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Personajes / 13 de marzo de 2019

Nicolás “Cayetano” Cajg: “Si molesta el piropo, no lo podés decir”

Habla del matrimonio, el feminismo y su pasión por el fútbol. Detalles sobre su historia familiar y su adicción al juego.

Foto: Juan Ferrari

Audaz, divertido pero también reflexivo, a Nicolás Cajg (40) todos lo conocemos como Cayetano, apodo que le puso Andy Kuznetsoff hace 17 años, cuando entró a trabajar en Perros de la calle, el programa matutino de Radio Metro. “Fue después de hacer un móvil en Liniers, un 7 de agosto. Salió pésimo pero el santo ayudó”, simplifica Cayetano.

Vive en un departamento, en el barrio de Coghlan, que comparte con su novia Carolina Fortunato, con quien se casará en diciembre. Están terminando de acomodarlo, y hay pilas de libros por acá, trastos de cocina por allá y un flamante aire acondicionado para amainar el agobiante calor de verano. Es un buen presente el de Cayetano porque a su trabajo en Perros de la calle, se le suman dos ciclos en Direct TV Sports: Vamos a la Caye, y Repechaje.

(Leer también: Andy Kusnetzoff y la hora de los tibios)

Noticias: Trabajar con amigos es el sueño de muchos, ¿está tan bueno como parece?
Nicolás Cajg: No somos un grupo de amigos que se juntó a hacer radio, sino un grupo de profesionales que nos hicimos amigos trabajando en un programa de radio. A veces nos hace bien no juntarnos después de la radio porque si no estamos todo el día juntos.

Noticias: ¿Usted es inimputable?
Nicolás: Eso mismo. Soy desopilante. Me animo a cualquier cosa.

Noticias: Pero debe tener filtros, ¿cuáles son?
Nicolás: Si, tengo un filtro un poco más corrido que el resto de los seres humanos. Pero no es una pose sino una manera de ser. En mi familia hay varios que somos así. No soy desubicado y no me da vergüenza, por ejemplo, contar fracasos.

Noticias: ¿Y qué le da vergüenza?
Nicolás: Nada porque, además, no creo tener una vida excepcional. Me atrevo a contar cosas que sé que le pasan a muchas otras personas. Y todo termina siendo en complicidad con el oyente, como cuando me puse un conchero para subir al escenario con Hernán Casciari, en Mar del Plata. Es un juego.

Noticias: Tiene la suerte de que le paguen por jugar.
Nicolás: Sí, tengo la suerte de que me paguen por divertirme, pero también, en algún momento, eso me jugó en contra y hasta lo hablé con mi psicóloga. Llegué a divertirme tanto en el trabajo que después, afuera, era un amargo porque ya me había divertido demasiado en el día.

Foto: Juan Ferrari

Noticias: Algunas veces contó que el casamiento no era para usted. Sin embargo, anunció que se casa. ¿Con los 40 llegó el momento de formalizar?
Nicolás: Está un poco relacionado, es verdad. Veníamos hablando de casamiento con Carolina y una noche fuimos a ver la película Nace una estrella, con Lady Gaga y Bradley Cooper, y en un momento él rompió la cuerda de su guitarra, le hizo un anillo y le propuso casamiento. Justo, hacía unas semanas, se me había roto una cuerda de mi guitarra, tratando de afinarla. Estábamos un domingo en familia y, de golpe, le dije a mis hermanos que quería proponerle casamiento a Carolina, ese día. No me creyeron. Pero tenía la cuerda de la guitarra, improvisé un anillo y en un papelito escribí: “¿te querés casar con mi tío?”, para que mi sobrino Homero se lo diera. Así fue, pero Carolina no me creyó aunque se emocionó igual.

Noticias: ¿Qué cambió para que cambiara de opinión?
Nicolás: Nunca me quise casar, no me interesaba. En cambio, a mi novia le interesaba casarse. Al mismo tiempo, me di cuenta de que Carolina es la mujer con la que quiero estar en resto de mi vida. Pensaba que el matrimonio era una cárcel pero ya no lo siento de ese modo. La soltería y la joda, durante muchos años, también pueden ser una cárcel.

Noticias: ¿Cómo vive estos tiempos de empoderamiento femenino? Alguna vez Perros de la calle fue señalado como un programa machista.
Nicolás: No creo ser machista. En algún momento Perros de la calle fue un programa de hombres pero no machista. Me crié con tres hermanas, mi mamá, mi abuela, siempre viví entre mujeres y no creo haber sido machista. Ni tenía la posibilidad de serlo. Claro que tenía actitudes que, vistas hoy, yo mismo me doy cuenta que estaban fueran de lugar.

Noticias: Algunos hombres creen que se fueron al otro extremo y temen decir un piropo, ¿qué piensa usted?
Nicolás: Es no querer entender. Porque si a la mujer le molesta el piropo, no se lo podés decir. No hay más discusión.

Noticias: Hace tiempo contó que estaba escribiendo un cuento sobre su historia familiar, ¿lo terminó?
Nicolás: No (ríe), me tomo mi tiempo. Mis abuelos paternos, Samuel y Eye, estuvieron en Auswichtz. A mi abuelo no lo conocí porque falleció un año antes de que yo naciera. Mi abuelo estuvo en la lista de Schindler y gracias a él se salvó de morir en un campo de concentración. Mi abuela falleció hace 14 años y sobre ella es la obra que escribió mi hermana, Eye y yo. Mientras mi hermana la escribía, yo hacía lo mismo con un cuento vinculado con el número de mi abuela, el que le tatuaron en uno de los campos de concentración. ¡Estábamos haciendo lo mismo sin haber hablado! Cuando nos lo contamos, no podíamos creerlo; una cuestión energética difícil de explicar. De todas maneras, ella va por la segunda temporada exitosa de su obra y yo todavía no terminé el cuento. Sentimos lo mismo pero Julieta es más emprendedora, sin dudas.

Foto: Juan Ferrari

Noticias: Hace unos años superó su adicción al juego, ¿cómo está hoy?
Nicolás: Muy bien. Hay que saber que una adicción se supera pero también siempre hay que estar alerta. Hace cuatro años que no piso un casino pero sé que tengo que estar atento. Aprendes eso haciendo el tratamiento, como lo hice yo en Jugadores Anónimos y con psicóloga. No tenes que subestimar a la enfermedad. De vez en cuando, y cada vez más esporádicamente, pueden agarrarme ganas de jugar pero desarrollé la capacidad de tomarme un tiempo para pensar, en lugar de ser impulsivo. Si hoy me dan ganas de jugar, puedo parar un momento y preguntarme si me hace bien o mal, si debo o no hacerlo, a quién lastimo, para qué. Y decido no jugar porque no me hace bien. Me hicieron mucho daño las apuestas deportivas, el casino, el poker. No es que no tengo más ganas, pero ya no lo hago. Apenas superé todo esto, tuve que hacer una nota en Córdoba y me hospedaron en un hotel-casino. Fue un desafío tremendo. Ni lo pisé.

Noticias: Tiene una buena capacidad de resiliencia.
Nicolás: La mayor victoria de mi vida es haber podido dejar atrás mi adicción. Una adicción es muy brava, perdés el control de tus acciones. Además ésta es una adicción difícil de entender porque es silenciosa y no se manifiesta de manera directa en el cuerpo. Nadie se entera si perdés mucha plata en un juego.

Noticias: ¿Recuerda cuándo fue el momento en el que se dio cuenta que apostar era un problema?
Nicolás: Desde que nací. Tendría 8 años y mi viejo me llevó a una carrera de galgos, a un canódromo en la costa. De ahí a la adicción hay un camino grande, claro está. No recuerdo mi primera apuesta. En la primaria, en 5º grado, en los recreos jugábamos al ping pong, la inscripción era de un peso y yo llevaba el fixture. Por ahí, el ganador se llevaba 15 pesos y yo, como organizador, 5. Siempre fui muy lúdico. Hoy también. Pero no apuesto. Me gusta jugar, me divierte y en un momento lo convertí en apuestas fuera de control y es lo que me hizo daño.

Liliana Podestá
@lilianapodesta