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Sociedad / 11 de junio de 2019

Pediatra del Garrahan: las dos caras del doctor Ricardo Russo

NOTICIAS reconstruyó su doble vida: se mostraba como un ciudadano modelo, pero fue acusado de pedofilia. El prestigio como fachada perfecta.

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Ricardo Russo (55) tenía la vida que muchos anhelan tener. Profesional exitoso, eminencia en su especialidad, una familia constituida, un pasar ecónomico más que holgado, viajes alrededor del mundo y hasta tiempo de despuntar su hobby musical con su propia banda familiar. Sin embargo, detrás de esa fachada ideal se escondía la aberración. El pasado 28 de mayo fue detenido en el marco de la investigación “Luz de infancia III” acusado de tenencia, distribución y producción de pornografía infantil con víctimas de entre 6 meses y 14 años. El oscuro secreto del hasta entonces jefe del Servicio de Reumatología e Inmunología del Hospital Garrahan se hizo público y todo cambió.

El médico fue detenido en el mismo estacionamiento del centro de salud y desde ese momento todo lo que había construido se desmoronó. Él se mostró tranquilo mientras los efectivos de la Policía de la Ciudad lo esposaban. Sin embargo, la reacción no fue igual para quienes lo conocían. Sus allegados y colegas no podían creer los cargos que se le imputaban y, a medida que la noticia trascendía, nadie salía de su asombro. El doctor con una aparente vida perfecta acusado de uno de los delitos más aberrantes. Esta doble cara no es azarosa ya que los especialistas aseguran que, generalmente, estos delincuentes se esconden detrás de una fachada de ciudadano modelo. De hecho, según la declaración de la psiquiatra infantil e integrante del cuerpo médico forense por más de 26 años, Virginia Berlinerblau, “el típico imputado es un adulto varón, heterosexual, con hijos, familia, adaptado socialmente. No son enfermos mentales, en el sentido de la alienación mental. Es decir, son imputables para la Justicia. Son personas comunes y corrientes, circulan disimuladas entre nosotros. Por eso es tan difícil detectarlos”.

NOTICIAS se contactó con allegados, colegas y vecinos de Russo para conocer cómo era el perfil psicológico del médico y entender esa doble faceta que lo volvía desconcertante.
Silencios. “No lo puedo creer. Estoy asombrado y disgustado. Incluso pienso que debería haber prestado atención para darme cuenta de lo que sucedía”, explica un colega de Russo que compartió con él muchos años en el Hospital de Niños “Sor María Ludovica” de La Plata. Al igual que todas las personas consultadas, este profesional pidió que no se mencionara su nombre ya que no quería quedar vinculado a él. De un día para el otro, de ser un médico de referencia, Russo se convirtió en una palabra prohibida para quienes pertenecen a su círculo cercano.

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Algunos de los que compartieron con él largas jornadas dentro en los centros de salud explican que ahora, tras la revelación de su perversión, notaron algunos signos que deberían haber tomado como alarmas. “No sé explicarlo bien, pero alguna mirada o comentario que me sonó extraño en ese momento, lo recuerdo hoy y siento culpa por no haber actuado a tiempo. Podría haberle cambiado la vida a muchos niños”, señaló otro médico.
Pero la fachada construida por Russo le permitía actuar impunemente sin levantar la más mínima sospecha. En palabras de la especialista Berlinerblau: “No hay rasgos que los identifiquen. Puede ser el vecino de tu casa, lo saludás todos los días, y resulta que consume y produce pornografía infantil. La conducta social nada nos dice sobre la conducta sexual de una persona. Se tiende a hacer esa correlación: es un buen médico, entonces no puede ser un pedófilo. Son muy buenos ocultando y mostrando una fachada”.

Precisamente sus vecinos en el barrio de Belgrano lo describen como una persona sin niguna seña particular: “Se lo veía poco. Un tipo muy tranquilo, que nunca llamó la atención. Tenía poca relación con el barrio pero nunca nadie tuvo ningún problema con él, era muy reservado”, afirman antes de volver a aclarar que nunca se imaginaron que detrás de esa apariencia de vecino común se escondía un acusado de pedofilia.

Para el psiquiatra Enrique Stola, quien participó como perito del caso Grassi, este es un mecanismo que se reitera: “Generalmente producen un buen personaje acorde con la expectativa social. Yo creo que este caso, como el del anestesista de Mendoza por ejemplo, deja en claro que los hombres abusadores sexuales, pedófilos, así como los maltratadores, están en todas las clases sociales y con cualquier nivel de instrucción. No es un problema de las clases sociales de menor ingreso, como suelen querer imponer ciertos prejuicios. Sino que acá aparecen estos varones muy formados académicamente, respetados internacionalmente, blancos. Esto abunda. Así como ahora se encontraron médicos estamos seguros de que hay jueces, abogados, empresarios. Están en todas las clases sociales y en todas las condiciones”.

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Insospechado. Así, como si se tratara de la novela “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde”, en Russo convivían dos identidades totalmente diferentes: una pública y otra privada. Sus colegas así lo sienten. “Era uno de los mejores pediatras que conocí. Brillante, capaz, estudioso y muy comprometido con su profesión. Era un referente para muchos médicos. Nunca me hubiera imaginado esto”, apunta un médico que compartió mucho tiempo con él.

Incluso sus pacientes lo recuerdan como un profesional muy serio y con un trato muy humano. “Yo no viví ninguna situación extraña con él, al contrario, siempre tuvo un muy buen trato conmigo. Era muy amable y pedagógico y si tenía que pasarse media hora atendiendo a un paciente, no tenía problema”, recuerda una paciente. Otro joven, ya mayor de edad, explicó que a él tampoco le tocó vivir ninguna experiencia extraña con Russo aunque afirma que quizá se debe a que siempre que acudió a consulta ingresó junto a su madre. “A mi me derivaron con él luego de pasar por varios médicos que no acertaban el diagnóstico. Era muy simpático y me acuerdo de que me hablaba mucho de Estudiantes (de La Plata) porque yo soy hincha y él también. Nunca me hubiera pensado esto que pasa ahora. Estoy sorprendido y agradecido de que a mí no me haya sucedido nada de lo que ahora se conoce”, detalla.

Es que durante años, Russo construyó una más que sólida carrera en la medicina que lo llevó a, no sólo convertirse en una eminencia sobre reumatología e inmunología pediátrica, sino que además hizo que firmara más de 150 papers detallando avances en tratamientos y diagnósticos. Hijo de un médico, Russo egresó en 1985 de la facultad de medicina de la Universidad Nacional de La Plata y al año siguiente ingresó al servicio de residencia del Hospital Sor María Ludovica de la misma ciudad. Tras concluir esa etapa de su estudio fue becado para continuar su formación en Dallas (EE.UU.) y Toronto (Canadá). De vuelta en el país ingresó al Garrahan en 1993 y, desde entonces, se convirtió en uno de los especialistas más reputados de la institución. Los investigadores aún no han podido determinar en qué punto de su vida Russo comenzó a integrar las redes de distribución, producción y reproducción de contenido de pornografía infantil. Sin embargo, sí pudieron hallar en su poder más de 800 fotos y 70 filmaciones de contenido sexual involucrando niños, algunas de ellas, producidas por él.

“Te diría que es de la última persona de la que me hubiera imaginado algo así. No sé qué le habrá pasado por la cabeza”, sostiene una antigua compañera de hospital. Sin embargo, de acuerdo con los especialistas, actitudes como la de Russo no son una enfermedad mental. “Ellos son muy conscientes de que los niños están siendo utilizados en función de su goce sexual y de su ejercicio del poder. Porque se sienten poderosos violando las normas y a la vez confraternizando y compartiendo sus acciones en fotos o videos”, detalla Stola.

Hoy, toda la fachada que Russo había construido se desmoronó. Detenido en el Penal de Ezeiza se le prohibió el acceso a su teléfono celular y computadora. Sólo ha sido visitado por su abogado y ya puso en marcha su defensa. Uno de sus argumentos principales es que las imágenes que fueron tomadas por él tenían fines médicos. Sin embargo, los investigadores confían en tener las pruebas suficientes para rebatir este argumento. Por el momento, las pericias y estudios forenses continúan para recabar todo el material probatorio necesario.

Russo está casado con una mujer finlandesa que trabajaba en una biblioteca especializada en reumatología en su país y, tras venir a la Argentina en 1994, ingresó a la biblioteca de un prestigioso colegio privado de Zona Norte. Pero hasta el momento el médico no recibió visitas de su esposa ni de sus dos hijos.

Sus redes sociales, aquellas en las que daba cuenta de sus viajes por el mundo y su alto nivel de vida y que le servían para sostener su pedofiliafachada, se llenaron de comentarios agresivos, amenazas e insultos. Desde el Ministerio Público Fiscal confirmaron a NOTICIAS que la pena que podría caberle es de hasta solo seis años de prisión. Sin embargo, la condena social parece que será aún mayor. Sus mentiras quedaron al descubierto y la reputación que supo construir, aniquilada. El médico consagrado se convirtió en un monstruo.