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Economía / 20 de marzo de 2019

Cuáles pueden ser los aportes del campo a días de la campaña de soja y maíz

Una mejor cosecha respecto del año pasado impulsaría 1,4 puntos del PBI en medio de la recesión y aportaría dólares desde abril.

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Transitando el inicio del período de la cosecha gruesa, puede darse por sentado que la presente campaña representará una significativa recuperación, estimada en +22%, con respecto al ciclo previo, cuando el déficit hídrico causó estragos en la producción de la mayor parte de la región agrícola. En este contexto, se estima que el PBI del agro podría registrar un repunte del orden de 39% en términos interanuales en el segundo trimestre del año (aportando 1,4% al PBI de 2019).

A partir del segundo trimestre del año, el sector agropecuario brindará indicadores alentadores de la mano de una cosecha que alcanzará niveles muy superiores en relación con los del año pasado. Lluvias de otoño y primavera permitieron recuperar para las etapas de siembra gran parte de los lotes afectados por la sequía: el área sembrada de los cultivos de invierno (trigo y cebada) aumentó un 5% en la comparación interanual mientras que a partir de septiembre los cultivos de verano (soja, maíz, girasol) hicieron lo suyo con aumentos en torno al 3%.

Aunque con una situación heterogénea en función a los resultados económicos y financieros que generó la pasada magra cosecha para los productores (a los que se sumaron las restringidas condiciones de financiamiento por las altas tasas de interés), la depreciación del peso ayudó a los márgenes del sector a pesar del impuesto a las exportaciones (de 4 pesos por dólar, aproximadamente 10%). Con la necesidad de “hacer caja” para la siembra gruesa y un precio internacional del trigo en valores muy altos por problemas productivos en regiones relevantes como Rusia, Unión Europea y Australia (no tenemos exclusividad de sequía), la campaña comenzó con pronósticos de recuperación y con un campo articulando fuertemente de manera cooperativa entre sus diferentes actores (productores, acopiadores, proveedores de insumos).

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La exportación de carne vacuna está aumentando de manera significativa, sobre todo por la demanda china. Su correlato es la suba de precios en el mercado interno. Se espera que la cosecha de soja repunte y mejore la industria aceitera.

De todas formas, las condiciones agroclimáticas no fueron las mejores en todas las regiones productivas: pasamos de una campaña en la que las lluvias se hicieron desear en los períodos críticos de desarrollo a otra en la que las precipitaciones superaron los valores medios históricos en el verano, con el agravante de que fueron de mucha intensidad y en lapsos cortos. Excesos hídricos se evidenciaron en el Litoral e imposibilitaron la siembra en amplios sectores de Chaco, Santiago del Estero y norte de Santa Fe. También eventos de granizo y lluvias extremas provocaron pérdidas de lotes de trigo en plena cosecha. Sin embargo, en la zona núcleo es de esperarse que los rindes por hectárea sean más altos que la media de los últimos años y no sólo compensarían a nivel agregado nacional las pérdidas, sino que cultivos como el maíz presentarán un volumen de producción récord.

Cereales. A pesar del golpe que dio el clima a los potenciales rindes del trigo que ilusionaron con una cosecha cercana a las 21 millones de toneladas, la misma culminó en torno a los 19,4 millones y es la mejor marca histórica. Las partidas de óptima calidad y con buenos precios internacionales llevan un nivel alto de adquisición por parte del sector exportador, por lo que es de esperarse un ingreso de divisas cercano a los 3.100 millones de dólares por los envíos al exterior. Considerando también la cebada, la campaña fina contribuirá con 3.875 millones de divisas genuinas, un aumento del 35% respecto del ciclo anterior.

La campaña gruesa en líneas generales mantiene buenos augurios: la producción del poroto de soja volverá a superar las 50 millones de toneladas y presentará una gran recuperación, considerando que fue el cultivo más afectado el ciclo previo. Esto resulta fundamental para uno de los principales polos industriales del país, que es el de la molienda de la oleaginosa, dado que cuenta con una capacidad de procesamiento instalada que requiere de al menos 40 millones de toneladas para trabajar en niveles óptimos (en 2018 se precisaron de importaciones temporarias de poroto desde EE.UU. y Paraguay, que totalizaron 6 millones).

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En el caso del maíz, la mayor parte de los cuadros sembrados mantienen un excelente estado y en la región núcleo los perfiles cargados de humedad favorecen los rendimientos, por lo que es de esperarse que sean superiores a los promedios de las últimas temporadas. De esta manera se alcanzará una producción nacional récord en torno a las 51 millones de toneladas. La mayor oferta de este cereal es también una gran noticia ante una demanda externa activa: el sudeste asiático es el principal comprador del maíz argentino y aumenta el ritmo de embarques con el avance de la cosecha. Las divisas que puede aportar estarán en torno a los 4.451 millones de dólares, con un precio internacional que tiende a la baja por el alto nivel de stock norteamericano.

Recuperación. Las inversiones realizadas vía adquisición de insumos y servicios ya manifiestan un efecto multiplicador en la cadena productiva y eso ya es positivo. El consumo de agroquímicos aumentó un 11% en 2018 con respecto al ciclo previo, con una variación aún mayor en el último trimestre del año. En relación con la maquinaria agrícola, con el inicio de liquidación de la cosecha gruesa comenzará a aparecer signos de reactivación de la demanda. Aunque las tasas de interés vigentes tendrá una mayor relevancia en las decisiones de compra del productor, los buenos márgenes que ofrecerán la campaña estimularán una demanda que cayó fuertemente en 2018 y provocó acumulación de stocks en la industria de maquinaria.

Los eslabonamientos hacia adelante tendrán un impacto positivo por la mayor disponibilidad granaria. La ganadería cuenta con una estructura de costos donde la alimentación ocupa un lugar clave y en ese sentido la estabilidad de precios internos del maíz y la soja, marcada por un buen nivel de existencias, generará previsibilidad al negocio de agregado de valor que significa la trasformación del grano en proteína animal. La creciente demanda china sobre la carne bovina argentina aumentó sideralmente los niveles de exportación local y eso requiere una producción sostenible con un creciente número de stock bovino.

En definitiva, a pesar de que los precios internacionales se encuentren en niveles más bajos que los de 2018 merced a un comercio internacional alterado por conflictos comerciales, la recuperación de la oferta primaria local permitirá un mayor volumen de exportaciones e ingreso de divisas genuinas tan necesarias para el contexto económico actual y que comenzará a materializarse a partir de abril y mayo con la cosecha de la soja.

* ECONOMISTA y especialista en el sector agro de la consultora ABECEB.

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