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Cultura, Sociedad / 29 de marzo de 2019

Filosofía: la ideóloga del antifeminismo

La pensadora Peggy Sastre en diálogo con NOTICIAS, advierte sobre la victimización compulsiva de las mujeres. Cómo es el “anti #MeToo” francés.

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En contra de lo que llama el “feminismo corporativo” y su tendencia a la victimización, Sastre descree del concepto de “sororidad” por irreal.

“Desde el caso Harvey Weinstein se ha producido una toma de conciencia sobre la violencia sexual ejercida contra las mujeres, especialmente en el marco profesional, donde ciertos hombres abusan de su poder. Eso era necesario. Pero esta liberación de la palabra se está transformando en lo contrario: se nos ordena hablar como es debido y callarnos lo que moleste, y quienes se niegan a plegarse ante esas órdenes son vistas como traidoras y cómplices”. Este es uno de los párrafos más contundentes de un documento firmado por un centenar de personalidades francesas a comienzos del año pasado, en lo que constituyó un revés conceptual para el #MeToo norteamericano. Publicado por el prestigioso diario “Le Monde”, recorrió el mundo despertando polémicas dentro de lo que muchos denominan “feminismo hegemónico” o “corporativo”, que es el que se impuso en los últimos años, principalmente desde los colectivos de celebridades.

“La violación es un crimen, pero la insistencia desafortunada en el levante no es un delito, ni la galantería es una agresión machista”, enfatiza el texto, en tanto se opone a medidas como el escrache sin pruebas peritables, la victimización compulsiva y el regreso a un “puritanismo sexual” que, según sus autoras, había quedado atrás en las décadas del ’60 y ’70. También habla del “derecho a importunar” como una base fundacional de la libertad de expresión y compara a las cultoras del feminismo radical con los extremistas religiosos. Muchas de las mujeres más importantes de la cultura francesa, como la escritora Catherine Millet, la cantante Ingrid Caven, la editora Joëlle Losfeld, la legendaria actriz Catherine Deneuve, la cineasta Brigitte Sy, la escultora Gloria Friedmann y la ilustradora Stéphanie Blake salieron a apoyarlo en ruedas de prensa y giras internacionales.

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El fenómeno: Las denuncias contra el productor de Hollywood Harvey Weinstein traspasaron las fronteras y derivaron en un movimiento mundial contra el acoso.

En la Argentina, las repercusiones en contra no se hicieron esperar. Página 12 publicó una foto de Deneuve con una suerte de bigote destinado a simbolizar un sesgo fascista en su manera de pensar. Poco después, durante una visita a Buenos Aires en el marco del Festival Internacional de Literatura (Filba), Millet, quien como la protagonista de “Belle de jour”, fue una figura clave en la legalización del aborto de su país, aseguró que un feminismo que desatiende su propia historia, ningunea sus logros laudados y privilegia factores sentimentales en detrimento de la ciencia o la filosofía, no es genuinamente pluralista y genera divisiones innecesarias a nivel social.

El manifiesto que, además, condena la censura en el ámbito artístico efectuada en virtud de la perspectiva de género, tuvo entre sus redactoras a la joven filósofa y escritora Peggy Sastre. Autora de libros de divulgación científica y muy crítica del ámbito académico del cual proviene, recibió a NOTICIAS en una galería de arte de París, para explayarse sobre los riesgos de caer en el “vigilantismo bárbaro” que tiene el feminismo de última hora.

Detractora del concepto de sororidad por considerarlo impracticable en la vida real, Sastre asegura que “en todos los temas sociales como aborto, prostitución o pornografía, los segmentos más conservadores de la población están dominados por mujeres”. Y advierte que “la competición intrasexual femenina es una herramienta mucho más efectiva que el patriarcado a la hora de explicar los ataques contra las libertades individuales relativas a la sexualidad”.

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Noticias: ¿Cuál ha sido su formación y recorrido profesional?
Peggy Sastre: Estudié filosofía con especialización en epistemología y filosofía de la ciencia. Mi tesis fue acerca de los paralelos entre Nietzsche y las ciencias naturales, especialmente Darwin, y mi doctorado en filosofía hizo foco en la moral. Nunca intenté quedarme en la academia después del doctorado. Quería pasar a la antropología biológica. Uno de los popes de ese campo, Napoleón Chagnon, quien fue víctima de una salvaje persecución en su momento, me convenció de que sería más feliz y tendría más influencia fuera de la academia que dentro. Me temo que tenía toda la razón. Para financiar mis estudios, trabajé como periodista científica y traductora y esas siguen siendo ocupaciones que tengo hoy. Con la traducción, también puedo difundir ideas interesantes y hacer mi parte en la Guerra Cultural del presente, que puede resumirse así: salvar a la ciencia de la academia, y salvar a la sociedad de la falsa ciencia. Más recientemente, estoy muy orgullosa de haber importado la revista “Quillette” a Francia. Traduzco un artículo semanal en la revista de noticias francesa “Le Point” y espero más esfuerzos conjuntos en el futuro.

Periodista y filósofa, Peggy Sastre redactó la carta que un colectivo de mujeres francesas envió a “Le Monde” contra el movimiento #MeToo.

Noticias: ¿De qué tratan los libros que ha escrito hasta ahora?
Sastre: En general mis libros giran en torno al marco biológico y por lo tanto evolucionista de temas como el sexo y el género. Más precisamente, muestran cómo el feminismo no puede funcionar fuera de ese marco. Yo no digo: “la biología lo explica todo”, sino “sin biología no podés explicar ni hacer nada sin ser autoritario”. No lo soy y estoy bastante preocupada por las tendencias autoritarias que veo en la izquierda en general y en el feminismo en particular. Para mi primer libro, “Ex Utero” -de 2009- que era más bien un manifiesto, acuñé el término “evofeminismo”: un feminismo evolutivamente informado y adaptativo. Si se descubren nuevos hechos, es la ideología la que debe cambiar y no al revés. Desde entonces, tiendo a minimizar en mi trabajo los aspectos ideológicos al tiempo que privilegio los científicos. Pero mi principal motivación siempre ha sido encontrar verdades, no tribus. Mi mayor placer es aprender cosas; me hace feliz enseñarlas y cuando encuentro lectores que me dicen: “ahora pienso de manera diferente”, es lo mejor que me puede pasar. Hasta ahora vengo escribiendo libros sobre fitoterapia -basada en evidencia-, investigación sobre evolución sexual, asexualidad, medicina enfocada en género, teorías evolutivas acerca del patriarcado y dependencia afectiva. Mi próximo libro va a ser sobre comportamiento biológico en general, no solo sobre sexualidad y género. Y estaría encantada de traducir algunos al castellano, especialmente “La dominación masculina no existe más”.

Noticias: ¿Se podría temer que por la presión de los colectivos feministas, la justicia diera curso a denuncias por abuso o acoso sin una evidencia concluyente que las respalde?
Sastre: Es lo que pasa cuando no queda nada por lo que luchar; tus batallas han sido ganadas pero querés continuar la guerra a pesar de todo. Es el “síndrome del San Jorge retirado”, como lo llamaría Kenneth Minogue. Y también un síntoma de decadencia radicalizada, cuando la principal urgencia es demoler porque tu utopía necesita una “destrucción creativa”. Pero no hay nada bueno que esperar de la demolición de la garantía de igualdad ante la ley y derecho al debido proceso, esto sólo abre el camino al vigilantismo bárbaro. La Era de la Ilustración nació sobre los cadáveres de las guerras europeas de religión y ahora temo que las feministas sectarias estén a punto de matar a la Ilustración en la medida que están plantando las semillas de las nuevas guerras tribales.

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Noticias: El documento que firmó junto a otras intelectuales francesas en reacción al #MeToo fue muy criticado por la opinión pública en la Argentina. ¿Cómo fue la situación en Francia?
Sastre: Fue duro en los medios tradicionales o sociales, pero vigorizante en privado: muchos mensajes de gente que ya había tenido bastante de la “inquisición amable”, como diría Jonathan Rauch, nos agradecían tener el coraje de hablar. Pero nuestra carta abierta fue saboteada por feministas agitadoras quienes nos acusaron de trabajar para pedófilos y violadores: ¿cómo se puede tener una discusión de buena fe en este contexto? Queríamos abrir un debate y respondieron cavando trincheras. Pero debo enfatizar que aunque tanto yo como los firmantes de la carta abierta fuimos acosados, tuvimos todo el apoyo de los editores. Nunca intentaron censurarme y yo siempre estaré agradecida por eso.

Frente a los reclamos feministas, las intelectuales francesas que se pronunciaron contra el #MeToo se oponen al escrache, al punitivismo y el puritanismo sexual.

Noticias: ¿Cree que algunos feminismos muestran poco interés por la ciencia?
Sastre: Patricia Gowaty se refirió al “analfabetismo científico”. Yo lo llamaría “creacionismo cerebral“. Frans de Waal lo denomina “antroponegacionismo”. Está bien pensar que la evolución funciona para otros animales fuera de nuestra especie o para nuestra fisiología, pero no para nuestra psicología y comportamiento. Ese es un trágico error. Yo creo que la biología nos lleva de una correa, pero cuando la ignorás o no la comprendés, la correa se vuelve más corta y Evolución se convierte en Destino.

Noticias: ¿Hay mujeres más machistas que los varones?
Sastre: Eso no es lo que pienso sino lo que observamos: en todos los temas sociales como aborto, prostitución o pornografía, los segmentos más conservadores de la población están dominados por mujeres. La competición intrasexual femenina es una herramienta mucho más efectiva que el “patriarcado” a la hora de explicar los ataques contra las libertades individuales relativas a la sexualidad. No es una coincidencia que las feministas se muestren tan ansiosas por disimularlo. A veces el feminismo es una guerra entre mujeres que quieren mostrar sus tetas y otras que harían lo que fuera para detenerlas.

Noticias: En la Argentina los colectivos feministas hacen cotidianamente un esfuerzo por visibilizar los crímenes sufridos por mujeres. Muchos señalan que no hacen el mismo esfuerzo cuando las víctimas son varones. ¿Sucede lo mismo en Francia?
Sastre: Lo mismo. Pienso que el feminismo punitivista se parece mucho a alguna especie de virus mental universal independiente de idiosincrasias culturales o nacionales. Aquí siempre oímos: “cada tres días, una mujer es asesinada por un hombre” y no “al mismo tiempo, tres hombres son asesinados por otros hombres”. Rechazan considerar el femicidio como un caso particular de una violencia letal que es un fenómeno predominantemente masculino, tanto del lado de las víctimas como del de los perpetradores. Esto no quiere decir que una víctima masculina sea más importante que una femenina, sino comprender que no podremos abordar nunca el problema si lo encaramos dentro del marco de una “guerra de sexos”.