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Sociedad / 6 de junio de 2019

El nuevo Santiago Del Moro: rating lágrima

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Del Moro. Muestra su perfil más sensible y genera empatía con el público.

Santiago del Moro fija su mirada en los ojos de una participante y la escucha. Ella, sin dejar de llorar, cuenta su historia: es madre soltera de tres hijos, sostén de familia y vende pastafrolas para sobrevivir. Está en el programa para poder darles de comer. Su sueño es llenar la heladera. “Sos una luchadora de la vida”, le dice el conductor que, para ese punto del relato, ya se había quebrado. La emoción es un factor clave del éxito de “¿Quién quiere ser millonario?” (Telefe) y los números lo prueban. La historia de Lis Caldas, esa mujer que se presentaba ante miles de televidentes para tener comida en la heladera, fue uno de los primeros picos de rating que tuvo el reality, 16 emisiones después de su comienzo. Desde entonces, se fueron sumando personajes que apelaban a la conmoción y promediaron entre 12 y 13 puntos, llegando a máximos de 14 con las historias más duras.

“Es un muy buen producto precisamente por el manejo de la emoción en un contexto que privilegia el tratar de salir airoso frente a determinadas crisis, problemas personales y económicos en los cuales todos nos sentimos identificados. Se activa una empatía comunicativa fundamentada en la solidaridad, el reconocimiento del dolor ajeno que siempre se compara con la pena propia”, explica Natalio Stecconi, analista de medios y opinión pública.

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Crisis. Casi todos los relatos tienen un punto en común: los problemas se profundizan por el contexto económico del país. Mario Rodolfo Frati Saavedra, más conocido como Fito, un fotógrafo que tuvo épocas de lujo pero vive en la calle desde hace seis años, dio que hablar. “A veces sueño con el sonido del mar, como en la casa donde yo vivía en Uruguay. Después me doy cuenta de que estoy durmiendo al lado de Panamericana y digo: hay que acomodarse”, contó a Del Moro. Unos días después se presentó Constanza Dolores, una mujer trans que tuvo que reprimirse durante 40 años y recién cuando murió su madre pudo asumirse como tal. Pero fuera del seno familiar siguieron las complicaciones y no puede conseguir trabajo por la discriminación: “No importa el currículum que tenga. Te miran de pies a cabeza y, cuando te diste vuelta, lo tiraron a la basura”, explicó.

Santiago Del Moro

El programa siguiente causó un gran revuelo en las redes y hasta tuvo repercusión en el Gobierno. Marina Simian, una bióloga del CONICET, fue a jugar para conseguir insumos para investigar la cura del cáncer dado que el organismo no recibe subsidios. Semanas más tarde, participó Federico Langone, un bombero voluntario que quería el premio para ayudar a solventar los gastos del cuartel en el que trabaja.

“Hay dos factores clave. Primero, el aspecto monetario. Los premios son muy importantes. Por otra parte, el manejo de la sensibilidad a flor de piel que tenemos todos en contextos de crisis. No son programas en donde se premie lo aleatorio, el azar. Hay una idea de esfuerzo: la persona que va avanzando en ese programa, dentro de un contexto crítico, va saliendo airosa precisamente por algún tipo de mérito. Como todo contexto crítico lo supone, tenemos que salir haciendo propios méritos”, analiza Stecconi.

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La fórmula. La nueva faceta de Santiago Del Moro, alejado de los escándalos de “Intratables” y mostrando un perfil más sensible y afectuoso, es fundamental para generar empatía con el público. Aprovecha los relatos de los participantes para hacer una serie de preguntas y reflexiones, y levantarles el ánimo. Sus palabras son esenciales para generar identificación y a ellas se suman otros recursos clásicos de los programas de entretenimiento que anclan la emoción. La música melancólica o de tensión, según la situación; el momento casi eterno entre la respuesta del participante y la solución; la presencia del público que muchas veces cuenta con familiares o amigos que condimentan las historias.

Todo está cuidadosamente trabajado desde el casting. La producción, además de las preguntas de conocimiento y cultura, investiga cada caso y busca historias que dejen enseñanzas. El objetivo: encontrar gente común que tiene algo para contar, y que genera empatía. “Se habla de kitsch, que es cuando un determinado tipo de mensaje no te deja lugar a que lo puedas interpretar ambiguamente. A todo aquello que va sucediendo se le busca la vuelta para que sea interpretado emotivamente”, explica Stecconi.

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Compasión. Gajes de la época, en la era de la posverdad, la comunicación está atravesada por la sensibilidad. Desde los políticos, que apelan a la emotividad y al contacto en sus discursos, hasta las redes sociales, en donde la primera persona y las anécdotas o fracasos íntimos generan más engagement que cualquier otra cosa; pasando por la publicidad y los libros de autoayuda, siempre dentro de los best seller. En ese sentido, “¿Quién quiere ser millonario?” está a la orden del día. El lunes pasado presentaron a una mujer cuya historia de vida prometía ser superadora y dio sus frutos: alcanzó los 14.1 puntos de rating, uno de los más altos desde que empezó. Esta vez lo económico no fue lo primordial.

Eliana Lucía Manzo, una bailarina no vidente cuyo sueño era ser actriz, contó todos los obstáculos que tuvo que atravesar para poder cumplirlo. Después de haber estado internada tres veces, y con un diagnóstico de una enfermedad neurológica que no está especificada, decidió luchar para conseguir sus objetivos. Aunque iba a castings, la discriminaban por no poder ver. Pero logró reinventarse y, gracias a la ayuda del actor fallecido Lito Cruz, encauzó su camino profesional participando en la obra “La Otra”. Atento, el conductor aprovechó su discurso para dejar una reflexión a los espectadores: “Te escucho hablar y sos positiva, brillante, tenés una energía hermosa. Sos un canto de esperanza”, acotó.

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Mirando siempre a cámara, y en busca de la complicidad, Del Moro entendió a la perfección la táctica para traspasar la pantalla. “Este programa tiene mucho que ver con lo que soy yo en la vida: soy cero prejuicioso. Me gusta cuando a la gente le va bien, empatizo rápido y no soy rebuscado. Por eso este formato me ayuda. La gente se emociona mucho por el clima que se da. Cuando empieza a ganar dinero, empieza a pensar el recorrido de su vida, quién les pudo dar una mano. Por eso toca las fibras de la emotividad, pero se dio orgánicamente”, concluye Del Moro a NOTICIAS.