Menú
Mundo / 29 de enero de 2019

Crisis institucional en Venezuela: dos bandos en combate

Con Guaidó como contendiente se avivó la dialéctica de malos y buenos que divide al país y al mundo. Victimización y golpes.

Por

Desde la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente, Venezuela está al borde de la guerra civil. Un país dividido en bandos irreconciliables: cada uno se asume como el bien y demoniza al adversario, en una lógica que se extiende por el mundo y fractura a Latinoamérica.

Troika del terror. “La Casa Blanca entienden que hay una troika del terror en Latinoamérica, con Cuba, Venezuela y Nicaragua, y muy pronto van a haber medidas fuertes contra ese eje”, desnuda el senador republicano por Florida -con raíces cubanas- Marco Rubio. El mismo que en la noche del martes pasado había advertido por Twitter sobre las intenciones de la policía secreta de Nicolás Maduro de detener a Gauidó y otros diputados de la Asamblea Nacional (AN) de Venezuela, el cuerpo opositor que hoy arenga las marchas antichavismo.

“Funcionarios del #SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia) deberían reconsiderar el plan que tienen para mañana antes de que sea demasiado tarde”, escribió Rubio. “Están a punto de cruzar la raya y desencadenar una respuesta que, créanme, no están preparados a enfrentar. Todavía tienen tiempo para evitarlo”, sumó el senador, una de las voces más influyentes en Washington en la política estadounidense sobre Venezuela, y quien se reconoce el enlace entre Guaidó y la Casa Blanca. Vínculo sobre el que el madurismo se apoya por otro lado para denunciar el intento de golpe de estado por parte de los Estados Unidos y alineados.

(Leer también: Tambores de guerra en Venezuela

“Ayer Juan Guaidó me pidió una reunión a mí y me dijo que fue muy presionado el día de hoy, que lo presionó todo el mundo. Presión vas a llevar de nosotros, para que sepas”, contó Diosdado Cabello, jefe de la oficialista Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela (ANC) en su programa en la tv pública venezolana. El número dos del chavismo aseguró que Guaidó se presentó al encuentro “disfrazado” para evitar que lo reconocieran, y que en el día de su “usurpación” como presidente interino le envió “otro mensaje” para explicarle sus acciones. “Si usted no cumple su palabra va a llevar, si quieres me desmientes. Vas a llevar”, amenazó Cabello recordando el ultimatum de 72hs que les dio Maduro a los opositores para abandonar el país. “Parece que va a despachar desde allá”, se rió Cabello, como anticipando la partida de Guaidó a Estados Unidos.

Apoyos y rating. “El programa tuvo un rating fenomenal, fue el tercero más visto ayer a nivel mundial”, lo felicitó Maduro a Cabello en cadena nacional al día siguiente respaldado por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). “#Wearemaduro fue tendencia ayer en Europa y Turquía”, siguió el presidente haciendo valer los “apoyos internacionales” mientras sostenía en sus manos una pequeña constitución de bolsillo. “Acá no hay ningún artículo que diga que alguien levanta la mano en una plaza pública y se autoproclama presidente de la república”, le apuntó a Guaidó. Y se apoyó reiteradas veces en el Artículo 233 que “trata acerca de las faltas absolutas del Presidente de la República, entre las cuales sobresale el abandono del cargo”.

(Leer también: Por presión de Maduro, diplomáticos estadounidenses se retiran de Venezuela)

Y Maduro no abandona aunque varios países lo desconozcan y presten su apoyo a Guaidó. Donald Trump fue el miércoles en reconocer al líder opositor como “el presidente legítimo de Venezuela”. Se había acordado en la noche anterior entre el presidente estadounidense, Rubio y Mauricio Claver, el director del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca de origen cubano. “Guaidó aparece como la figura perfecta para un gobierno de transición: un hijo de militares con estudios en Washington, con capacidad tanto para movilizar al pueblo como para conducir una ofensiva contra Maduro”, marcan a NOTICIAS desde la bancada republicana en el senado.

Al apoyo estadounidense se sumaron inmediatamente el de Mauricio Macri, el colombiano Ivan Duque y Jair Bolsonaro (en conferencia conjunta desde Davos). Y luego en conjunto los 11 países del denominado Grupo de Lima, en reconocimiento de la legitimidad de Guaidó.

(Leer también: Cumbre Macri y Bolsonaro: ni poco ni demasiado)

“La comunidad internacional esta reconociendo la legitimidad de esta autoridad que ha invocado sobre si el presidente de la asamblea y le permite a una mayoría de la población de reclamar la vuelta de la democracia”, apunta el canciller argentino Jorge Faurie. “Todos los países que estamos en el Grupo Lima respaldamos la Asamblea Nacional y el accionar de Juan Guaido como presidente. El presidente habló con Guaidó, y nuestro apoyo y el de otros países le da legitimidad para hacer consultas políticas y llamar a elecciones. Es la única manera que de forma pacífica el pueblo venezolano pueda legitimar un presidente”, agrega.

Diplomacia o botas. “Desde Argentina no estamos evaluando romper relaciones diplomáticas. Nuestra embajada en Venezuela está abierta y funcionando”, cierra Faurie.

“Es importante no cortar los vínculos diplomáticos. Algo que pedía Guaidó al mundo hoy”, apoya Susana Malcorra. La ex canciller, insiste con la idea de buscar desde la mediación (“el Vaticano o la ONU son siempre las opciones”, explica) una salida que cierre la grieta venezolana. “Las grietas pueden servir en el corto plazo para un resultado electoral, pero como cosmovisión no te sirve la grieta. Lo cual no quiere decir el pensamiento uniforme, esa es la gran diferencia”, apunta en diálogo con NOTICIAS.

(Leer también: Susana Malcorra: “Como cosmovisión no te sirve la grieta”)

El pensamiento no es de hecho uniforme ni siquiera en el Grupo Lima. El mexicano Andrés Manuel López Obrador y el uruguayo Tabaré Vázquez se separaron del resto: fueron los que pidieron diálogo, pero con apoyo a Maduro que cuenta también con las adhesiones de Cuba, Bolivia, Nicaragua y El Salvador: Miguel Díaz Canel, Evo Morales, Daniel Ortega y Salvador Sánchez Cerén fueron los únicos presidentes de la región que acompañaron el acto de reasunción de Nicolás Maduro el pasado 10 de enero, antes de que se desataran nuevamante los enfrentamientos en Venezuela. Y China y Rusia son los grandes aliados internacionales.

“China apoya los esfuerzos del Gobierno de Venezuela por mantener su soberanía, independencia y estabilidad”, expreso la Ministra de Relaciones Exteriores, Hua Chunying. Vladimir Putin fue un poco más fuerte: “la injerencia de Estados unidos en Venezuela puede desatar un baño de sangre”, sugirió. Y la pieza clave es Cuba: Raúl Castro habla a diario con Maduro, sugieren desde la isla. Y la milicia y el servicio secreto venezolano informan -o reportan según el caso- también regularmente a los mandos cubano que los formaron. El ejército venezolano es el principal sosten del régimen chavista, y su lealtad está con Maduro: en un comunicado leído por el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana de Venezuela sentenció el jueves pasado que no aceptará a un “presidente autoproclamado” ni se “subordinará a una potencia extranjera”, y que rechazaban los “groseros actos de injerencismo” de los gobiernos extranjeros.

Cifras y grieta. Sin Justicia ni Ejército de su parte, la fuerza de Guaidó parece residir en la oponión pública: el 64,3% de los ciudadanos lo reconoció como la máxima autoridad del país, según un relevamiento realizado el mismo 23 de enero por la encuestadora mexicana Massive Caller. El sondeo urgente efectuado por teléfono a 2.000 venezolanos, demostró a su vez que el 88% de quienes apoya al legislador opositor está “dispuesto a tomar acciones públicas” en su apoyo. La contracara del informe es la supuesta caída abrupta del apoyo al presidente electo, Nicolás Maduro, quien de acuerdo a la encuesta sólo logró mantener un 35,7% de reconocimiento a su mandato presidencial. De esa porción de adherentes, el 53% manifestó estar dispuesto a salir a las calles a defenderlo.

(Leer también: Temor en Venezuela por la represión al “golpe de estado”)

“En Venezuela aún no vimos números porque es un hecho muy reciente y no existe la claridad en el torrente informativo sobre el no reconocimiento de Maduro como presidente. Pero sí hay un rechazo a la gestión de su Gobierno. Después de 2014, Maduro ha logrado subir muy pocas veces su imagen del 30%. Ha sido una montaña rusa alrededor del 32% como techo. En los momentos más bajos ha llegado a 19%”, explica a NOTICIAS el consultor venezolano Oswaldo Ramírez. A su entender, “la aprobación dura de Maduro no excede los 7 puntos porcentuales”.

La baja popularidad del Gobierno se vio reflejada también en un reciente trabajo de Ratio, la encuestadora de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) de Caracas, que registró un 68% de insatisfacción con la gestión. “Regresa el malestar después de la expectativa que generó en la población los anuncios económicos”, decía la consultora a principios de 2019. En agosto, Maduro subió el salario mínimo, lo que le permitió cerrar el año en alza: “El mejor momento del gobierno. 36,5% declara estar satisfecho con el Gobierno”, registró Ratio en ese momento. El panorama de alivio, incluía que sólo el 14% evaluaba su situación personal como “muy mala”, algo que no ocurría desde 2015.

(Leer también: Una estrella chavista en contra de Maduro)

La “primavera chavista” coincidió entonces con “el peor momento de la oposición”, de acuerdo a relevamientos de la misma consultora (oposición, oficialismo e imparciales se repartían en tercios). Pero el panorama parece haber cambiando abruptamente con la irrupción de Guaidó. Para Ramírez, el autonombrado presidente interino “tiene condiciones a favor: viene del seno de una camada de jóvenes que viene luchando desde el año 2007 y cuenta con esa fuerza de imagen colectiva ante el deterioro de aceptación de otros líderes de la oposición. Y es un rostro que si bien no es nuevo, no era de los grandes mediáticos de la política en Venezuela”.

Más sangre. El escenario marca que Maduro no renunciará. Y jugado el todo por el todo, Guaidó apura a los enajenados contra el régimen para ganar las calles. Guerra civil que en esta nueva etapa ya supera la decena de muertos, que se suman a los cientos masacrados en marchas por la represión policial (menos de 200 en 2017-2018 según las cifras oficiales; más de 5000 para la oposición).

(Leer también: Los miedos de los venezolanos: hablar de política y ser espiados)

Las imágenes -con videos desgarradores- sacuden por Whastapp (hoy el 32% de los venezolanos se informan por ese medio, otro tercio confía en el boca a boca, y los restantes -fieles a la comunicación oficial- siguen a los canales estatales) reforzando la imagen de líder perverso de Maduro.

Para la oposición son los mártires de la lucha que arengan, muchas veces desde el exilio, mientras rezan por una intervención extranjera armada que convierta la tragedia en una peor.