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Ciencia / 23 de abril de 2019

Estudios antiage: por siempre jóvenes

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antiage
La búsqueda para disimular los rastros del paso del tiempo.

Si hay algo que abunda en el mercado es la promesa de que un suero, una crema, una solución, con apenas unas mínimas aplicaciones y algún masaje nocturno ocasional, devuelvan a la piel algo que inevitablemente pierde con los años: tersura, color, firmeza. En realidad es más un juramento que una realidad y por ahora no hay nada que realmente evite el efecto del paso de los años sobre la piel, excepto, en pequeña medida, el uso continuado de protectores solares.

El daño acumulado por la radiación ultravioleta, la polución ambiental, y el proceso mismo de envejecimiento van raleando y debilitando al conjunto de células madre involucradas con la renovación de la piel y no hay manera de detener este proceso.

Sin embargo, una investigación hecha en la Universidad de Medicina y Odontología de Tokio, en Japón, describe cómo se produce la pérdida de células madre (o stem cells) e incluso identifica dos sustancias químicas que pueden prevenirla. Dirigido por la especialista en biología de stem cells Emi Nishimura, el estudio asegura que el envejecimiento y la exposición a los rayos UV agotan las células madre de una proteína crucial del colágeno, sustancia clave para mantener a la piel fuerte y elástica. Las células madre se van debilitando y dejan de dividirse como deberían hacerlo hasta que se convierten en células adultas de la piel. Con el tiempo, la cantidad de células madre dañadas son tantas que ya no hay suficiente cantidad de células sanas para reemplazarlas.

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Batalla bajo el sol. La piel está compuesta por una capa superior, que es la epidermis, y una inferior, la dermis. La epidermis (que es la que está a la vista) está formada por muchas capas de células, mientras que la dermis consiste en tejido conectivo, folículos pilosos, vasos sanguíneos y glándulas sudoríparas.

Normalmente, la capa superior de la epidermis se desprende y reemplaza de manera constante a partir de un grupo de células madre que cuelga de la capa inferior y que se autoabastece. Estas células madre tienen raíces que las anclan a un pedazo delgado de tejido llamado membrana basal que conecta la epidermis y la dermis. La atadura a la membrana basal es esencial para mantener la “rigidez” de una célula: su capacidad para replicarse y madurar en otro tipo de célula.

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La mayoría de las veces, las células madre de la epidermis se dividen horizontalmente, se clonan y se agregan a la reserva de renovación. A veces, sin embargo, se dividen verticalmente y la nueva célula comienza a madurar hasta convertirse en una célula de piel adulta, que va siendo empujada hacia arriba a través de las capas de la epidermis.

Este tipo de recambio celular, que reemplaza las células más viejas en la parte superior de la epidermis con células más jóvenes de la parte inferior, explica cómo la piel se mantiene joven y una herida cicatriza. Sin embargo, a medida que las personas envejecen, el grupo de células madre se agota y la rotación de las células disminuye, lo que va dejando como resultado una piel delgada y frágil.

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La pregunta que el estudio trata de abordar, es ¿por qué hay menos células? ¿Por qué perdemos stem cells a medida que envejecemos?. Y allí es cuando la investigación sugiere que las células madre que se dividen verticalmente lo hacen porque se dañan, tanto como resultado del envejecimiento y el proceso normal de renovación celular, como por la exposición a la luz UV u otros tipos de toxinas. Y no solo la nueva célula adulta la que comienza a viajar a través de la epidermis, sino que la célula madre original también es empujada fuera de la capa basal y obligada a madurar. Esto se debe a que las raíces de las células madre dañadas se debilitan, razón por la cual ya no pueden agarrarse a la membrana basal.

Para los investigadores, esto sucede en medio de algo que podría describirse como una lucha: las células madre sanas que rodean a la célula madre ya débil y envejecida se unen y la obligan a salir del territorio.

La hipótesis es que esto se debe a un mecanismo de control de calidad por el cual una célula madre de la piel que se daña es eliminada de piel“, resume James DeGregori, profesor de bioquímica en la Universidad de Colorado (Estados Unidos), que escribió un comentario acerca del paper, publicados ambos en la revista científica Nature.

“Podríamos casi imaginar que todas esas células madre están peleando por ocupar un lugar y estar bien posicionadas, algo que logran si están bien agarradas a la membrana basal”. Algo así como una lucha por la subsistencia, pero a nivel molecular.

Al principio la competencia es beneficiosa porque libera a la piel de células que funcionan mal o incluso de mutaciones que causan cáncer. Sin embargo hay un momento en el que son muchas las células madre dañadas y entonces empiezan a superar a las sanas. Cuando esto sucede, la piel ya no puede renovarse de manera efectiva o responder a una lesión. “La competencia de las células madre entre las que están en la epidermis y las que están en el sustrato mantiene la juventud de la piel, pero a medida que esa competencia va disminuyendo por la extinción de células madre, el envejecimiento de la piel avanza”, explica Nishimura.

¿Futuros tratamientos? De acuerdo con los hallazgos de los expertos japoneses, la pieza clave en este proceso es el colágeno 17, un tipo específico de proteína de colágeno que es fundamental para enraizar la célula madre en la membrana basal. A medida que las células madre se dañan, pierden grandes cantidades de colágeno 17. Mientras más proteína pierden, más débil es su agarre a la membrana basal, hasta que finalmente las células sanas vecinas las expulsan.

Lo positivo es que el paper no solamente describe esta lucha por la supervivencia que se da dentro de la piel, sino que propone un camino para aumentar o preservar los niveles de colágeno 17 en las células madre, evitando este proceso de envejecimiento de la piel. Nishimura demostró que dos productos químicos experimentales, a los que denomina Y27632 y apocinina, y que se aplican como un tópico, son capaces de aumentar los niveles de colágeno en las células e incluso de promover la cicatrización de heridas.

Una crema rejuvenecedora, esta vez respaldada por evidencia científica, podría ver la luz, aunque para eso aún hay mucho camino, traducido en testeos de laboratorio y pruebas clínicas, por recorrer.