principios de gradualidad, flexibilidad y equilibrio.

Gradualismo. La política del gradualismo fue excesiva. Pasaron casi 28 años de la firma y es poco lo que se avanzó efectivamente, respecto de los objetivos planteados su fundación. “El Mercosur debe potenciar sus bases iniciales para que tenga sentido. Y hacen falta nuevas negociaciones para recuperar el tiempo perdido, y generar nuevas oportunidades”, le remarcó Jair Bolsonaro a Mauricio Macri en la conferencia de prensa que los presidentes de Argentina y Brasil dieron tras su primer encuentro. Y Macri le contestó que las negociaciones con la UE iban muy avanzadas y esperaba que él se sumara para terminar de cerrar acuerdos.

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Lo cierto es que desde el comercio intra-bloque, los avances son categóricos. En 1990, la denominada corriente de comercio (suma de exportaciones e importaciones) entre Argentina y Brasil, sumo US$ 2.045 millones. En el punto más alto del Mercosur, en 2011, la misma corriente de comercio marcó el record de US$ 39.607 millones. En final del año 2018, la misma fue de US$ 26.002 millones. Macri apunta en sus primeras negociaciones con Bolsonaro a recuperar una parte de esa brecha perdida de 13 mil millones.
Y hacia afuera, ambos saben que el resultado del Mercosur deja mucho que desear: se firmaron acuerdos con Egipto, India, Israel y África Austral (Zimbabue, Mozambique, Angola y África del Sur, entre otros). Pero el gran acuerdo que se espera con la UE todavía duerme. Y tanto Bolsonaro como Macri, coinciden en mirar ahora hacia el Pacífico, con Chile como aliado (Argentina firmó un acuerdo de Libre Comercio esta semana que ya ratificó el senado chileno).

Economía. La reunión de Macri y Bolsonaro, concluyó superando cualquier expectativa. La relación era tensa: algunos ministros argentinos habían desnudado sus preferencias por Fernando Haddad durante la campaña (del PT, rival del actual presidente); luego Macri había privilegiados las vacaciones en el sur a la asunción en Brasilia; y finalmente el Súper Ministro de Economía, Paulo Guedes, había marcado la cancha asegurando que ni Argentina ni el Mercosur serían prioridades para Brasil. Pero Macri confiaba en recuperar la alianza con una jornada cara a cara. Bolsonaro festejó que “Argentina llegó con una importante número de ministros”, sinónimo de que la administración Macri lo toma en serio. Y palabras como: “reforzar el vínculo”, “crecer sin ideologías”, “buscar resultados concretos”, “nueva agenda de trabajo con urgencia” se transformaron en música para los oídos de la delegación Argentina, incluido el propio Presidente Macri. La relación bilateral, estaba asegurada.

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“Quiero destacar el esfuerzo del presidente Macri para levantar la economía argentina y abrirla al mundo. Las reformas económicas de Brasil y Argentina son fundamentales para el crecimiento sostenible y el intercambio entre los dos países”, le marcó Bolsonaro en su discurso. Un claro “basta de gradualismos”.

Reformas. Bolsonaro tiene como ventaja, que “la herencia” recibida por parte de Temer es mucho mejor que la recibida por Macri de Cristina Kirchner. En Brasil, fueron aprobadas las leyes de la Reforma Laboral, el Congelamiento del Gasto Publico, y ya está en la agenda del Congreso brasilero la ley de Reforma de la Jubilación (el proyecto debe entrar al recinto en febrero). En cambio Argentina no tiene una ley laboral moderna, el equilibrio fiscal se debe conseguir por presión del FMI y el sistema previsional está colapsado.

¿Coincidencias? Los indicadores de ambos países, impiden la deseada coordinacion de políticas macroeconómicas.

¿Diferencias? En los estilos de gobernar: Bolsonaro no impulsa ninguna medida por la vía del “gradualismo”.

Continuará con las auditorías en las asignaciones de los planes sociales, iniciadas por Temer (sobre 1.200.000 inspecciones se detectaron que 651.000 cobran irregularmente). Y comenzó la reducción del estado echando a gran parte de los 4600 cargos que el gobierno del PT, había incorporado al Estado: suprimió de un plumazo 3400 cargos en el Ministerio de Economía. Y suspendió por tres meses el pago a las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) hasta saber si el aporte del recurso público estaba siendo bien utilizado.

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Orden. El trípode económico brasileño que instrumento el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, compuesto por el superávit fiscal, metas de inflación y libertad de cambio, se mantuvo en el Gobierno Lula, se perdió en el Gobierno Dilma, se comenzó a recuperar en el Gobierno Temer y se alcanzará en su plenitud en el gobierno Bolsonaro.

Brasil trabaja en economía con una política de Estado, donde no importa el nombre ni la ideología del presidente de turno. Todos van para el mismo lado (ocurrió en lo económico y en lo estratégico, como el caso de auto-suficiencia en Petróleo, que fue anunciada por Cardoso y obtenida por Lula).

Dentro de la política de promoción de exportaciones, el país no le cobra retenciones a sus exportadores y posee una política de desarrollo comercial donde quien exporta, no recibe reembolsos (le paga impuestos al Estado para que el Estado luego le devuelva una parte), simplemente porque quien compra insumos para producir un bien y exportarlo, no paga ningún impuesto.

Con esos antecedentes como bandera, la apertura de Brasil al mundo por medio de un Mercosur más flexible, es para Argentina, una buena noticia y una mala noticia al mismo tiempo: la buena noticia es que puede ayudar a nuestro país a ingresar a nuevos mercados en que Brasil haga cabeza de playa; la mala es que cuando un país firma un acuerdo de libre comercio con otro país, las fronteras se abren para ambos y hoy, la competitividad argentina deja mucho que desear.

En Brasil hay un dicho que dice: “se você corre o bicho te pega, se você fica o bicho te come”. Es decir: “si corres el bicho te agarra, pero si te quedas quieto, el bicho te devora”. Macri tendrá que resolver, en lo que a Brasil se refiere, si corre o si se queda quieto. La quietud hasta ahora no funcionó. Y Macri tendrá así, en un año electoral, la presión de un Brasil que empujara la necesidad de acelerar reformas estructurales para no quedarse fuera del circuito internacional. Un veloz éxito económico del gobierno de Bolsonaro podría ser tomado por el presidente argentino como la línea económica a seguir para la campaña y su eventual reelección, moderando claro su cercanía al brasilero para no perder aliados.