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Noticias Uruguay / 6 de junio de 2019

Otra vez Venezuela

La realidad de lo que sucede en la República Bolivariana de Venezuela requiere una respuesta unánime de América Latina.

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INCERTIDUMBRE. La situación de Venezuela sigue estando en medio del debate internacional mientras continúan violándose abiertamente los derechos humanos.

En esta columna de comentarios sobre los acontecimientos mundiales y su repercusión o relación con nuestro país, ya he tratado el tema de la República de Venezuela y el lector sabrá disculparme por mi insistencia, pero considero que lo que sucede en ese país de nuestra América, nunca debería haber llegado a la situación actual.

Nadie puede desconocer que cada pueblo, en el sentido amplio de la palabra y del concepto, tiene el derecho y el deber de elegir su sistema político, ya que no hay ninguna disposición a nivel internacional que determine o establezca cuál es la forma de gobierno que debe regir en los países.

Vale decir, si bien la democracia como tal, surge en la concepción occidental como el sistema político que otorga mayor representatividad y participación de los intereses de la población de un país, no menos cierto, es que en otras latitudes existen otros regímenes que son pacíficamente adoptados y que en sustancia no responden a las características de las democracias tradicionales.

Hechas estas precisiones, desde nuestro punto de vista, el eje de la cuestión no pasa por el sistema político en sí mismo, ya que la interpretación de la Constitución Bolivariana no resuelve el verdadero problema que aqueja a los venezolanos y que la colectividad mundial y, con vergüenza, la latinoamericana, no tiene presente; esto es, los derechos humanos de primera, segunda, y siguientes generaciones de su pueblo.

Venezuela es un país en crisis económica, social, cultural y política, donde se desarrolla una farsa de democracia, y con una población que se manifiesta pública y abiertamente en las calles. Mientras que el gobierno cívico militar, (que de cívico le queda muy poco y que nos trae tristes recuerdos a los uruguayos), se mantiene en base a una feroz represión, todo lo cual genera una importantísima corriente migratoria.

Pues bien, parece que son los Estados Unidos y Rusia con sus aliados coyunturales, China, Turquía, Cuba, Irán y Corea del Norte, los que van a resolver este problema en base a sus intereses económicos. Mientras que el resto de América nada ha podido lograr, ni desde los organismos internacionales institucionalizados (OEA, UNASUR, CELAC, etc.) ni en los grupos ad hoc (Grupo de Lima, Grupo de Montevideo, etc.). Y los derechos humanos de los venezolanos, que deberían ser el centro y el eje de la cuestión, además de un sistema político prostituido, no son suficientes para lograr una solución pacífica desde nuestro continente.

Se trata, por una parte, de un país con un presidente rodeado de militares que usan la fuerza para reprimir a los manifestantes, que fue reelegido en comicios cuestionados, y que al no lograr mayoría en la Asamblea Nacional no tuvo mejor idea que anular de hecho el órgano legislativo; un país con severas restricciones a los medios de comunicación, con presos políticos y con un Poder Judicial obsecuente. Y donde, por otro lado, hay un presidente designado por la Asamblea Nacional ignorada, que desde hace meses ha intentado en un largo proceso que no ha podido concretar, el retiro de Maduro de la Presidencia y el llamado a elecciones libres. No parece ser el mejor escenario para un país devastado.

La respuesta de América Latina, pese al compromiso que tiene con la situación de Venezuela, no ha sido ni eficiente ni eficaz desde la institucionalidad orgánica y la negociación. Esto demuestra una lamentable “devaluación institucional” en la solución de sus conflictos, ya sea por cuestiones ideológicas de algunos países, o por compromisos asumidos por otros, que impidieron la necesaria unanimidad en la defensa de los derechos humanos de los venezolanos.

En ese sentido, la histórica consideración de nuestro país a nivel internacional y regional, le hubiera permitido participar activamente en la solución del conflicto desde sus inicios, pero los compromisos ideológicos y comerciales, lo han situado en una posición difícil de admitir y comprender.

*ABOGADO. Director de la Maestría en Integración y Comercio Internacional de la Universidad de Montevideo. Profesor titular de la Cátedra de Derecho de la Integración de la Universidad de Montevideo.