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Opinión / 29 de junio de 2019

Un acuerdo con ganadores, perdedores y nuevos desafíos empresariales

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La concreción del acuerdo UE-Mercosur ha sido muy compleja y si bien aún resta conocer la letra chica del acuerdo para extraer conclusiones definitivas, es inevitable tratar de empezar a dar respuestas a las preguntas que hoy se está haciendo el mercado como quiénes ganan y quiénes pierden, a qué tipo de empresas beneficia y qué cambios deberán hacer para adaptarse y crecer.

Los sectores que más chances tienen de aprovechar el acuerdo son aquellos en los que Argentina se muestra competitivo actualmente. Así, en el corto plazo, las mayores oportunidades se le presentan al sector agroindustrial y pesca. Argentina tiene posibilidades de incrementar las ventas de productos agrícolas, productos de molienda y carne bovina. También se abre una importante oportunidad para diversas economías regionales, entre ellos frutas, miel, pesca y algunas variedades de vinos.

Entre los más desafiados se encuentran mayormente productos industriales. En particular, los relacionados a la metalmecánica, como ser la industria automotriz, los autopartistas, las empresas productoras de bienes de capital y productos metálicos.  Aunque en menor medida, también podrían enfrentar mayores presiones competitivas a mediano plazo, algunos productos químicos, tales como los medicamentos.

En el sector servicios, donde Argentina se destaca como exportador en muchos segmentos, entre ellos software y servicios profesionales, el acuerdo no implica una baja del arancel, pero el sector podría verse favorecido por una mayor interacción entre ambas economías, tanto en materia de comercio como de inversiones. Otro sector importante es biodiésel y en este punto no implica el levantamiento de la cuota establecida (dado que el mismo se dio en el marco de una investigación antidumping)  pero es dable pensar que con el correr del tiempo se logre un mejor acceso.

Pymes y grandes empresas. Un acuerdo de estas características tiene más chances de ser aprovechado por grandes empresas que por pymes. Para estas últimas, la integración con la UE puede significar un reto, dado que cuentan con menores recursos para insertarse en los mercados globales (la exportación implica enfrentar costos fijos y desafíos que van más allá de superar una barrera arancelaria) y hacer frente a la competencia.

Sin embargo, la buena noticia es que el acuerdo contempla mecanismos e instrumentos específicas para pymes, entre los cuales pueden mencionarse el financiamiento y la cooperación técnica. Además, puede haber un beneficio importante para pymes que no exporten de manera directa pero que vendan bienes y servicios a los exportadores, como lo hacen las empresas de agroalimentos.

Desafíos empresariales. Para aprovechar la oportunidad de este acuerdo será de suma importancia trabajar en el tema de normas de calidad, reglamentos técnicos, medidas sanitarias y fitosanitarias. El hecho de que la disminución de aranceles sea gradual y plantee un período de transición, ofrece una importante ventana de tiempo que será clave para que las empresas argentinas puedan prepararse y adaptarse a una mayor competencia externa.

Otra tendencia que seguramente refuerce este acuerdo es la de la especialización, no solo entre sectores sino también a nivel intra-sectorial. Por ejemplo, el sector automotriz probablemente consolide su especialización productiva. Lo mismo puede ocurrir en el sector químico e incluso en algunos segmentos de la industria de alimentos y bebidas como es el caso de los lácteos.

 

*Economista, consultora en Comercio exterior y Relaciones internacionales. Máster en Gestión de Política Económica del Centre d’Etudes et de Recherches sur le Développement International.