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Costumbres, Opinión / 27 de junio de 2019

Nuevo delito “progre”: apropiación cultural

La actriz Ángela Torres y la diseñadora Carolina Herrera fueron acusadas, en distintas partes del mundo, por esta “transgresión”. ¿Tiene sentido impedirle a un artista inspirarse en una tradición popular?

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apropiación cultural
La actriz posó en el interior de la habitación de un reconocido y lujoso hotel de la ciudad de San Carlos de Bariloche y mostró su nuevo peinado conformado por trenzas que abarcan toda su cabellera de color rosa.

Existe un nuevo delito en el universo de lo políticamente correcto: el de apropiación cultural. La mayoría nos enteramos esta semana de la existencia de esta nueva clase de transgresión, cuando la cantante y actriz Angela Torres mostró su nuevo look en las redes: unas trenzas cosidas en toda la cabeza y teñidas de color rosa. Los insultos contra Torres no se hicieron esperar, tampoco las recriminaciones por “apropiación cultural”.

Ángela pidió disculpas cuando se enteró de que ese peinado tenía una significación para la colectividad afroamericana: la de reproducir los caminos de la esclavitud.

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Pero no fue la única denuncia de este estilo por estos días. El gobierno mexicano acusó a la etiqueta de moda Carolina Herrera de reproducir en sus vestidos de la última colección -Resort 2020- diseños originarios de una comunidad indígena de México: la comunidad Otomí.

Diseño de la última colección de Carolina Herrera inspirado en la cultura otomí de México.

Según lo definen, delito de “apropiación cultural” consiste en reproducir en la cultura alta y en algunos casos, con un beneficio económico, motivos e imágenes surgidos de la cultura popular, que tienen un significado peculiar para una comunidad o grupo social.
El debate está instalado porque tanto la música como el diseño, las artes visuales como la literatura, se nutren desde siempre en las raíces populares. Melodías, narrativas orales, dibujos tan antiguos como los de las cuevas prehistóricas forman parte del imaginario colectivo, una fuente en la que se inspiran creadores de todas las culturas.

De seguir adelante con estas acusaciones, se acabarían las citas, los homenajes y las re-versiones de obras primitivas o de la tradición de un país o región.

¿Tiene Ángela Torres que deshacer sus rastras en señal de respeto? Por el trabajo que seguramente le costó hacerlas, esperamos que no.